José y Asenat · Capítulo 23
- 11. Y aconteció que cuando José y Aseneth estaban pasando, cuando iban a Jacob, el hijo primogénito de Faraón los vio desde el muro, y cuando vio a Aseneth, enloqueció por causa de ella debido a su hermosura incomparable.
- 22. Entonces el hijo de Faraón envió mensajeros y llamó a Simeón y a Leví; y cuando llegaron y estuvieron delante de él, el hijo primogénito de Faraón les dijo: "Yo, por mi parte, sé que hoy sois varones poderosos por encima de todos los hombres en la tierra, y con estas vuestras manos derechas la ciudad de los siquemitas fue derribada, y con vuestras dos espadas treinta mil guerreros fueron talados.
- 33. Y hoy os tomaré para mí como compañeros y os daré mucho oro y plata y siervos y siervas y casas y grandes heredades, y contenderéis a mi lado y me haréis bien; por cuanto he recibido gran desprecio de vuestro hermano José, ya que él mismo tomó a Aseneth por mujer, habiendo sido esta mujer prometida a mí desde la antigüedad.
- 44. Y ahora venid conmigo, y pelearé contra José para matarlo con mi espada, y tomaré a Aseneth por mujer, y vosotros seréis para mí como hermanos y amigos fieles. Mas si no diereis oídos a mis palabras, os mataré con mi espada." Y después de decir estas cosas, desenvainó la espada y se la mostró.
- 55. Y Simeón era hombre osado y arrojado, y pensó poner la mano derecha sobre el pomo de su espada y sacarla de la vaina y herir al hijo de Faraón por haberles hablado palabras duras. Leví empero vio el pensamiento de su corazón, porque era profeta, y pisó el pie derecho de Simeón y lo apretó, haciéndole señal para que cesara su ira.
- 66. Y Leví decía en voz baja a Simeón: "¿Por qué estás airado contra este hombre? Somos varones que adoramos a Dios y no nos conviene retribuir mal por mal." Entonces Leví dijo abiertamente al hijo de Faraón con mansedumbre de corazón: "¿Por qué habla nuestro señor estas palabras? Somos varones que adoran a Dios, y nuestro padre es amigo del Dios Altísimo, y nuestro hermano es como un hijo de Dios.
- 77. Y ahora oye mis palabras. No conviene al varón que adora a Dios herir a nadie en manera alguna; y si alguno quisiere dañar a un hombre que adora a Dios, ese hombre que adora a Dios no se venga de él, pues no hay espada en sus manos. Y guárdate de no hablar más estas palabras acerca de nuestro hermano José. Mas si perseverares en tu mal consejo, ¡he aquí! nuestras espadas están desenvainadas contra ti."
- 88. Entonces Simeón y Leví sacaron las espadas de sus vainas y dijeron: "¿Ves ahora estas espadas? Con estas dos espadas el Señor castigó el desprecio de los siquemitas, con el cual despreciaron a los hijos de Israel mediante nuestra hermana Dina, a quien Siquem, hijo de Hamor, contaminó." Y el hijo de Faraón, cuando vio las espadas desenvainadas, tuvo mucho miedo y tembló por todo su cuerpo, pues brillaban como una llama de fuego, y sus ojos se turbaron, y cayó sobre su rostro en tierra debajo de sus pies.
- 99. Entonces Leví extendió su mano derecha y lo sostuvo, diciendo: "Levántate y no temas, solamente guárdate de no hablar más ninguna palabra malvada respecto de nuestro hermano José." Y así Simeón y Leví salieron de delante de él.