LUX VERITAS

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Hechos de Pedro · Capítulo 30

  1. 1Y en el día del Señor, disertando Pedro a los hermanos y exhortándolos a la fe de Cristo, hallándose presentes muchos del senado y muchos caballeros y mujeres ricas y matronas, y siendo confirmados en la fe, una mujer que allí estaba, en extremo rica, que tenía por sobrenombre Crisa por cuanto toda vasija suya era de oro —pues desde su nacimiento nunca usó vasija de plata o de vidrio, sino de oro solamente—, dijo a Pedro: Pedro, siervo de Dios, aquel a quien llamas Dios se me apareció en sueños y dijo: Crisa, lleva a Pedro mi ministro diez mil monedas de oro; porque se las debes. Yo, pues, las he traído, temiendo no me viniese algún mal de parte de aquel que se me apareció, el cual también se fue al cielo. Y diciendo esto, puso el dinero y se fue. Y viéndolo Pedro, glorificó al Señor, por cuanto los que estaban en necesidad serían refrigerados. Algunos, pues, de los que allí estaban le dijeron: Pedro, ¿no has hecho mal en recibir de ella el dinero? pues de ella se habla mal en toda Roma por fornicación, y porque no se guarda para un solo marido, antes bien tiene que ver con los criados de su casa. No seas, pues, partícipe de la mesa de Crisa, sino vuélvasele lo que de ella vino. Mas Pedro, oyéndolo, se rió y dijo a los hermanos: Qué sea esta mujer en lo restante de su manera de vivir, no lo sé; pero en haber recibido este dinero, no lo hice neciamente; porque ella lo pagó como deudora a Cristo, y lo da a los siervos de Cristo: porque él mismo ha proveído para ellos.