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Hechos de Pablo · Capítulo 2

  1. 1Cuando Pablo subió a Iconio después que huyó de Antioquía, viajaron con él Demas y Hermógenes el herrero, los cuales estaban llenos de hipocresía, y lisonjeaban a Pablo como si le amaran. Mas Pablo, mirando únicamente a la bondad de Cristo, no les hacía ningún mal, antes los amaba mucho, de suerte que se esforzaba por endulzarles todos los oráculos del Señor, y de la doctrina y la interpretación del Evangelio, y del nacimiento y resurrección del Amado, y les refería palabra por palabra todas las grandes obras de Cristo, cómo le habían sido reveladas, cómo Cristo nació de María la virgen y del linaje de David.
  2. 2Y un cierto varón, llamado Onesíforo, cuando oyó que Pablo venía a Iconio, salió con sus hijos Simias y Zenón y con Lectra su mujer a recibirle, para hospedarle en su casa; porque Tito le había referido de qué aspecto era Pablo en su parecer, por cuanto aún no le había visto en la carne, sino tan sólo en el espíritu.
  3. 3Y fue por el camino real que lleva a Listra, y estuvo esperándole allí, y miraba a los que venían, conforme a la descripción de Tito. Y vio venir a Pablo, varón de pequeña estatura, de poco cabello en la cabeza, corvo de piernas, de buena complexión de cuerpo, con cejas juntas y nariz algo aguileña, lleno de gracia; porque unas veces parecía hombre, y otras veces tenía rostro de ángel.
  4. 4Y cuando vio Pablo a Onesíforo, sonrióse; y Onesíforo dijo: ¡Salve, siervo del Dios bendito! Y él dijo: Gracia sea contigo y con tu casa. Mas Demas y Hermógenes tuvieron envidia, y avivaron más aún su hipocresía, de suerte que dijo Demas: ¿No somos nosotros siervos del Bendito, para que no nos saludases así? Y Onesíforo dijo: No veo en vosotros fruto alguno de justicia; mas si sois tales, venid vosotros también a mi casa y reposad.
  5. 5Y habiendo entrado Pablo en casa de Onesíforo, hubo gran gozo, y doblar de rodillas, y partimiento de pan, y la palabra de Dios tocante a la continencia y la resurrección; porque decía Pablo: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que guardan la carne casta, porque ellos serán hechos templo de Dios. Bienaventurados los continentes, porque a ellos hablará Dios. Bienaventurados los que han renunciado a este mundo, porque ellos serán agradables a Dios. Bienaventurados los que tienen mujeres como si no las tuviesen, porque ellos heredarán a Dios. Bienaventurados los que tienen el temor de Dios, porque ellos serán hechos ángeles de Dios.
  6. 6Bienaventurados los que tiemblan ante los oráculos de Dios, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que reciben la sabiduría de Jesucristo, porque ellos serán llamados hijos del Altísimo. Bienaventurados los que guardaron su bautismo puro, porque ellos descansarán con el Padre y con el Hijo. Bienaventurados los que alcanzaron el conocimiento de Jesucristo, porque ellos estarán en luz. Bienaventurados los que por amor de Dios se han apartado de la forma de este mundo, porque ellos juzgarán ángeles, y serán bendecidos a la diestra del Padre. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia y no verán el amargo día del juicio. Bienaventurados los cuerpos de las vírgenes, porque ellos serán agradables a Dios y no perderán el galardón de su castidad; porque la palabra del Padre será para ellos obra de salvación en el día de su Hijo, y tendrán descanso por los siglos de los siglos.
  7. 7Y diciendo Pablo estas cosas en medio de la congregación en casa de Onesíforo, una cierta virgen, Tecla, cuya madre era Teoclea, la cual estaba desposada con un marido, Támiris, estaba sentada a una ventana cercana, y escuchaba de noche y de día la palabra tocante a la castidad que hablaba Pablo; y no se apartaba de la ventana, sino que era guiada adelante por la fe, regocijándose sobremanera; y además, cuando veía a muchas mujeres y vírgenes entrar adonde estaba Pablo, deseaba también con fervor ser tenida por digna de estar delante del rostro de Pablo y oír la palabra de Cristo; porque aún no había visto la persona de Pablo, sino solamente oía su voz.
