Hechos de Jantipa y Políxena · Capítulo 35
- 1El prefecto llevó a Políxena a la ciudad donde residía y ordenó encerrarla en una alcoba.
- 2Uno de los soldados apresó a Rebeca, pero la doncella escapó a escondidas y huyó a casa de una anciana, que la acogió amablemente y la trató bien.
- 3Sentada, lloraba diciendo: ¡Ay, hermana mía Políxena! Yo, desdichada, no pensaba que nadie estuviera tan oprimida como yo, pero ahora estoy convencida y sé que todas mis desgracias y tribulaciones no se comparan con uno solo de tus días.
- 4Y lo más doloroso de todo: he aquí que me han separado de ti y de nuevo soy cautiva; pero búscame incluso en el otro mundo, hermana mía Políxena.
- 5Díjole la piadosa anciana: ¿Por qué lloras tan amargamente, hija mía?
- 6Dijo Rebeca: Deja derramar mi quebranto, madre, por la herida que desgarra mi pecho.
- 7La anciana, compadeciéndose mucho de ella, lloró abundantemente, pues la doncella le había contado todo lo que le había sucedido y cómo, por medio de Políxena, había creído en Cristo.
- 8Así también Políxena, encerrada en la alcoba, dijo: ¡Ay de mí, desdichada! ¡Ay de mí, miserable! Ahora sé claramente cuánto odia el diablo la virginidad; pero, oh Señor Jesucristo, Dios de todos, como no me atrevo a suplicarte por mí misma, te traigo las oraciones de tu santo predicador Pablo, para que no permitas que nadie destruya mi virginidad.