Hechos de Pablo · Capítulo 10
- 1Y estaban esperando a Pablo en Roma Lucas de Galacia y Tito de Dalmacia; a los cuales cuando vio Pablo, se gozó; y alquiló una granja fuera de Roma, en la cual con los hermanos enseñaba la palabra de verdad, y su fama se divulgó, y muchas almas se allegaban al Señor, de suerte que hubo rumor por toda Roma, y mucha gente de la casa de César venía a él, creyendo, y había gran gozo. Y un cierto Patroclo, copero de César, vino a la tarde a la granja, y no pudiendo entrar hasta Pablo a causa del gentío, se sentó en una ventana alta y le oía enseñar la palabra de Dios. Mas envidiando el diablo maligno el amor de los hermanos, cayó Patroclo de la ventana y murió, y al punto fue dicho a Nerón. Mas Pablo, conociéndolo por el espíritu, dijo: Varones hermanos, el maligno ha hallado ocasión para tentaros; salid de la casa y hallaréis a un joven caído de lo alto y ya a punto de expirar; alzadlo y traédmelo acá. Y fueron y le trajeron; y viéndole el pueblo, se turbó. Mas Pablo dijo: Ahora, hermanos, muéstrese vuestra fe; venid todos vosotros y lloremos a nuestro Señor Jesucristo, para que este joven viva y nosotros permanezcamos en sosiego. Y habiendo todos lamentado, volvió el espíritu al joven, y le pusieron sobre una cabalgadura y le enviaron vivo de vuelta, juntamente con los demás que eran de la casa de César.
- 2Mas Nerón, cuando oyó la muerte de Patroclo, dolióse en gran manera, y salido del baño mandó que otro fuese puesto sobre el vino. Mas sus siervos le dijeron: César, Patroclo vive y está en pie a la mesa. Y César, oyendo que Patroclo vivía, se espantó y no quería entrar. Mas cuando entró, vio a Patroclo, y fuera de sí, dijo: Patroclo, ¿vives tú? Y él dijo: Vivo, oh César. Y él dijo: ¿Quién es el que te hizo vivir? Y el joven, lleno del sentido de la fe, dijo: Cristo Jesús, el Rey de los siglos. Y turbóse César y dijo: ¿Será él, pues, rey de los siglos y destruirá todos los reinos? Dícele Patroclo: Sí, él destruye todos los reinos y él solo permanecerá para siempre, y no habrá reino alguno que se libre de él. Y le hirió en el rostro y dijo: Patroclo, ¿eres tú también soldado de ese rey? Y él dijo: Sí, Señor César, porque él me resucitó estando yo muerto. Y Barsabás Justo el de pies anchos, y Urión el capadocio, y Festo el gálata, varones principales de César, dijeron: Nosotros también somos soldados del Rey de los siglos. Y encerrólos en la cárcel, habiéndoles atormentado duramente, a los cuales él mucho amaba, y mandó buscar a los soldados del gran rey, y dio un edicto en este sentido: que todos los que fuesen hallados ser cristianos y soldados de Cristo fuesen muertos.
- 3Y entre muchos otros fue también traído Pablo, atado; al cual todos sus compañeros de prisión atendían, de manera que conoció César que él estaba sobre el ejército. Y díjole: Tú que eres vasallo del gran rey, mas preso mío, ¿cómo tuviste por bien entrar a hurtadillas en el imperio de los romanos y alistar soldados de mi provincia? Mas Pablo, lleno del Espíritu Santo, dijo delante de todos ellos: ¡Oh César! no sólo de tu provincia alistamos soldados, sino de todo el mundo. Porque así nos ha sido ordenado, que a ningún hombre se le deseche que quisiere servir a mi Rey. Y si a ti también pluguiere servirle, no te arrepentirás de ello; mas no pienses que las riquezas ni la gloria que ahora hay en esta vida te han de salvar; empero si te humillares y le suplicitares, serás salvo; porque en un día peleará él contra el mundo con fuego. Y oyendo esto César, mandó que todos los presos fuesen quemados con fuego, mas que Pablo fuese degollado conforme a la ley de los romanos. Mas Pablo no calló acerca de la palabra, antes la comunicaba a Longo el prefecto y a Cesto el centurión. Enfurecíase, pues, Nerón en Roma, matando a muchos cristianos sin oírlos, por obra del maligno; de manera que los romanos se pusieron delante del palacio y clamaron: ¡Basta, César! ¡porque los hombres son de los nuestros! ¡tú destruyes las fuerzas de los romanos! Entonces fue persuadido por esto y cesó, y mandó que ningún hombre tocase a ningún cristiano, hasta que se informase cabalmente de ellos.