  8. 8No apartándose ella, pues, de la ventana, envió su madre por Támiris; y él vino con gran gozo como quien ya la tomaba por mujer. Dijo, pues, Támiris a Teoclea: ¿Dónde está mi Tecla? Y Teoclea dijo: Tengo un nuevo cuento que decirte, Támiris; porque por tres días y tres noches Tecla no se levanta de la ventana, ni para comer ni para beber, sino que mirando atentamente como a un espectáculo alegre, de tal manera atiende a un extranjero que enseña palabras engañosas y variadas, que me maravillo de cómo el gran pudor de la doncella se halla en tan grande aprieto.
  9. 9¡Oh Támiris, este hombre trastorna a toda la ciudad de los iconienses, y a tu Tecla también; porque todas las mujeres y los jóvenes van a él y son enseñados por él! Debéis, dice él, temer a un solo Dios y vivir castamente. Y mi hija también, como araña a la ventana, asida a sus palabras, es presa de un nuevo deseo y de una pasión terrible; porque está suspensa de las cosas que él habla, y la doncella ha sido cautivada. Mas ve tú a ella y háblale; porque está desposada contigo.
  10. 10Y fue Támiris a ella, juntamente amándola y temiendo a causa de su pasmo, y dijo: Tecla, desposada mía, ¿por qué estás sentada así? ¿y qué pasión es ésta que te tiene en asombro? vuélvete a tu Támiris y avergüénzate. Y su madre también decía lo mismo: Tecla, ¿por qué estás sentada así, mirando hacia abajo y sin responder nada, sino como una herida de pasmo? Y lloraban amargamente, Támiris porque perdía una esposa, Teoclea una hija, y las siervas una señora; hubo, por tanto, grande confusión de llanto en la casa. Y mientras todo esto acontecía, Tecla no se volvía, sino que atendía al hablar de Pablo.
  11. 11Mas Támiris se levantó de un salto y salió a la calle, y miraba a los que entraban a donde Pablo y salían. Y vio a dos hombres riñendo amargamente el uno con el otro, y les dijo: Varones, decidme quiénes sois, y quién es ese que está adentro con vosotros, que hace errar las almas de los jóvenes y de las doncellas, engañándolos para que no haya matrimonios, sino que vivan tal como están. Os prometo daros mucho dinero si me dais noticia de él; porque soy varón principal de la ciudad.
  12. 12Y Demas y Hermógenes le dijeron: Quién sea este hombre, no lo sabemos; mas él despoja a los jóvenes de mujeres y a las doncellas de maridos, diciendo: De ninguna otra manera tenéis resurrección, a no ser que permanezcáis castos, y no contaminéis la carne, sino que la guardéis pura.
  13. 13Y díjoles Támiris: Venid, varones, a mi casa y reposad conmigo. Y fueron a un costoso convite, y mucho vino, y gran riqueza, y una brillante mesa. Y Támiris les dio a beber, porque amaba a Tecla y deseaba tomarla por mujer; y en la cena dijo Támiris: Decidme, varones, cuál es su enseñanza, para que yo también la conozca; porque no poco afligido estoy por causa de Tecla, por cuanto ama de tal manera al extranjero, y soy defraudado de mi casamiento.
  14. 14Y dijeron Demas y Hermógenes: Llévale delante de Castelio el gobernador como a uno que persuade a las multitudes con la nueva doctrina de los cristianos; y así él le destruirá y tú tendrás a tu mujer Tecla. Y nosotros te enseñaremos de aquella resurrección que él asevera, la cual ya ha acontecido en los hijos que tenemos, y resucitamos cuando venimos al conocimiento del Dios verdadero.
  15. 15Mas cuando Támiris oyó esto de ellos, llenóse de envidia e ira, y levantándose muy de mañana fue a la casa de Onesíforo con los magistrados y oficiales y una gran turba con varas, diciendo a Pablo: Has destruido la ciudad de los iconienses y a la que me estaba desposada, de modo que ella no me quiere; vayamos ante Castelio el gobernador. Y toda la multitud decía: ¡Fuera el hechicero, porque ha corrompido a todas nuestras mujeres! Y la multitud se levantó unánime contra él.
  16. 16Y Támiris, estando de pie delante del tribunal, clamó a gran voz, diciendo: ¡Oh procónsul! este es el hombre —no sabemos de dónde es— que no permite que las doncellas se casen; declare él delante de ti por qué enseña tales cosas. Y Demas y Hermógenes dijeron a Támiris: Di tú que es cristiano, y así le destruirás. Mas el gobernador mantuvo su ánimo sereno, y llamó a Pablo, diciéndole: ¿Quién eres tú y qué enseñas? porque no es liviana la acusación que éstos traen contra ti.
