Hechos de Jantipa y Políxena · Capítulo 25
- 1Pero el Dios amoroso, cuidando de Políxena, hizo que la nave llegara a Grecia, donde se hallaba el bienaventurado Felipe, que había bajado a la costa a causa de una visión, acompañado de grandes multitudes de quienes recibían su enseñanza.
- 2Divisaron la barca que traía a Políxena deshecha por el oleaje.
- 3Dijo San Felipe: He aquí la nave por la que bajamos a la marina, donde gime un alma atribulada.
- 4Cuando llegó la nave y todos desembarcaron en tierra firme, yacían como medio muertos, pues habían sido muy sacudidos por el mar.
- 5Pero el apóstol Felipe ordenó que levantaran a Políxena y la llevaran al lugar donde se alojaba, y que atendieran también a los demás.
- 6Pero el que se había llevado a Políxena, recuperado del trastorno causado por el mar, deseaba tomarla de nuevo, pues Felipe, después de confiar a Políxena a uno de sus discípulos, había proseguido alegremente su camino.
- 7Respondió el custodio: Un varón de Dios me la encomendó y no te la entregaré jamás.
- 8Él, sin hacerle caso y encontrando allí a un pariente noble suyo, se preparó para la guerra y reunió ocho mil hombres.
- 9Sabiéndolo Políxena huyó en el silencio de la noche; y diciendo su guardián: 'Tomando el manto de Felipe saldré a su encuentro', avisáronle que la joven no parecía.
- 10Entonces, abandonando todo pensamiento de guerra, corrió a la alcoba y, al no encontrar a la doncella, se arrojó al suelo diciendo: ¡Ay de mí, desdichado, que me he convertido en enemigo de Felipe!
- 11¿Qué responderé cuando me demande a la doncella?
- 12Dijéronle sus siervos: Álzate, señor, que el enemigo nos cerca y la doncella no está.
- 13Respondió él: Dejadme morir aquí por su causa.
- 14Tal vez, incluso con esto, Felipe, el siervo de Cristo, quede plenamente satisfecho, pues se me hallará despreciando su mandato.
- 15Entonces los siervos, viendo que él no les hacía caso, deliberaron huir de los enemigos; pero al poco tiempo, movidos de nuevo por la presciencia de Dios, dijeron: No es justo que nuestro amo muera.
- 16Venid, salgamos a su encuentro levantando la señal de la cruz.
- 17Alzaron el glorioso leño treinta siervos y arremetiendo contra el ejército enemigo pasaron a cuchillo a cinco mil y desbarataron al resto.
- 18Y regresaron victoriosos junto a su amo, alabando a Dios y diciendo: ¿Qué Dios es tan grande como nuestro Dios, que no ha permitido que los malvados maten a su siervo?
- 19Y, al encontrar a su amo todavía llorando, le dijeron: Levántate, señor, y no llores, pues conviene que sea como el Señor quiere, y no como nosotros queremos.