Hechos de Pedro y Andrés · Capítulo 1
- 1Hechos de Pedro y Andrés: Hechos de los Santos Apóstoles Pedro y Andrés.
- 2Aconteció que cuando Andrés, el apóstol de Cristo, salió de la ciudad de los antropófagos, he aquí que una nube luminosa lo arrebató y lo llevó a la montaña donde Pedro, Mateo y Alejandro estaban sentados.
- 3Y cuando él los vio, ellos le saludaron con gran gozo.
- 4Entonces Pedro le preguntó: ¿Qué te ha acontecido, hermano Andrés? ¿Sembraste la palabra de la verdad en el país de los antropófagos, o no? Andrés le dice: Sí, padre Pedro, por tus oraciones; mas los hombres de aquella ciudad me causaron muchos daños, pues me arrastraron por su calle durante tres días, de suerte que mi sangre tiñó toda la calle.
- 5Pedro le dijo: Sé hombre en el Señor, hermano Andrés, y ven acá y descansa de tu trabajo.
- 6Porque si el buen labrador labra laboriosamente la tierra, ella también dará fruto, y al instante todo su trabajo se convertirá en gozo; mas si trabaja y su tierra no produce fruto, tendrá doble fatiga.
- 7Y mientras él hablaba así, el Señor Jesucristo se les apareció en forma de niño y les dijo: ¡Salve, Pedro, obispo de toda mi Iglesia! ¡salve, Andrés! Coherederos míos, sed valientes y luchad por la humanidad; porque de cierto os digo que soportaréis fatigas en este mundo por causa de los hombres.
- 8Mas tened buen ánimo; yo os daré reposo en una hora de descanso en el reino de mi Padre.
- 9Levántate, pues, y ve a la ciudad de los bárbaros, y predica en ella; y estaré contigo en las maravillas que en ella acontecerán por tus manos.
- 10Y el Señor Jesús, después de saludarlos, ascendió a los cielos en gloria.
- 11Y Pedro, y Andrés, y Alejandro, y Rufo, y Matías, entraron en la ciudad de los bárbaros.
- 12Y después de haber llegado cerca de la ciudad, Andrés respondió y dijo a Pedro: Padre Pedro, ¿tendremos que pasar de nuevo por trabajos en esta ciudad, como en el país de los antropófagos? Pedro le dice: No lo sé.
- 13Pero he aquí que un anciano está delante de nosotros sembrando en su campo; si nos acercamos a él, digámosle: Danos pan; y si nos da pan, sabremos que no sufriremos en esta ciudad; mas si nos dice: No tenemos pan, por otra parte, sabremos que el padecimiento nos aguarda de nuevo.
- 14Y cuando se acercaron al anciano, Pedro le dijo: ¡Salve, labrador! Y el labrador les dice: ¡Salve a vosotros también, mercaderes! Pedro le dijo: ¿Tienes pan para dar a estos muchachos, porque estamos en necesidad? El anciano les dijo: Esperad un poco y cuidad de los bueyes, y del arado y de la tierra, para que yo vaya a la ciudad y os traiga panes.
- 15Pedro le dijo: Si nos das hospitalidad, cuidaremos del ganado y del campo.
- 16El anciano dice: Así sea.
- 17Pedro le dijo: ¿Los bueyes son tuyos? El anciano dice: No; los tengo en alquiler.
- 18Pedro le dijo: Ve a la ciudad.
- 19Y el anciano fue a la ciudad.
- 20Y Pedro se levantó, y se ciñó el manto y la ropa interior, y dijo a Andrés: No es justo que descansemos y estemos ociosos, sobre todo cuando el anciano trabaja para nosotros habiendo dejado su propia labor.
- 21Entonces Pedro tomó el arado y sembró el trigo.
- 22Y Andrés estaba detrás de los bueyes y dijo a Pedro: Padre Pedro, ¿por qué nos buscas trabajo, mayormente cuando ya tenemos fatiga suficiente? Entonces Andrés tomó el arado de mano de Pedro y sembró el trigo, diciendo: Oh simiente arrojada en la tierra en el campo de los justos, brota y sal a la luz.
- 23Salgan, pues, los jóvenes de la ciudad, a quienes hallé en el abismo de la perdición hasta hoy; porque he aquí que los apóstoles de Cristo entran en la ciudad, perdonando los pecados de los que en ellos creen y sanando toda enfermedad y toda dolencia.
- 24Rogad por mí, para que Él tenga misericordia de mí y sea yo librada de esta tribulación.
- 25Y muchos de la multitud creyeron en Cristo por causa de la palabra de la mujer; y postrándose a los pies de los apóstoles, los adoraron.
- 26Y ellos les impusieron las manos.
- 27Y sanaron a los enfermos de la ciudad, y dieron vista a los ciegos y oído a los sordos, y echaron fuera a los demonios.
- 28Toda la multitud glorificó al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
- 29Y había en la ciudad un hombre rico, llamado Onesíforo.
- 30Éste, habiendo visto los milagros hechos por los apóstoles, les dice: Si yo creo en vuestro Dios, ¿podré también hacer milagros como vosotros? Andrés le dijo: Si abandonas todo lo que te pertenece, a tu mujer y a tus hijos, como nosotros también hicimos, entonces también harás milagros.