  17. 17Y alzó Pablo su voz y dijo: Si hoy soy examinado sobre lo que enseño, oye, oh procónsul. El Dios vivo, el Dios de venganzas, el Dios celoso, el Dios que de nada tiene necesidad, mas desea la salvación de los hombres, me ha enviado para que los aparte de la corrupción, y de la inmundicia, y de todo deleite y de la muerte, para que no pequen más. Por lo cual Dios ha enviado a su propio Hijo, a quien yo predico y enseño para que los hombres pongan su esperanza en él, el cual solo ha tenido compasión del mundo que estaba en error; para que los hombres no estén más bajo juicio, sino que tengan fe y el temor de Dios y el conocimiento de la templanza y el amor de la verdad. Si, pues, yo enseño las cosas que me han sido reveladas por Dios, ¿qué agravio hago, oh procónsul? Y el gobernador, habiendo oído esto, mandó que Pablo fuese atado y llevado a la cárcel hasta que tuviese sosiego para oírle más atentamente.
  18. 18Mas Tecla, de noche, quitándose sus brazaletes diolos al portero; y abierta la puerta para ella, fue a la cárcel, y dio al carcelero un espejo de plata, y así entró adonde estaba Pablo, y sentóse a sus pies, y oía las maravillosas obras de Dios. Y Pablo ningún temor tenía, antes caminaba en la confianza de Dios; y aumentóse también la fe de ella al besar sus cadenas.
  19. 19Buscada, pues, Tecla por los suyos y por Támiris, era buscada por las calles como una perdida; y una de las compañeras de servidumbre del portero dijo que ella había salido de noche. Y examinaron al portero, y él les declaró que ella había ido al extranjero a la cárcel; y fueron como él les había dicho, y halláronla como unida a él en afecto. Y salieron de allí, y juntaron a la multitud, y mostraron el negocio al gobernador.
  20. 20Y mandó él que Pablo fuese traído al tribunal; mas Tecla revolcábase en el suelo donde Pablo enseñaba cuando estaba sentado en la cárcel. Y mandó el gobernador que ella también fuese traída al tribunal, y ella fue regocijándose con gozo. Y cuando Pablo fue traído por segunda vez, el pueblo clamó más vehementemente: ¡Es hechicero, fuera con él! Mas el gobernador oía de buena gana a Pablo acerca de las santas obras de Cristo; y tomó consejo, y llamó a Tecla y dijo: ¿Por qué no te casas con Támiris, conforme a la ley de los iconienses? Mas ella estaba con los ojos fijos en Pablo; y no respondiendo ella nada, Teoclea su madre clamó, diciendo: ¡Quema a la inicua, quema en medio del teatro a la que no es desposada, para que todas las mujeres que han sido enseñadas por este hombre se atemoricen!
  21. 21Y el gobernador quedó conmovido en gran manera; y azotó a Pablo y le echó fuera de la ciudad, mas a Tecla la condenó a ser quemada. Y luego levantóse el gobernador y fue al teatro; y toda la multitud salió al terrible espectáculo. Mas Tecla, como cordera en el desierto que busca alrededor al pastor, así buscaba a Pablo; y miró a la multitud y vio al Señor sentado, semejante a Pablo, y dijo: Como si yo no fuese capaz de soportar, Pablo ha venido a mirarme. Y mirábale con gran atención; mas él partió hacia los cielos.
  22. 22Y los mancebos y las doncellas trajeron leña y heno para quemar a Tecla; y traída ella desnuda, el gobernador lloró y maravillóse del poder que en ella había. Y pusieron la leña, y el verdugo mandóle que subiese a la pira; y ella, haciendo la señal de la cruz, subió sobre el madero. Y encendiéronlo, y aunque se levantó un gran fuego, la llama no la tocó; porque Dios tuvo compasión de ella, e hizo un estruendo debajo de la tierra, y cubrióla de lo alto una nube llena de lluvia y de granizo, y derramóse todo el vaso de ella, de modo que muchos estuvieron en peligro de muerte, y el fuego se apagó, y Tecla fue preservada.
