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Hechos de Pablo · Capítulo 8

  1. 1Y los que redactaron los viajes de Pablo refirieron que hizo muchas otras cosas, y entre ellas ésta que le aconteció cuando estaba en Éfeso. Siendo Jerónimo gobernador, usó Pablo de libertad de palabra, y aquél dijo que bien sabía hablar, mas que no era sazón para tales palabras. Empero la gente de la ciudad, fieramente enfurecida, puso los pies de Pablo en hierros y le encerró en la cárcel, hasta que fuese expuesto por presa a los leones. Mas Éubula y Artemila, mujeres de varones principales entre los efesios, siendo sus fieles discípulas y visitándole de noche, desearon la gracia del divino lavamiento. Y por el poder de Dios, con ángeles que las escoltaban y alumbraban las tinieblas de la noche con la sobreabundancia del resplandor que en ellos había, Pablo, desatado de sus prisiones de hierro, fue a la ribera del mar y las inició en el santo bautismo; y volviendo a sus ataduras sin que ninguno de los que guardaban la cárcel lo advirtiese, quedó reservado como presa para los leones.
  2. 2Fue, pues, soltado contra él un león de desmesurada grandeza y sin igual fortaleza, el cual corrió hacia él en el estadio y se echó a sus pies. Y cuando muchas otras fieras salvajes fueron también soltadas, a ninguna de ellas le fue permitido tocar el santo cuerpo, que permanecía enhiesto como una estatua en oración. En esta sazón, una violenta y copiosa granizada descendió de súbito con gran ímpetu, y quebrantó la cabeza de muchos hombres y de las bestias juntamente, y cortó la oreja del mismo Jerónimo. Y después de esto, con los suyos, él vino al Dios de Pablo y recibió el bautismo de salvación. Mas el león huyó a los montes.
  3. 3Y de allí navegó Pablo a Macedonia y a Grecia, y después por Macedonia vino a Troas y a Mileto, y desde allí partió para Jerusalén.