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José y Asenat · Capítulo 10

  1. 11. Y habiendo salido José de la morada, partieron también Pentefres y toda su parentela hacia su heredad de campo; y quedóse Aseneth sola con las siete doncellas, desfallecida y derramando lágrimas hasta ponerse el sol; y no comió pan ni bebió agua alguna;
  2. 22. mas mientras todos descansaban entregados al sueño, sólo ella velaba despierta, llorando y golpeándose el pecho repetidas veces con sus manos. Y tras esto, levantóse Aseneth de su estrado y bajó en silencio las gradas del aposento alto, y al arribar al portal encontró a la portera dormida con sus pequeñuelos; y dándose prisa descolgó de la puerta la cubierta de cuero que servía de cortina y la llenó de ceniza, subiéndola a su estancia alta y volcándola sobre el suelo.
  3. 33. Y cerró luego la puerta con seguridad pasando el cerrojo lateral, y prorumpió en hondos quejidos con amargo y prolongado llanto. Mas la doncella a quien Aseneth amaba sobre todas sus compañeras, escuchando sus suspiros, acudió presurosa a la puerta habiendo despertado asimismo a las otras doncellas, y hallola atrancada; y oyendo los lamentos y sollozos de Aseneth, le habló desde fuera: ¿Qué acontece, señora mía, y por qué te acongojas de este modo?
  4. 44. Y Aseneth le respondió encerrada por dentro: Un agudo y vehemente dolor aflige mi cabeza, y permanezco postrada en mi cama, y no tengo fuerzas para levantarme y abriros, pues me siento lánguida en todos mis miembros. Id pues cada una a vuestra recámara y dormid en paz, dejándome estar en sosiego.
  5. 55. Y habiéndose retirado las doncellas cada cual a su aposento, levantóse Aseneth y abrió la puerta de su pieza sin hacer ruido, pasando a la segunda cámara donde guardaba los cofres de sus atavíos, y descerrajando su arca sacó una túnica negra y luctuosa con la cual se vistió e hizo duelo cuando feneció su hermano primogénito.
  6. 66. Habiendo tomado aquella túnica la llevó a su cámara, y atrancó de nuevo la puerta pasando el cerrojo. Despojóse entonces Aseneth de su ropaje real y vistió la túnica de luto; desató su faja de oro y ciñóse con una cuerda áspera; quitóse la tiara de su cabeza, juntamente con la diadema, arrojando al suelo todas las ajorcas de sus manos y los aros de sus pies.
  7. 77. Tomó luego su manto precioso, el ceñidor de oro, la mitra y la diadema, y los arrojó por la ventana que daba al septentrión para que los recogiesen los menesterosos. Y tomó asimismo a todos los dioses que guarnecían su cámara, los ídolos de oro y de plata sin número, y los quebrantó en pedazos tirándolos por la ventana a los pobres y mendigos.
  8. 88. Y de nuevo tomó Aseneth las viandas de su cena regia, los animales cebados, los peces, la carne de becerra y todos los sacrificios de sus ídolos, juntamente con las copas del vino de las libaciones, y arrojólo todo por la ventana que miraba al norte para manjar de los perros.
  9. 99. Y tras esto tomó la funda de cuero que contenía la ceniza y la derramó por el pavimento; tomó un sayal de cilicio y ciñó sus lomos; desató la red que recogía los cabellos de su cabeza y derramó ceniza sobre su cabeza.
  10. 1010. Y esparció ceniza asimismo por el suelo, y postróse sobre la ceniza dándose golpes de continuo en el pecho con las manos y llorando toda la noche entre gemidos hasta la aurora. Y cuando Aseneth se levantó por la mañana, vio que la ceniza derramada debajo de ella se había convertido en lodo por causa de sus copiosas lágrimas, y cayó de nuevo rostro en tierra sobre la ceniza hasta que se puso el sol. Así perseveró Aseneth por siete días seguidos, sin probar manjar alguno.