  23. 23Mas Pablo ayunaba con Onesíforo y con su mujer y sus hijos en un sepulcro abierto en el camino por el cual van de Iconio a Dafne. Y pasados muchos días, mientras ayunaban, dijeron los muchachos a Pablo: Tenemos hambre. Y no tenían con qué comprar pan, porque Onesíforo había dejado los bienes de este mundo y seguido a Pablo con toda su casa. Mas Pablo despojóse de su manto superior y dijo: Ve, hijo, compra algunos panes y tráelos. Y cuando el muchacho compraba, vio a su vecina Tecla, y quedó atónito, y dijo: Tecla, ¿adónde vas? Y ella dijo: Busco a Pablo, porque he sido librada del fuego. Y dijo el muchacho: Ven, te llevaré a él; porque llora por ti, y ora, y ayuna ya hace seis días.
  24. 24Y viniendo ella al sepulcro adonde estaba Pablo, el cual había doblado las rodillas y oraba diciendo: ¡Oh Padre de Cristo! no toque el fuego a Tecla, mas perdónala, porque tuya es; ella, poniéndose detrás de él, clamó: ¡Oh Padre que hiciste el cielo y la tierra, Padre de tu amado Hijo Jesucristo! yo te bendigo porque me libraste del fuego para que viese a Pablo. Y levantóse Pablo y vióla y dijo: ¡Oh Dios que conoces los corazones, Padre de nuestro Señor Jesucristo! yo te bendigo porque prestamente cumpliste lo que te pedí, y me oíste.
  25. 25Y hubo mucho amor dentro del sepulcro, porque regocijóse Pablo, y Onesíforo, y todos ellos. Y tenían cinco panes, y legumbres, y agua y sal, y regocijábanse por las santas obras de Cristo. Y dijo Tecla a Pablo: Cortaré mis cabellos alrededor y te seguiré adondequiera que fueres. Mas él dijo: El tiempo es adverso y tú eres hermosa; mira no te tome otra tentación peor que la primera, y no la resistas, sino que te portes cobardemente. Y dijo Tecla: Dame solamente el sello en Cristo, y la tentación no me tocará. Y dijo Pablo: Ten paciencia, Tecla, y recibirás el agua.
  26. 26Y despidió Pablo a Onesíforo con toda su casa para Iconio, y así tomó a Tecla y entró en Antioquía; y entrando ellos, un cierto siríarca, llamado Alejandro, vio a Tecla y enamoróse de ella, y quiso cohechar a Pablo con dinero y presentes. Mas Pablo dijo: No conozco a la mujer de quien hablas, ni ella es mía. Mas como él era de gran poder, él mismo la abrazó en el camino real; y ella no lo sufrió, sino que buscaba a Pablo y clamaba amargamente diciendo: ¡No fuerces a la extranjera, no fuerces a la sierva de Dios! De las principales soy de los iconienses, y porque no quise casarme con Támiris, he sido echada de la ciudad. Y asió de Alejandro, y rasgóle el manto, y quitóle la corona de la cabeza, y le puso por escarnio.
  27. 27Mas él, juntamente amándola y avergonzado de lo que le había acontecido, trájola delante del gobernador; y confesando ella que había hecho esto, condenóla a las fieras. Mas las mujeres quedaron grandemente asombradas, y clamaron junto al tribunal: ¡Inicuo juicio, juicio impío! Y pidió Tecla al gobernador que le concediese permanecer virgen hasta que pelease con las fieras; y una cierta reina rica, llamada Trifena, cuya hija había muerto, recibióla bajo su custodia y teníala por consolación.
  28. 28Llevadas, pues, las fieras en procesión, atáronla a una fiera leona, y la reina Trifena iba en pos de ella; mas la leona, puesta Tecla sobre ella, lamió sus pies, y maravillóse todo el pueblo. Y el título de su acusación era: Culpable de sacrilegio. Y las mujeres con sus hijos clamaban desde arriba: ¡Oh Dios, un juicio impío se ejecuta en esta ciudad! Y después de la procesión Trifena recibióla de nuevo. Porque su hija Falconila, que había muerto, habíale dicho en sueños: Madre, tomarás en mi lugar a Tecla la extranjera que está desamparada, para que ore por mí y sea yo trasladada al lugar de los justos.
