Hechos y Martirio de Andrés · Capítulo 1
- 11. Hechos y Martirio del Santo Apóstol Andrés: Lo que todos nosotros, presbíteros y diáconos de las iglesias de Acaya, vimos con nuestros ojos, escribimos a todas las iglesias establecidas en el nombre de Cristo Jesús, tanto en el oriente como en el occidente, en el norte y en el sur.
- 22. Paz a vosotros y a todos los que creen en un solo Dios, Trinidad perfecta, verdadero Padre no engendrado, verdadero Hijo unigénito, verdadero Espíritu Santo que procede del Padre y permanece en el Hijo, para que sea mostrado un solo Espíritu Santo subsistente en el Padre y en el Hijo en la preciosa Divinidad.
- 33. Esta fe aprendimos del bienaventurado Andrés, apóstol de nuestro Señor Jesucristo, de cuya pasión también nosotros, habiéndola visto expuesta delante de nuestros ojos, no dudamos en dar testimonio, según la medida de gracia que poseemos.
- 44. Por consiguiente, el procónsul Egeates, habiendo llegado a la ciudad de Patras, comenzó a forzar a los que creían en Cristo a que adorasen a los ídolos; al cual el bienaventurado Andrés, corriendo hacia él, le dijo: Convenía a ti, siendo juez de los hombres, reconocer a tu Juez que está en los cielos, y habiéndole reconocido, adorarle; y adorando a Aquel que es el Dios verdadero, desviar tus pensamientos de aquellos que no son dioses verdaderos.
- 55. Al cual Egeates dijo: ¿Eres tú Andrés, que derribas los templos de los dioses y persuades a los hombres acerca de esa religión que, habiendo surgido recientemente, los emperadores romanos mandaron suprimir? El bienaventurado Andrés dijo: Los emperadores de los romanos nunca conocieron la verdad.
- 66. Y esto el Hijo de Dios, que vino por causa de la salvación de los hombres, enseña manifiestamente: que estos ídolos no son dioses, sino demonios abominables y hostiles a la raza humana, que enseñan a los hombres a ofender a Dios, de modo que, ofendido, él se aparta y no escucha; para que, apartándose él y no escuchando, ellos sean tenidos cautivos por el diablo; y que los engañe de tal manera que, cuando salgan del cuerpo, sean hallados despojados y desnudos, no llevando consigo nada sino sus pecados.
- 77. Egeates dijo: Estas son palabras superfluas y vanas: en cuanto a tu Jesús, por proclamar estas cosas a los judíos, ellos le clavaron en el madero de la cruz.
- 88. El bienaventurado Andrés respondiendo dijo: ¡Oh, si conocieses el misterio de la cruz, con qué entrañable amor el Autor de la vida de la raza humana por nuestra restauración soportó este madero de la cruz, no de mala gana, sino voluntariamente! Egeates dijo: Viendo que, traicionado por su propio discípulo y prendido por los judíos, fue llevado ante el procurador, y a petición de ellos fue clavado por los soldados del procurador, ¿de qué manera dices tú que voluntariamente soportó el madero de la cruz? San Andrés dijo: Por eso lo digo con certidumbre, porque yo estaba con él cuando fue entregado por su discípulo.
- 99. Porque antes de ser entregado, él nos habló diciendo que debía ser entregado y crucificado para la salvación de los hombres, y predijo que resucitaría al tercer día.
- 1010. Al cual dijo mi hermano Pedro: Lejos de ti, Señor; en ninguna manera te acontezca esto.
- 1111. Y entonces, con indignación, dijo a Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás; porque no entiendes las cosas que son de Dios.
- 1212. Y para manifestar más plenamente que padecía voluntariamente la pasión, nos dijo: Tengo poder para poner mi vida, y tengo poder para volverla a tomar.
- 1313. Y finalmente, cenando con nosotros, dijo: Uno de vosotros me va a entregar.
- 1414. Con estas palabras, pues, contristados todos en gran manera, para que no quedase duda alguna, él lo declaró manifiestamente, diciendo: Aquel a quien yo diere el bocado de pan de mi mano, ese es el que me entrega.
- 1515. Habiéndolo dado, pues, a uno de nuestros condiscípulos, y habiendo predicho las cosas venideras como si ya estuviesen presentes, demostró que voluntariamente sería entregado.
