LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

← José y Asenat

José y Asenat · Capítulo 14

  1. 11. Y cuando Aseneth hubo concluido su confesión ante el Señor, ¡he aquí que la estrella del alba se levantó en el cielo por el oriente! Y al contemplarla Aseneth se regocijó diciendo: ¿Habrá escuchado el Señor Dios mi plegaria? Pues este lucero matutino es nuncio y heraldo de la claridad del gran día.
  2. 22. ¡Y he aquí que junto a la estrella de la mañana los cielos se rasgaron y refulgió una luz grande e inefable! Y al contemplarla cayó Aseneth rostro en tierra sobre la ceniza; y en aquel instante descendió del cielo hasta ella un varón resplandeciente de luz, posándose por encima de su cabeza.
  3. 33. Y hallándose postrada rostro en tierra, el celestial ángel le habló diciendo: Aseneth, ponte en pie. Y ella respondió: ¿Quién es el que me llama? Pues la puerta de mi cámara se halla atrancada y la torre es de gran elevación; ¿cómo pues ha penetrado en mi aposento?
  4. 44. Y él la llamó de nuevo por segunda vez, diciendo: Aseneth, Aseneth. Y ella contestó: Heme aquí, señor; declárame quién eres tú. Respondió él: Yo soy el capitán general del Señor Dios y el príncipe de todas las huestes del Altísimo; levántate y ponte sobre tus pies para que te declare mis razones.
  5. 55. Alzó entonces su rostro y miró, y ¡he aquí un varón en todo semejante a José, con manto, diadema y cetro real!, con la salvedad de que su rostro refulgía como el relámpago, sus ojos como el resplandor del sol, los cabellos de su cabeza como llama de fuego encendida en antorcha viva, y sus manos y pies semejantes al hierro candente que sale de la fragua, despidiendo centellas de sus manos y de sus pies.
  6. 66. Y contemplando estas maravillas temió Aseneth y cayó de bruces en tierra sin aliento para permanecer en pie, llena de espanto y temblando en todos sus miembros. Y el varón celestial le dijo: Cobra ánimo, Aseneth, y no temas; levántate y ponte sobre tus pies, para que te comunique mis palabras.
  7. 77. Levantóse por tanto Aseneth y quedóse en pie; y el ángel le ordenó: Ve sin tardanza a tu segunda estancia y quítate la túnica negra con la cual estás cubierta, desata el cilicio de tus lomos, sacude la ceniza de tu cabeza, lava tu rostro y tus manos con agua limpia, viste un ropaje blanco e inmaculado y ciñe tus lomos con la faja refulgente de la virginidad, la doble faja; y regresa luego ante mí, y te declararé los mandamientos que te envía el Señor.
  8. 88. Apresuróse entonces Aseneth y entró en su segunda recámara donde reposaban los arcones de sus joyas, y abriendo el cofre tomó un manto blanco, sutil e intacto y vistiólo, habiéndose despojado previamente de la túnica luctuosa, desatando la soga y el saco de su cuerpo y ciñéndose con el doble y brillante cinto de su doncellez: una faja en derredor de los lomos y otra cruzada sobre el pecho. Sacudió asimismo la ceniza de sus cabellos, lavó sus manos y su rostro con agua pura, y tomando un velo bellísimo y delicado cubrió su cabeza.