Pistis Sofía · Capítulo 82
Aconteció entonces que, cuando Jesús hubo acabado de decir estas palabras, Felipe se adelantó y dijo: Señor mío, tu poder de luz profetizó en otro tiempo por medio de David en el Salmo ciento seis, diciendo:
2Dad gracias al Señor, porque es bueno; porque su misericordia es para siempre. Díganlo los redimidos del Señor, a quienes redimió de las manos de sus enemigos.
3Los reunió de sus tierras, del oriente y del occidente, del norte y del mar. Vaguearon por el desierto, por un camino sin agua; no hallaron el camino a la ciudad de su morada. Hambrientos y sedientos, desfalleció en ellos su alma.
4Los salvó de sus necesidades. Clamaron al Señor y él los escuchó en su aflicción. Los guio por un camino recto, para que fueran a la región de su morada.
5Den gracias al Señor por sus misericordias y sus obras maravillosas entre los hijos de los hombres. Porque sació al alma hambrienta y llenó de bienes al alma vacía.
6A los que estaban sentados en tinieblas y en sombra de muerte, atados en la miseria y con hierro.
7Aconteció entonces que, cuando el Primer Misterio hubo oído a Felipe decir estas palabras, dijo: Bien dicho, Felipe; muy bien, bienaventurado.
Palabras de este capítulo
Lo que estas palabras decían en el original — y dónde más aparecen.
- JésedחֶסֶדLa lealtad amorosa de quien no abandona; traducida como misericordia, benignidad o bondad.
- GraciaχάριςFavor dado a quien no hizo nada para merecerlo y no puede devolverlo.
- YeshuáיְשׁוּעָהSalvación como rescate concreto: ser sacado del aprieto, del enemigo, de la enfermedad.
- NéfeshנֶפֶשׁAlma en el sentido de garganta, aliento, vida entera, no de espíritu suelto del cuerpo.
Texto en inglés: Pistis Sophia (London: J. M. Watkins), G. R. S. Mead, 1921 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.
Fuente: Pistis Sophia (London: J. M. Watkins), G. R. S. Mead (1921) · dominio público