- 1616. Porque tampoco huyó ni dejó solo a su traidor culpable; sino que permaneciendo en el lugar donde sabía que vendría, él le esperaba.
- 1717. Egeates dijo: Me maravillo de que tú, siendo hombre cuerdo, quieras defenderlo de cualquier modo; pues, quiéralo o no, de todos modos reconoces que fue fijado a la cruz.
- 1818. El bienaventurado Andrés dijo: Esto es lo que he dicho, si ahora lo comprendes, cuán grande es el misterio de la cruz; el cual, si deseas oírlo, como es justo, atiende a mis palabras.
- 1919. Egeates dijo: No puede llamarse misterio, sino suplicio.
- 2020. El bienaventurado Andrés dijo: Este suplicio es el misterio de la restauración del hombre.
- 2121. Si escuchas con atención, tú mismo lo comprobarás.
- 2222. Egeates dijo: Ciertamente escucharé pacientemente; mas tú, a menos que me obedezcas sumisamente, recibirás en ti mismo el misterio de esa cruz.
- 2323. El bienaventurado Andrés respondió: Si yo temiese el madero de la cruz, no proclamaría la gloria de la cruz.
- 2424. Egeates dijo: Tu palabra es necia, porque afirmas que la cruz no es castigo, y por tu temeridad no temes la pena de muerte.
- 2525. San Andrés dijo: No es por temeridad, sino por fe, que no temo la pena de muerte; porque la muerte de los impíos es terrible.
- 2626. Y por esto deseo que oigas el misterio de la cruz, para que tal vez, conociéndolo, creas, y creyendo, alcances la renovación de tu alma.
- 2727. Egeates dijo: Lo que se demuestra que ha perecido es lo que ha de ser renovado.
- 2828. ¿Quieres decir que mi alma ha perecido, y que me harás llegar a su renovación mediante esa fe de la cual hablas? El bienaventurado Andrés respondió: Esto es lo que deseé que aprendieras a su tiempo, lo cual también enseñaré y haré manifiesto: que aunque las almas de los hombres perezcan, serán renovadas por el misterio de la cruz.
- 2929. Porque el primer hombre, por el árbol de la desobediencia, trajo la muerte; y convenía al linaje humano que, por el padecimiento en el madero, la muerte que había entrado en el mundo fuese destruida.
- 3030. Y siendo así que el primer hombre, que trajo la muerte al mundo por la transgresión del árbol, fue formado de tierra inmaculada, convenía que el Hijo de Dios naciese como hombre perfecto de una virgen inmaculada, para que restituyese la vida eterna que los hombres habían perdido por Adán, y cortase el árbol de la concupiscencia carnal por el madero de la cruz.
- 3131. Suspendido en la cruz, extendió sus manos inocentes por las manos que culpablemente se habían extendido; por el fruto deleitoso del árbol prohibido, recibió hiel por comida; y tomando sobre sí nuestra mortalidad, nos otorgó su inmortalidad.
- 3232. Egeates dijo: Con estas palabras podrás persuadir a los que crean en ti; mas si no vienes a concederme esto, que sacrifiques a los dioses todopoderosos, mandaré que, después de azotado, seas fijado en esa misma cruz que alabas.
- 3333. El bienaventurado Andrés dijo: Al Dios Todopoderoso, único y verdadero, ofrezco sacrificio cada día; no humo de incienso, ni carne de toros bravíos, ni sangre de machos cabríos, sino sacrificando un Cordero inmaculado cada día en el altar de la cruz; y aunque todos los fieles participen de su carne y beban su sangre, el Cordero que fue sacrificado permanece íntegro y vivo después de esto.
- 3434. Verdaderamente, pues, él es inmolado, y verdaderamente su cuerpo es comido por el pueblo, y su sangre es igualmente bebida; sin embargo, como he dicho, permanece íntegro, sin mancha y vivo.
- 3535. Egeates dijo: ¿Cómo puede ser esto? El bienaventurado Andrés dijo: Si quieres saberlo, toma la condición de discípulo, para que puedas aprender lo que inquieres.
- 3636. Egeates dijo: Reclamaré de ti mediante tormentos el don de este conocimiento.
- 3737. El bienaventurado Andrés declaró: Me maravillo de que tú, siendo hombre prudente, caigas en la locura de pensar que podrás persuadirme, mediante tus tormentos, a revelarte los santos misterios de Dios.