  29. 29Habiéndola recibido, pues, Trifena después de la procesión, juntamente llorábala porque había de lidiar con las fieras al día siguiente, y también amábala entrañablemente como a su propia hija Falconila; y dijo: Tecla, mi segunda hija, ven, ora tú por mi hija para que viva para siempre; porque esto he visto en sueños. Y ella sin tardanza alzó su voz y dijo: ¡Oh Dios mío, Hijo del Altísimo que estás en los cielos! concédele conforme a su deseo, que su hija Falconila viva para siempre. Y habiendo ella dicho esto, Trifena lamentábala, considerando que tan gran hermosura había de ser echada a las fieras.
  30. 30Y cuando amaneció, vino Alejandro para llevarla —porque era él quien daba los juegos—, diciendo: El gobernador ya está sentado y el pueblo nos da prisa; dame a la que ha de lidiar con las fieras, para que yo la lleve. Mas Trifena dio tan gran clamor que él huyó, diciendo: Un segundo duelo por mi Falconila acontece en mi casa, y no hay quien ayude, ni hijo, porque ha muerto, ni pariente, porque soy viuda. ¡Oh Dios de Tecla mi hija, ayuda tú a Tecla!
  31. 31Y envió el gobernador soldados para traer a Tecla; y Trifena no la desamparó, sino que ella misma tomóla de la mano y la condujo arriba, diciendo: Conduje a mi hija Falconila al sepulcro; mas a ti, Tecla, te llevo a lidiar con las fieras. Y Tecla lloró amargamente y gimió al Señor, diciendo: Señor Dios en quien creo, en quien he buscado amparo, que me libraste del fuego, recompensa a Trifena que ha tenido compasión de tu sierva y me guardó pura.
  32. 32Hubo, pues, alboroto, y rugido de las fieras, y vocería del pueblo y de las mujeres que estaban sentadas juntas, diciendo unos: ¡Meted a la sacrílega! y las mujeres diciendo: ¡Perezca la ciudad por este hecho ilícito! ¡Perezcamos todas nosotras, oh procónsul! ¡amarga vista, inicuo juicio!
  33. 33Mas Tecla, quitada de la mano de Trifena, fue desnudada y púsosela una cinta, y fue echada en el estadio; y leones y osos fueron soltados contra ella. Y una leona fiera corriendo hacia ella echóse a sus pies, y la multitud de las mujeres dio grandes voces. Y arremetió contra ella un oso; mas la leona corrió a su encuentro y despedazó al oso. Y otra vez un león amaestrado contra hombres, que pertenecía a Alejandro, arremetió contra ella, y la leona luchó con él y murió juntamente con él. Y las mujeres lloraron más aún, viendo que la leona también que la socorría había muerto.
  34. 34Entonces metieron muchas otras fieras, mientras ella estaba de pie y extendía las manos y oraba. Y cuando hubo acabado su oración, volvióse y vio un gran estanque lleno de agua, y dijo: Ahora es tiempo de que yo me lave. Y echóse dentro, diciendo: En el nombre de Jesucristo me bautizo en el último día. Y viéndolo todas las mujeres y todo el pueblo, lloraban diciendo: ¡No te eches al agua! De tal manera que aun el gobernador lloró de que tan gran hermosura hubiese de ser devorada por focas. Echóse, pues, al agua en el nombre de Jesucristo; y las focas, viendo la luz de un relámpago de fuego, flotaron muertas sobre la faz del agua. Y había alrededor de ella una nube de fuego, de suerte que ni las fieras la tocaban, ni era vista desnuda.
  35. 35Y las mujeres, cuando metieron otras fieras más espantosas, clamaron a gran voz, y unas echaban hojas, y otras nardo, otras casia, y algunas bálsamo, de modo que hubo gran copia de olores; y todas las fieras que fueron heridas de ellos quedaron como retenidas en sueño y no la tocaron; de suerte que dijo Alejandro al gobernador: Tengo unos toros en extremo temibles, atemos a la rea a ellos. Y el gobernador, consintiendo con disgusto, díjole: Haz lo que quisieres. Y atáronla por los pies entre los toros, y pusieron hierros encendidos debajo de los vientres de ellos para que más enfurecidos la matasen. Saltaron, pues, hacia adelante; mas la llama que ardía alrededor de ella quemó las cuerdas, y quedó ella como quien no estaba atada.
