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Martirio de Policarpo · Capítulo 8

  1. 1Habiendo terminado su plegaria, tras hacer mención de todos cuantos alguna vez habían tratado con él, tanto pequeños como grandes, ilustres y humildes, y de toda la Iglesia católica por toda la redondez de la tierra, llegada la hora de marchar, le montaron sobre un asno y le condujeron a la ciudad, siendo día de gran sábado.
  2. 2Y le salieron al encuentro el capitán de la guardia Herodes y su padre Nicetes, los cuales le pasaron a su carruaje, y sentándose a su lado procuraban persuadirle diciendo: '¿Qué mal hay en decir: César es Señor, quemar incienso y hacer lo demás para salvar la vida?' Él al principio no les respondió; mas insistiendo ellos, dijo: 'No haré lo que me aconsejáis'.
  3. 3Ellos entonces, desesperando de convencerle, prorrumpieron en palabras ásperas y le empujaron con violencia fuera del carruaje, de suerte que al descender se desgarró la espinilla. Pero él, sin volverse siquiera, como si nada hubiese padecido, caminaba animosamente hacia el estadio, donde el estruendo era tan formidable que nadie podía hacerse oír.