- 3838. Has oído el misterio de la cruz, has oído el misterio del sacrificio.
- 3939. Si crees en Cristo, el Hijo de Dios que fue crucificado, te manifestaré con claridad cómo el Cordero que fue muerto vive, después de haber sido inmolado y comido, permaneciendo en su reino íntegro e inmaculado.
- 4040. Egeates dijo: ¿Y por qué medio el cordero permanece en su reino después de haber sido muerto y comido por todo el pueblo, según dices? El bienaventurado Andrés dijo: Si creyeres de todo corazón, podrás comprenderlo; mas si no creyeres, de ningún modo alcanzarás la comprensión de tal verdad.
- 4141. Entonces Egeates, enfurecido, mandó que fuese encerrado en la cárcel; en la cual, habiendo sido puesto preso, una gran multitud de casi toda la provincia acudió a él, de tal manera que querían matar a Egeates y derribar las puertas de la cárcel para libertar al bienaventurado apóstol Andrés.
- 4242. El bienaventurado Andrés los amonestó con estas palabras, diciendo: No convirtáis la paz de nuestro Señor Jesucristo en tumulto sedicioso y diabólico.
- 4343. Porque mi Señor, cuando fue entregado, lo soportó con toda paciencia; no contendió, no clamó, ni en las plazas oyó nadie su voz.
- 4444. Por tanto, guardad vosotros también silencio, reposo y paz; y no impidáis mi martirio, sino más bien preparaos vosotros mismos de antemano como atletas del Señor, para que podáis vencer las amenazas con un ánimo que no tema al hombre, y podáis sobrellevar los tormentos mediante la paciencia del cuerpo.
- 4545. Porque este padecimiento temporal no debe ser temido, mas debe temerse aquel que no tiene fin.
- 4646. El temor de los hombres es como humo que, levantándose y esparciéndose, se disipa.
- 4747. Y debemos temer aquellos tormentos que nunca tienen fin.
- 4848. Estos tormentos, si fueren ligeros, cualquiera puede soportarlos; mas si fueren graves, presto quitan la vida.
- 4949. Pero aquellos tormentos son eternos, donde hay llanto continuo, lamento y suplicios sin fin, a los cuales el procónsul Egeates no teme descender.
- 5050. Estad, pues, apercibidos para esto, a fin de que por breves aflicciones temporales alcancéis el descanso eterno, florezcáis perpetuamente y reinéis con Cristo.
- 5151. Habiendo exhortado el santo apóstol Andrés al pueblo con estas y otras palabras durante toda la noche, al rayar el alba mandó Egeates traer ante sí al bienaventurado Andrés; y sentado en el tribunal, dijo: Pensé que tú, habiendo reflexionado durante la noche, habrías apartado tus pensamientos de la locura y desistido de tu alabanza a Cristo para estar con nosotros y no perder los placeres de la vida; pues es insensatez someterse por cualquier causa al suplicio de la cruz y entregarse a tan vergonzosos tormentos y quemaduras.
- 5252. San Andrés respondió: Podré gozarme contigo si creyeres en Cristo y desechares la adoración de los ídolos; porque Cristo me envió a esta provincia, donde gané para él un pueblo no pequeño.
- 5353. Egeates dijo: Por esto mismo te compelo a ofrecer libación, para que este pueblo que fue engañado por ti abandone la vanidad de tus enseñanzas, y ellos mismos ofrezcan sacrificios de gratitud a los dioses; pues ni siquiera una ciudad ha quedado en Acaya en la cual sus templos no hayan sido desamparados y desiertos.
- 5454. Y ahora, por medio de ti, vuelvan ellos al culto de las imágenes, para que los dioses, que se airaron contra ti, aplacados con esto, te permitan volver a su favor y al nuestro.
- 5555. Mas si no lo hicieres, te aguardan diversas torturas por la cólera de los dioses; y después de esto, clavado en el madero de la cruz que tú ensalzas, morirás.
- 5656. San Andrés dijo: Oye, hijo de muerte y hojarasca aparejada para el fuego eterno, a mí, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo.
