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Hechos de Jantipa y Políxena · Capítulo 13

  1. 1Pero Probo, aún durante la cena, ordenó que soldados crueles y malvados custodiaran las puertas de la casa; dadas estas órdenes, enseguida se quedó dormido en el lecho.
  2. 2Avisaron los siervos a Jantipa para que le despertase, mas ella ordenó: Apagad las antorchas, hijos míos, y dejadle reposar.
  3. 3Y durante el primer sueño tomó trescientas monedas de oro y fue a las puertas, diciéndose: Quizá el portero se deje persuadir por la cantidad de dinero.
  4. 4Pero él, malvado y obstinado, no se dejó persuadir; entonces ella se quitó también el cinturón, adornado con piedras preciosas y valorado en doscientas monedas de oro, se lo dio y salió diciendo: Señor, gano con dinero a mis propios esclavos para que Probo no oprima a tu predicador Pablo.
  5. 5Y Jantipa siguió corriendo hacia la casa de Filoteo, el exprefecto, como hacia una obra grande e increíble, alabando a Dios.
  6. 6Al pasar por cierto lugar, los demonios la persiguieron con antorchas encendidas y relámpagos; ella se volvió, vio detrás de sí aquella terrible visión y, presa de gran temor, dijo: ¿Qué te ha sucedido ahora, desdichada alma?
  7. 7Te han privado de tu deseo.
  8. 8Corrías hacia la salvación, corrías hacia el bautismo, y has caído en manos de la serpiente y sus ministros; tus pecados te han preparado estas cosas.
  9. 9Mientras decía esto, casi desfallecía de corazón por gran desesperación; pero el gran Pablo, advertido por Dios del ataque de los demonios, se puso inmediatamente a su lado, precedido también por un hermoso joven.
  10. 10Y enseguida desapareció la visión de los demonios, y Pablo le dijo: Levántate, hija Jantipa, y mira al Señor a quien deseas, por cuya llama tiemblan los cielos y se seca el abismo, que viene a ti para compadecerse de ti y salvarte.
  11. 11He aquí al que acepta tus oraciones y presta oído inmediatamente.
  12. 12Míralo venir en forma de hombre y cobra ánimo frente a los demonios.
  13. 13Púsose ella en pie rogándole: Maestro mío, ¿por qué me dejaste sola?
  14. 14Apresúrate ahora a sellarme para que, si me sobreviene la muerte, parta hacia aquel que está lleno de compasión y carece de arrogancia.