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Epístola de los Apóstoles · Capítulo 39

  1. 1Y dijímosle: Señor, ¿es este tu propósito al dejarnos, que esto venga sobre ellos? Él respondió y díjonos: ¿De qué manera será el juicio? ¿Justo o injusto?
  2. 2Dijímosle: Señor, en aquel día ¿te dirán por ventura: No distinguiste entre la justicia y la injusticia, entre la luz y las tinieblas, y entre el mal y el bien? Entonces dijo él: Responderéles y diré: A Adán le fue dado poder para escoger una de las dos cosas: él escogió la luz y puso su mano sobre ella, mas las tinieblas dejó tras sí y las echó de sí. Por tanto todos los hombres tienen poder para creer en la luz que es vida, y que es el Padre que me ha enviado. Y todo aquel que cree y hace las obras de la luz vivirá en ellas; mas si hubiere alguno que confiesa que pertenece a la luz, y hace las obras de las tinieblas, el tal no tiene defensa que alegar, ni puede alzar su rostro para mirar al Hijo de Dios, el cual Hijo soy yo. Porque le diré: Como buscaste, así hallaste, y como pediste, así recibiste. ¿Por qué razón, pues, me condenas, oh hombre? ¿Por qué te apartaste de mí y me negaste? ¿Y por qué me confesaste y con todo me negaste? ¿No tiene todo hombre poder para vivir y para morir? El que, pues, hubiere guardado mis mandamientos será hijo de la luz, esto es, del Padre que está en mí. Mas por causa de los que corrompen mis palabras he descendido del cielo. Yo soy la palabra: me hice carne, y me fatigué y enseñé, diciendo: Los cargados serán salvos, y los que se descarriaron se descarriarán para siempre. Ellos serán castigados y atormentados en su carne y en su alma.