- 5757. Hasta ahora he tratado pacíficamente contigo acerca de la perfección de la fe, para que tú, recibiendo la proclamación de la verdad, fueses guiado a despreciar los ídolos vanos y adorar al Dios que está en los cielos; pero viendo que persistes en tu obstinada desvergüenza y piensas que temo tus amenazas, descarga sobre mí todo cuanto tengas por mayor en cuestión de suplicios.
- 5858. Porque cuanto más agradare a mi Rey, mayores tormentos soportaré por la confesión de su nombre.
- 5959. Entonces el procónsul Egeates, enfurecido, ordenó que el apóstol de Cristo fuese atormentado con azotes.
- 6060. Habiendo sido extendido, pues, por veintiún soldados y azotado despiadadamente, fue levantado y conducido delante del impío Egeates.
- 6161. Y este le habló diciendo: Escúchame, Andrés, y aparta tus pensamientos del derramamiento de tu sangre; mas si no me obedecieres, haré que perezcas en el madero de la cruz.
- 6262. San Andrés dijo: Siervo soy de la cruz de Cristo, y antes debo suplicar alcanzar el trofeo de la cruz que temerlo; mas para ti está reservado el tormento eterno, del cual, con todo, podrás librarte después de probar mi constancia, si creyeres en mi Cristo.
- 6363. Porque me duelo de tu perdición, y no me conturba mi propio padecimiento.
- 6464. Pues mi aflicción dura el espacio de un día, o a lo sumo dos; mas tu tormento por edades infinitas nunca tendrá fin.
- 6565. Por tanto, cesa ya de amontonar miserias y de encender el fuego eterno contra ti mismo.
- 6666. Egeates entonces, encendido en ira, mandó que el bienaventurado Andrés fuese crucificado.
- 6767. Y él, dejando a todos aquellos, subió a la cruz y le dijo en alta voz: Alégrate, oh cruz, que fuiste consagrada por el cuerpo de Cristo y adornada con sus miembros como con perlas preciosas.
- 6868. Ciertamente antes que mi Señor subiese sobre ti, infundías gran pavor terrenal; mas ahora, henchida de anhelo celestial, estás aparejada según mi oración.
- 6969. Porque sé, como quien cree, cuántas gracias posees en ti y cuántos dones preparados de antemano.
- 7070. Seguro, pues, y con gozo vengo a ti, para que tú también gozosa me recibas a mí, discípulo de Aquel que fue colgado de ti; porque siempre te amé y deseé abrazarte.
- 7171. ¡Oh cruz bendita, que recibiste hermosura y gracia de los miembros del Señor! ¡Oh tan deseada, amada sinceramente y solicitada con ardor, y ya dispuesta para mi alma que anhela por ti! Quítame de entre los hombres y devuélveme a mi Maestro, para que por ti me reciba Aquel que por ti me redimió.
- 7272. Habiendo dicho esto, el bienaventurado Andrés, estando de pie y contemplando atentamente la cruz, se despojó de sus vestiduras y las entregó a los verdugos, instando a los hermanos a que permitiesen a los ejecutores cumplir lo ordenado; pues estaban detenidos a cierta distancia.
- 7373. Y ellos, acercándose, lo levantaron en la cruz; y habiendo extendido su cuerpo con cuerdas, ataron solamente sus pies, mas no descoyuntaron sus junturas, habiendo recibido esta orden del procónsul: pues deseaba que padeciese largo tormento mientras estuviese colgado, y de noche fuese despedazado vivo por los perros.
- 7474. Y concurría allí una gran muchedumbre de hermanos, casi veinte mil; y viendo a los verdugos en pie, y que no habían hecho al bienaventurado lo que padecen los crucificados, pensaban que oirían de nuevo alguna palabra suya; porque ciertamente, mientras colgaba, movía la cabeza sonriendo.
- 7575. Y Estratocles le preguntó: ¿Por qué sonríes, Andrés, siervo de Dios? Tu risa nos conmueve al llanto y al duelo, porque somos privados de ti.
- 7676. Y el bienaventurado Andrés le respondió: ¿No he de sonreír, hijo mío Estratocles, ante el vano designio de Egeates, por el cual piensa vengarse de nosotros? Nada tenemos que ver con él ni con sus maquinaciones.
- 7777. Él no puede oír; pues si pudiese, comprendería por experiencia que el hombre que es de Jesús permanece inmune.
