El Pastor de Hermas · Capítulo 4
- 1Después que ella habló estas palabras, los cielos se cerraron y yo quedé enteramente conmovido y triste.
- 2Decía entre mí: Si este pecado es asentado contra mí, ¿cómo podré ser salvo?
- 3Mientras consideraba estas cosas, vi delante de mí una gran silla blanca hecha de lana blanca como la nieve. Y vino una mujer anciana con vestiduras resplandecientes, teniendo un libro en la mano.
- 4Ella se sentó sola y me saludó: ¡Hermas, salve! Y yo dije, triste y llorando: ¡Señora, salve!