Jubileos · Capítulo 42
- 1Y en el primer año de la tercera semana del cuadragésimo quinto jubileo comenzó a sobrevenir el hambre sobre la tierra, rehusando el cielo derramar lluvia de suerte que no cayó gota de agua sobre el suelo.
- 2Y quedó la tierra estéril y desolada; mas en la tierra de Egipto había pan, por cuanto José había almacenado el grano de la tierra durante los siete años de la abundancia conservándolo prevenido.
- 3Y acudieron los egipcios a José pidiéndole sustento; abrió entonces los graneros donde guardaba el trigo del primer año vendiéndoselo por oro; y apretaba el hambre en gran manera sobre la tierra de Canaán.
- 4Y oyó Jacob que había provisiones en Egipto, y envió a diez de sus hijos a comprar grano en Egipto sin permitir que Benjamín fuese con ellos; arribando los diez hijos de Jacob a Egipto entre los que venían a comprar.
- 5Y reconociólos José mas ellos no le conocieron; y hablóles con aspereza interrogándolos y diciéndoles: «Espías sois que habéis venido a reconocer los parajes desguarnecidos de la tierra». Y metiólos en la cárcel.
- 6Y después de esto los puso en libertad reteniendo a Simeón atado en tanto despedía a los nueve hermanos restantes.
- 7Y llenó sus sacos de trigo poniendo el oro de cada uno en su costal sin que ellos lo advirtiesen.
- 8Y mandóles que trajesen a su hermano menor, por cuanto le habían manifestado que su padre vivía y que tenían un hermano más pequeño.
- 9Y subieron de la tierra de Egipto llegando a la tierra de Canaán, refiriendo a su padre todo cuanto les había acaecido y cómo el señor de aquel país les había hablado duramente aprisionando a Simeón hasta que le llevasen a Benjamín.
- 10Y exclamó Jacob: «¡Sin hijos me habéis dejado! José no aparece, Simeón falta, ¿y queréis arrebatarme también a Benjamín? ¡Contra mí han venido todas estas tribulaciones!»
- 11Y dijo: «No descenderá mi hijo con vosotros para que no caiga enfermo; pues dos hijos dio a luz su madre: el uno pereció y a este solo me queréis arrebatar; si le sobreviniere algún quebranto en el camino haríais descender mis canas con dolor a la sepultura».
- 12Porque comprobó que el dinero de cada uno había sido restituido en su costal, temiendo en gran manera enviarlo.
- 13Y arreciaba el hambre haciéndose implacable en la tierra de Canaán y en todas las regiones circunvecinas salvo en Egipto, por cuanto muchos egipcios habían guardado grano desde que vieron a José allegar provisiones en los graneros para los años de escasez.
- 14Y sustentóse el pueblo de Egipto durante el primer año de la carestía.
- 15Mas viendo Israel que la penuria apretaba sin remedio alguno sobre la tierra, dijo a sus hijos: «Volved allá y compradnos algún sustento para que no muramos de hambre».
- 16Mas respondieron ellos: «No iremos a menos que nuestro hermano menor vaya con nosotros; de otra suerte no iremos».
- 17Y conoció Israel que de no enviarlo perecerían todos irremisiblemente por el hambre.
- 18Y dijo Rubén: «Ponlo en mi mano, y si no te lo devolviese quita la vida a mis dos hijos en lugar de la suya». Mas él le respondió: «No irá contigo».
- 19Llegóse entonces Judá diciendo: «Envíalo a mi cargo, y si no te lo devolviese sano y salvo lleve yo la culpa delante de ti por todos los días de mi vida».
- 20Y despidiólo con ellos en el segundo año de esta semana en el primer día del mes; y arribaron a la tierra de Egipto acompañados de cuantos con ellos iban llevando presentes de estoraque, almendras, nueces de encina y miel pura.
- 21Y presentáronse delante de José, el cual mirando a Benjamín su hermano lo reconoció diciendo: «¿Es este vuestro hermano menor?» Y respondieron: «Este es». Dijo entonces: «¡El Señor te sea propicio, hijo mío!»
- 22Y mandólos conducir a su casa soltándoles a Simeón y aderezando un banquete para ellos, entregándole los presentes que consigo traían.
- 23Y sentáronse a comer delante de él y distribuyóles porciones, mas la ración de Benjamín era siete veces mayor que la de cualquiera de ellos.
- 24Y comieron y bebieron levantándose luego para aparejar sus asnos.
- 25Y tramó José un artificio para escudriñar sus entrañas y conocer si reinaba benevolencia fraternal entre ellos, y dijo a su mayordomo: «Llena todos sus sacos de trigo y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal; y mi copa de plata en que suelo beber colócala en el saco del menor despidiéndolos luego».