Epístola a Diogneto · Capítulo 4
- 11. Capítulo 4 — Las demás observancias de los judíos.
- 22. Mas acerca de sus escrúpulos tocante a los alimentos, y su superstición respecto a los sábados, y su jactancia acerca de la circuncisión, y sus vanas fantasías sobre los ayunos y los novilunios, que son en extremo ridículas e indignas de consideración, no creo que necesites aprender nada de mí.
- 33. Pues aceptar algunas de aquellas cosas creadas por Dios para el uso de los hombres como santamente hechas, y desechar otras como inútiles y superfluas, ¿cómo puede ser lícito? Y calumniar a Dios, como si Él nos prohibiese hacer el bien en día de reposo, ¿cómo no es cosa impía? Y gloriarse en la circuncisión de la carne como testimonio de elección, como si por ello fuesen singularmente amados de Dios, ¿cómo no ha de ser digno de burla? Y en cuanto a la observación de meses y de días, como si estuviesen pendientes de los astros y de la luna, y distribuyendo según su antojo los ordenamientos de Dios y los cambios de las estaciones, unos para festividades y otros para duelo, ¿quién tendrá esto por adoración divina y no más bien por muestra de insensatez? Pienso, por tanto, que estás suficientemente persuadido de que con justa razón los cristianos se abstienen de la común vanidad y extravío de judíos y gentiles, y del espíritu quisquilloso y vanagloria de los judíos; mas en cuanto al misterio de su propia religión, no pretendas aprenderlo de hombre mortal alguno.