Hechos de Jantipa y Políxena · Capítulo 15
- 1Mientras aún hablaba así, apareció una cruz en la pared oriental, y enseguida entró por ella un hermoso joven, rodeado de rayos temblorosos y con una luz extendida bajo sus pies, sobre la cual caminaba.
- 2Al pisar el aposento, los cimientos de la casa conmoviéronse con pavoroso temblor.
- 3Jantipa, al verlo, gritó y cayó al suelo como muerta; pero él, compasivo y bondadoso, tomó inmediatamente la forma de Pablo, la levantó y dijo: Levántate, Jantipa, y no temas, pues así son glorificados los siervos de Dios.
- 4Incorporóse Jantipa y creyendo que fuese el apóstol dijo: ¿Cómo has entrado aquí, pregonero de Dios, habiendo yo dado quinientos áureos al portero, y eso siendo esclavo mío, no trayendo tú caudal alguno?
- 5El Señor le dijo: Mi siervo Pablo es más rico que toda riqueza, pues todo tesoro que adquiere aquí lo envía delante de sí al reino de los cielos para que, al partir allá, descanse en el reposo interminable y eterno.
- 6Éste es el tesoro de Pablo: tú y las almas que a ti se asemejan.
- 7Entonces Jantipa, mirándolo y deseando decir algo, vio que su rostro brillaba como la luz; muy asombrada, se cubrió la cara con ambas manos, se arrojó al suelo y dijo: Ocúltate, Señor, de mis ojos corporales e ilumina mi entendimiento, pues ahora sé quién eres.
- 8Tú eres aquel cuyo precursor fue la cruz, el Hijo Unigénito del Padre solamente en lo alto y el hijo único de la Virgen solamente aquí abajo.
- 9¡Tú Cuyas manos horadaron los clavos y que partiste los peñascos!
- 10Tú eres aquel a quien nadie puede llevar salvo el seno del Padre.