LUX VERITAS

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Hechos de Pedro · Capítulo 31

  1. 1Y le trajeron también los enfermos en el día de reposo, rogando que fuesen sanados de sus enfermedades. Y muchos que estaban enfermos de parálisis, y de gota, y de fiebres tercianas y cuartanas fueron sanados, y de toda enfermedad del cuerpo fueron sanos, creyendo en el nombre de Jesucristo; y muchísimos se añadían cada día a la gracia del Señor.
  2. 2Mas Simón el mago, pasados unos días, prometió a la multitud convencer a Pedro de que no creía en el verdadero Dios, sino que estaba engañado. Y haciendo él muchos prodigios mentirosos, los que estaban firmes en la fe se burlaban de él. Porque en las salas de banquete hacía entrar ciertos espíritus, los cuales eran solo apariencia, y no existían en verdad. ¿Y qué más diré? Aunque muchas veces había sido convicto de hechicería, hacía parecer sanos a los cojos por un poco de tiempo, y asimismo a los ciegos, y una vez pareció hacer que muchos muertos viviesen y se moviesen, como lo hizo con Nicóstrato. Mas Pedro le seguía por doquiera y le redargüía siempre delante de los espectadores; y haciendo él ya una triste figura y siendo escarnecido por el pueblo de Roma y desacreditado por cuanto nunca lograba lo que prometía hacer, hallándose en tal aprieto, díjoles por fin: Varones de Roma, pensáis ahora que Pedro ha prevalecido contra mí, como más poderoso, y le prestáis más atención; estáis engañados. Porque mañana os desampararé, impíos y sin Dios que sois, y volaré hacia Dios, cuyo Poder soy, aunque me he debilitado. Por cuanto, pues, vosotros habéis caído, yo soy Aquel que está en pie, y subiré a mi Padre y le diré: A mí también, aun a tu hijo que está en pie, han querido derribar; mas no consentí con ellos, y he vuelto a mí mismo.