Prescripción contra los herejes · Capítulo 22
- 1Para atribuir a los apóstoles alguna señal de ignorancia, presentan el episodio en que Pedro y sus compañeros fueron reprendidos por Pablo. ‘Por tanto’, dicen, ‘les faltaba algo.’ Con ello procuran construir su otra tesis: que quizá un conocimiento más pleno les llegara posteriormente a los apóstoles, como le ocurrió a Pablo cuando reprendió a quienes lo precedieron. A los que rechazan los Hechos de los Apóstoles puedo decirles: ‘Primero debéis mostrarnos quién fue ese Pablo, quién era antes de convertirse en apóstol y cómo se convirtió en apóstol’, pues recurren ampliamente a él también en otras cuestiones.
- 2Es verdad que él mismo nos dice que fue perseguidor antes de convertirse en apóstol; sin embargo, esto no basta a quien examina antes de creer, pues ni siquiera el Señor dio testimonio de sí mismo. Que crean sin las Escrituras, si quieren creer contra ellas. Aun así, deberían mostrar, a partir de la reprensión de Pablo a Pedro, que Pablo añadió otra forma de evangelio a la que Pedro y los demás ya habían presentado. El hecho, sin embargo, es que, convertido de perseguidor en predicador, fue presentado por hermanos a hermanos como uno de ellos, precisamente por hombres que habían recibido la fe de manos de los apóstoles.
- 3Más tarde, como él mismo narra, ‘subió a Jerusalén para conocer a Pedro’, sin duda por razón de su misión y por derecho de una fe y predicación comunes. Ciertamente no se habrían sorprendido de que pasara de perseguidor a predicador si su predicación fuera contraria a la suya; tampoco habrían ‘glorificado al Señor’ si Pablo se presentara como adversario suyo. Por eso le dieron ‘la diestra de la comunión’ como señal de acuerdo y convinieron entre sí una distribución de tareas, no una diversidad de evangelios, para predicar cada uno, no un evangelio diferente, sino el mismo a personas distintas: Pedro a los circuncisos y Pablo a los gentiles.
- 4Por tanto, como Pedro fue reprendido porque, después de convivir con los gentiles, comenzó a apartarse de ellos por consideración a las personas, la falta concernía a la conducta, no a la predicación. Nada en este episodio indica que anunciara a otro Dios fuera del Creador, a otro Cristo fuera del hijo de María o a otra esperanza fuera de la resurrección.