  36. 36Mas Trifena, que estaba de pie junto a la arena, desmayó a la entrada, de modo que dijeron sus siervas: ¡La reina Trifena ha muerto! Y el gobernador suspendió los juegos y toda la ciudad espantóse; y Alejandro, cayendo a los pies del gobernador, dijo: Ten misericordia de mí y de la ciudad, y suelta a la condenada, para que no perezca la ciudad juntamente con ella; porque si César oye esto, por ventura nos destruirá a nosotros y a la ciudad, por cuanto su deuda la reina Trifena ha muerto a la entrada.
  37. 37Y llamó el gobernador a Tecla de entre las fieras, y díjole: ¿Quién eres tú? ¿y qué tienes en ti que ninguna de las fieras te ha tocado? Mas ella dijo: Yo soy sierva del Dios vivo; y lo que tengo en mí es que he creído en aquel su Hijo en quien Dios tiene su complacencia; por cuya causa ninguna de las fieras me ha tocado. Porque él solo es término de salvación y sustancia de vida inmortal; pues para los combatidos es refugio, para los afligidos alivio, para los desesperados abrigo, y, en una palabra, cualquiera que no creyere en él, no vivirá, sino que morirá para siempre.
  38. 38Y cuando el gobernador oyó esto, mandó traer vestiduras y dijo: Viste estas ropas. Y ella dijo: Aquel que me vistió cuando estaba desnuda entre las fieras, ese mismo en el día del juicio me vestirá de salud. Y tomó las vestiduras y vistióse. Y al punto dio el gobernador un decreto diciendo: Os suelto a Tecla la piadosa, sierva de Dios. Y todas las mujeres clamaron a gran voz y como de una sola boca alabaron a Dios diciendo: ¡Uno es el Dios que preservó a Tecla! de suerte que con su voz toda la ciudad tembló.
  39. 39Y Trifena, recibidas las buenas nuevas, salió a su encuentro con mucho pueblo y abrazó a Tecla y dijo: Ahora creo que los muertos resucitan; ahora creo que mi hija vive; entra dentro y te haré heredera de toda mi hacienda. Entró, pues, Tecla con ella y descansó en su casa ocho días, enseñándole la palabra de Dios, de suerte que la mayor parte de las siervas también creyeron, y hubo gran regocijo en la casa.
  40. 40Mas Tecla deseaba grandemente a Pablo y buscábale, enviando por todos los lugares; y fuéle dicho que estaba en Mira. Y tomó ella mancebos y doncellas, y ciñóse, y cosió su manto a manera de hábito de varón, y fue a Mira, y halló a Pablo que hablaba la palabra de Dios, y vino a él. Mas él, cuando vio a ella y al pueblo que con ella venía, maravillóse pensando entre sí: ¿Habrále sobrevenido alguna otra tentación? Mas ella conociólo y díjole: He recibido el lavamiento, oh Pablo; porque aquel que cooperó contigo en el Evangelio, ha cooperado conmigo también para mi bautismo.
  41. 41Y tomóla Pablo de la mano y trájola a la casa de Hermias, y oyó todas las cosas de ella; de suerte que maravillóse mucho Pablo, y los que lo oían fueron confirmados, e oraron por Trifena. Y levantóse Tecla y dijo a Pablo: Voy a Iconio. Y dijo Pablo: Ve y enseña la palabra de Dios. Y habíale enviado Trifena muchas vestiduras y oro, de suerte que dejó de ello con Pablo para el ministerio de los pobres.
  42. 42Mas ella marchóse a Iconio. Y entró en casa de Onesíforo, y postróse en el suelo donde Pablo había estado sentado enseñando los oráculos de Dios, y lloró diciendo: ¡Oh Dios mío y de esta casa, donde la luz resplandeció sobre mí, Cristo Jesús Hijo de Dios, mi ayudador en la cárcel, mi ayudador delante de los gobernadores, mi ayudador en el fuego, mi ayudador entre las fieras! tú eres Dios, y a ti sea la gloria para siempre. Amén.
  43. 43Y halló muerto a Támiris, mas a su madre viviendo aún. Y vio a su madre y díjole: Teoclea madre mía, ¿puedes creer que el Señor vive en los cielos? porque si deseas dinero, el Señor te lo dará por medio de mí; o a tu hija, hete aquí que estoy delante de ti. Y habiendo dado este testimonio, partióse para Seleucia, y después de haber alumbrado a muchos con la palabra de Dios, durmió un buen sueño.