- 31Cuando Onesíforo oyó esto, se llenó de ira, tomó su pañuelo y lo echó al cuello de Andrés, y le golpeó, diciéndole: Tú eres un hechicero.
- 32¿Cómo me fuerzas a desamparar a mi mujer, a mis hijos y mis posesiones? Entonces Pedro, volviéndose y viéndole golpear a Andrés, le dice: Hombre, cesa ya de herir a Andrés.
- 33Onesíforo le dice: Veo que eres más sensato que él.
- 34Mándame entonces dejar a mi mujer, a mis hijos y mis bienes.
- 35¿Qué dices tú? Pedro le dijo: Una cosa te digo: más fácil es que pase un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos.
- 36Cuando Onesíforo oyó esto, se encendió aún más de ira y furor, y quitó el pañuelo del cuello de Andrés y lo arrojó al cuello de Pedro; y entonces le arrastró, diciendo: En verdad tú eres un gran hechicero, más que el otro; pues un camello no puede pasar por el ojo de una aguja.
- 37Mas si me muestras este milagro, creeré en tu Dios; y no sólo yo, sino también toda la ciudad.
- 38Pero si no, serás severamente castigado en medio de la ciudad.
- 39Y cuando Pedro oyó esto, se entristeció en gran manera, y levantándose extendió las manos hacia el cielo, y oró diciendo: Oh Señor Dios nuestro, óyeme en esta hora; porque pretenden enredarnos con tus propias palabras, pues ningún profeta habló para dar esta explicación, ni ningún patriarca para que aprendiésemos su sentido; y ahora nosotros mismos buscamos la interpretación con denuedo.
- 40Por tanto, Señor, no nos desoigas, pues tú eres aquel a quien alaban los querubines.
- 41Y después de haber dicho esto, se apareció el Salvador en forma de un niño de doce años, vestido con túnica de lino; y les dice: Sed valientes y no tembléis, discípulos míos escogidos; porque yo estoy siempre con vosotros.
- 42Que sean traídos la aguja y el camello.
- 43Y habiendo dicho esto, subió a los cielos.
- 44Y había en la ciudad un mercader que había creído en el Señor por medio del apóstol Felipe; y cuando oyó de esto, corrió y buscó una aguja de ojo grande para complacer a los apóstoles.
- 45Cuando Pedro lo supo, dijo: Hijo mío, no busques una aguja grande; pues nada es imposible para Dios, antes bien tráenos una aguja pequeña.
- 46Y traída la aguja, estando allí toda la multitud de la ciudad para mirar, alzó Pedro los ojos y vio venir un camello.
- 47Y mandó que fuese traído.
- 48Fijó entonces la aguja en el suelo y clamó a gran voz, diciendo: En el nombre de Jesucristo, que fue crucificado bajo Poncio Pilato, te mando, oh camello, que pases por el ojo de la aguja.
- 49Y el ojo de la aguja se abrió como una puerta, y el camello pasó por él, y lo vio toda la multitud.
- 50De nuevo dice Pedro al camello: Pasa otra vez por la aguja.
- 51Y el camello pasó por segunda vez.
- 52Viendo esto Onesíforo, dijo a Pedro: En verdad tú eres un gran mago; mas no creo a menos que envíe y traiga yo mismo un camello y una aguja.
- 53Y llamó a uno de sus siervos y le dijo aparte: Ve y tráeme aquí un camello y una aguja; busca también una ramera y tráela a la fuerza aquí, pues estos hombres son hechiceros.
- 54Y Pedro, habiendo conocido el secreto por el Espíritu, dice a Onesíforo: Envía y trae el camello, la mujer y la aguja.
- 55Y habiéndolos traído, tomó Pedro la aguja y la clavó en la tierra.
- 56Y la mujer estaba sentada sobre el camello.
- 57Entonces dice Pedro: En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, el crucificado, te ordeno, oh camello, que pases por esta aguja.
- 58E inmediatamente el ojo de la aguja se abrió y se hizo como una puerta, y el camello pasó por ella.
- 59Dice Pedro otra vez al camello: Pasa de nuevo por ella, para que todos vean la gloria de nuestro Señor Jesucristo, y crean algunos en Él.
- 60Y el camello pasó otra vez por la aguja.
- 61Y viéndolo Onesíforo, clamó diciendo: En verdad grande es el Dios de Pedro y de Andrés, y desde ahora creo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
- 62Ahora pues, oye mis palabras, oh Pedro.
- 63Tengo sembrados, viñas y campos; tengo también veintisiete libras de oro y cincuenta libras de plata; y poseo muchos esclavos.
- 64Reparto mis bienes a los pobres, para que yo también pueda hacer un milagro como vosotros.
- 65Y Pedro se entristeció porque los poderes no obraban en él, por cuanto no había recibido el sello en Cristo.
- 66Y pensando él en esto, he aquí que una voz del cielo le dijo: Haz con él lo que quiera, porque yo cumpliré para él lo que desea.
- 67Pedro le dijo: Hijo mío, ven acá; haz como nosotros.
- 68Y Onesíforo subió, y se paró delante del camello y de la aguja, y dijo: En el n...