Fragmento muratoriano · Capítulo 3
- 1En cuanto a las epístolas de Pablo, nuevamente, a los que quieran comprender el asunto, ellas indican por sí mismas lo que son, y desde qué lugar o con qué propósito fueron enviadas.
- 2Escribió en primer lugar, y muy extensamente, a los Corintios, para atajar el cisma de la herejía; luego a los Gálatas, para prohibir la circuncisión; y después a los Romanos, acerca de la regla de las Escrituras del Antiguo Testamento, y mostrándoles además que Cristo es el principal asunto en ellas; lo cual es menester que tratemos por separado.
- 3Por cuanto el bienaventurado apóstol Pablo, siguiendo la regla de su predecesor Juan, escribe nominativamente a no más de siete iglesias, en este orden: la primera a los Corintios, la segunda a los Efesios, la tercera a los Filipenses, la cuarta a los Colosenses, la quinta a los Gálatas, la sexta a los Tesalonicenses, la séptima a los Romanos.
- 4Empero, aunque escribe dos veces a los Corintios y a los Tesalonicenses para su corrección, se muestra no obstante —es decir, mediante este escrito septenario— que hay una sola Iglesia extendida por todo el mundo; y Juan también, en efecto, en el Apocalipsis, aunque escribe a sólo siete iglesias, no obstante se dirige a todas.
- 5Escribió, fuera de estas, una a Filemón, una a Tito y dos a Timoteo, en simple afecto y amor personal por cierto; pero aun estas son tenidas por santas en la estima de la Iglesia Católica y en la regulación de la disciplina eclesiástica.
- 6Circulan también una a los Laodicenses y otra a los Alejandrinos, falsificadas bajo el nombre de Pablo para favorecer la herejía de Marción; y hay además varias otras que no pueden ser recibidas en la Iglesia Católica, porque no conviene mezclar la hiel con la miel.