- 4Entonces fue traído Pablo a él después del edicto; y permaneció él en su sentencia de que fuese degollado. Y dijo Pablo: César, no es por breve tiempo que vivo para mi Rey; y si me degollares, esto haré: me levantaré y me mostraré a ti de manera que veas que no estoy muerto, sino que vivo para mi Señor Jesucristo, que viene a juzgar al mundo. Mas Longo y Cesto dijeron a Pablo: ¿De dónde tenéis este rey, en quien creéis y no mudáis de parecer, aun hasta la muerte? Y Pablo les comunicó la palabra y dijo: Hombres que estáis en esta ignorancia y error, mudad vuestro parecer y sed salvos del fuego que viene sobre todo el mundo; porque no servimos, como vosotros pensáis, a un rey que viene de la tierra, sino del cielo, al Dios vivo, el cual, por causa de las iniquidades que se hacen en este mundo, viene como juez; y bienaventurado es aquel varón que creyere en él, y vivirá para siempre cuando él venga a abrasar el mundo y a limpiarlo enteramente. Entonces ellos, rogándole, dijeron: Te suplicamos, ayúdanos, y te soltaremos. Mas él respondió y dijo: No soy desertor de Cristo, sino soldado legítimo del Dios vivo; si supiera que había de morir, oh Longo y Cesto, lo haría; mas viendo que vivo para Dios y amo mi alma, voy al Señor, para venir con él en la gloria de su Padre. Dícenle ellos: ¿Cómo, pues, viviremos nosotros cuando fueres degollado?
- 5Y mientras ellos hablaban aún estas cosas, envió Nerón a cierto Partenio y a Feres para ver si Pablo ya había sido degollado; y halláronle vivo aún. Y él los llamó a sí y dijo: Creed en el Dios vivo, que me resucita a mí y a todos los que en él creen de entre los muertos. Y dijeron ellos: Vamos ahora a Nerón; mas cuando murieres y resucitares, entonces creeremos en tu Dios. Y rogándole Longo y Cesto aún más acerca de la salvación, les dice: Venid de mañana temprano a mi sepulcro y hallaréis a dos varones orando, a Tito y a Lucas. Ellos os darán el sello en el Señor. Entonces Pablo se puso en pie con el rostro hacia el oriente y alzó las manos al cielo y oró por largo tiempo, y en su oración conversaba en lengua hebrea con los padres, y luego extendió su cuello sin hablar palabra. Y cuando el verdugo le cortó la cabeza, brotó leche sobre la capa del soldado. Y el soldado y todos los que allí estaban presentes, viéndolo, se maravillaron y glorificaron a Dios, que había dado tal gloria a Pablo; y fueron y contaron a César lo que se había hecho.
- 6Y cuando él lo oyó, maravillándose por largo tiempo y estando en perplejidad, vino Pablo cerca de la hora novena, estando en pie con César muchos filósofos y el centurión, y se puso delante de todos ellos y dijo: César, he aquí que yo, Pablo, soldado de Dios, no estoy muerto, sino que vivo en mi Dios. Mas a ti te sobrevendrán muchos males y grande castigo, oh hombre desdichado, por cuanto derramaste injustamente la sangre de los justos, dentro de no muchos días. Y habiendo dicho esto, apartóse Pablo de él. Mas Nerón, oyéndolo y estando en gran manera turbado, mandó soltar a los presos, y también a Patroclo y a Barsabás y a los que estaban con él.
- 7Y como Pablo les había mandado, Longo y Cesto el centurión fueron de mañana temprano y se acercaron con temor al sepulcro de Pablo. Y cuando hubieron llegado allí, vieron a dos varones orando, y a Pablo entre ellos, de tal manera que viendo el maravilloso prodigio se quedaron atónitos; mas Tito y Lucas, heridos del temor de los hombres al ver venir hacia ellos a Longo y a Cesto, se dieron a la fuga. Mas ellos los siguieron, diciendo: No os perseguimos para muerte sino para vida, a fin de que nos la deis, como nos prometió Pablo, a quien vimos recién en pie entre vosotros y orando. Y cuando oyeron esto, alegráronse Tito y Lucas y les dieron el sello en el Señor, glorificando al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.