Epístola a Diogneto · Capítulo 5
- 11. Capítulo 5 — Las costumbres de los cristianos.
- 22. Porque los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su patria, ni por su lengua, ni por las costumbres que observan.
- 33. Pues no habitan en ciudades propias, ni usan de un lenguaje peculiar, ni llevan una vida marcada por singularidad alguna.
- 44. Su doctrina no ha sido hallada por invención ni reflexión de hombres solícitos; ni ellos, como algunos, defienden doctrina meramente humana.
- 55. Mas habitando en ciudades griegas o bárbaras, según cupo en suerte a cada uno, y acomodándose a las costumbres de los naturales en el vestido, en la comida y en todo el régimen ordinario de la vida, dan muestra de una conducta admirable y verdaderamente admirable a los ojos de todos.
- 66. Viven en sus propias patrias, pero como forasteros y peregrinos.
- 77. Como ciudadanos participan en todas las cosas, y sin embargo todo lo sufren como extranjeros.
- 88. Toda tierra extraña es para ellos como su propia patria, y toda tierra en que nacieron como una tierra extraña.
- 99. Se casan como todos los demás; engendran hijos; mas no abandonan a sus recién nacidos.
- 1010. Tienen mesa común, pero no lecho común.
- 1111. Están en la carne, pero no viven según la carne.
- 1212. Pasan sus días en la tierra, pero son ciudadanos del cielo.
- 1313. Obedecen a las leyes establecidas, y al mismo tiempo sobrepasan las leyes con sus propias vidas.
- 1414. Aman a todos los hombres, y por todos son perseguidos.
- 1515. Son desconocidos, y son condenados; se les da muerte, y son restituidos a la vida.
- 1616. Son pobres, pero enriquecen a muchos; de todo carecen, y sin embargo abundan en todo; son deshonrados, y en la misma deshonra son glorificados.
- 1717. Se les difama, y son justificados; son maldecidos, y bendicen; son afrentados, y tributan honra; hacen el bien, y son castigados como malhechores.
- 1818. Siendo castigados, se gozan como si recibiesen la vida; son combatidos por los judíos como extranjeros y perseguidos por los griegos; y sin embargo, los que los aborrecen no pueden dar razón de su odio.