Didaché · Capítulo 3
- 11. Hijo mío, huye de todo mal y de todo lo que a él se parezca.
- 22. No seas propenso a la ira, porque la ira conduce al homicidio. No seas celoso, ni pendenciero, ni iracundo, porque de todas estas cosas se engendran homicidios.
- 33. Hijo mío, no seas lujurioso, porque la lujuria conduce a la fornicación. No seas desvergonzado al hablar, ni altivo de ojos, porque de todas estas cosas se engendran adulterios.
- 44. Hijo mío, no seas agorero, porque esto conduce a la idolatría. No seas encantador, ni astrólogo, ni mago, ni consientas en ver estas cosas, porque de todo ello se engendra la idolatría.
- 55. Hijo mío, no seas mentiroso, porque la mentira conduce al robo. No seas codicioso del dinero, ni vanaglorioso, porque de todo esto se engendran hurtos.
- 66. Hijo mío, no seas murmurador, porque esto conduce a la blasfemia. No seas obstinado ni malintencionado, porque de todo esto se engendran blasfemias.
- 77. Antes bien, sé manso, porque los mansos heredarán la tierra. Sé sufrido, y compasivo, y sin malicia, y pacífico, y bueno.
- 88. Teme siempre ante las palabras que oíste. No te ensalzarás a ti mismo, ni darás desmedida osadía a tu alma.
- 99. No se allegará tu alma a los soberbios, sino que con los justos y los humildes conversará. Acepta los acontecimientos que te sobrevengan como bienes, sabiendo que nada acontece sin Dios.