- 7878. Y habiendo dicho esto, habló a todos en general, pues la multitud se agolpaba enfurecida por la injusta sentencia de Egeates: Varones que estáis conmigo, y mujeres, y niños, y ancianos, siervos y libres, y cuantos quisiereis oír: os ruego que despreciéis toda esta vida presente, vosotros que por mi causa os habéis congregado aquí; y apresuraos a abrazar la vida que conduce a las cosas celestiales, y desechad de una vez por todas las vanidades temporales, afirmando el propósito de los que creen en Cristo.
- 7979. Y exhortaba a todos, enseñando que los padecimientos de esta vida presente no son dignos de ser comparados con la gloria venidera de la vida eterna.
- 8080. Y la multitud, oyendo lo que decía, no se apartaba del lugar, y el bienaventurado Andrés perseveraba hablándoles con fervor.
- 8181. Y tanto habló, que pasaron tres días y tres noches completas, sin que nadie se cansase ni se apartase de él.
- 8282. Y cuando al cuarto día contemplaron su nobleza, la incansable lucidez de su espíritu, la abundancia de sus palabras, la eficacia de sus exhortaciones, la firmeza de su alma, la sobriedad de su ánimo y la perfección de su razón, se encendieron en furor contra Egeates; y todos a una acudieron al tribunal gritando contra Egeates, que estaba sentado, diciendo: ¿Cuál es tu juicio, oh procónsul? Has juzgado perversamente; tus sentencias son inicuas.
- 8383. ¿En qué pecó este varón? ¿Qué mal ha cometido? La ciudad entera está turbada; a todos nos afliges; no traiciones la ciudad del César.
- 8484. Devuelve a los acayos este varón justo; devuélvenos a este hombre temeroso de Dios; no quites la vida a un varón santo.
- 8585. Cuatro días lleva colgado y permanece vivo; no habiendo comido nada, a todos nosotros nos ha saciado con su palabra.
- 8686. Baja a este hombre de la cruz y todos buscaremos la sabiduría; líbralo, y toda Acaya alcanzará misericordia.
- 8787. No es justo que él padezca esto, pues aun estando en la cruz no cesa de proclamar la verdad.
- 8888. Y como el procónsul se negase a escucharlos, haciendo al principio señas con la mano para dispersar a la multitud, ellos comenzaron a amotinarse contra él, siendo cerca de veinte mil hombres.
- 8989. Y el procónsul, viendo que estaban resueltos y temiendo que algo terrible le aconteciese, se levantó del tribunal y fue con ellos, prometiendo libertar al bienaventurado Andrés.
- 9090. Y algunos se adelantaron para anunciar al apóstol la causa por la cual venían al lugar.
- 9191. Mientras toda la multitud, pues, se regocijaba porque el bienaventurado Andrés iba a ser desatado, llegando el procónsul y alegrándose todos los hermanos juntamente con Maximila, oyéndolo el bienaventurado Andrés, dijo a los hermanos presentes: Lo que conviene que os declare al partir para el Señor, esto os diré.
- 9292. ¿Por qué causa has venido de nuevo a nosotros, Egeates? ¿Con qué motivo vienes a nosotros, siendo extraño a nuestra fe? ¿Qué osarás intentar de nuevo, o qué tramas? Dínoslo.
- 9393. ¿Vienes acaso a soltarnos, habiendo mudado de parecer? Yo no creo que hayas cambiado verdaderamente.
- 9494. Ni te creería si dijeras que eres mi amigo.
- 9595. ¿Tú, procónsul, sueltas al que ya está libre en Dios? De ninguna manera.
- 9696. Porque tengo con quien estar para siempre; tengo con quien vivir por incontables siglos.
- 9797. Hacia él voy; me apresuro hacia Aquel que me llamó y me dijo: No temas a ese hombre terrenal; no pienses que podrá retenerte, pues eres mío, y él es enemigo tuyo.
- 9898. Por tanto, habiéndote conocido por medio de Aquel que me miró, libre estoy de ti.
- 9999. Mas si deseas creer en Cristo, se te abrirá a su tiempo, como te prometí, camino de salvación; pero si viniste solo para soltarme, sábete que no seré bajado vivo de esta cruz en mi carne.
- 100100. Porque yo y los míos partimos hacia lo nuestro, dejándote a ti ser lo que eres y lo que ignoras acerca de ti mismo.
- 101101. Pues ya contemplo a mi Rey, ya le adoro, ya estoy delante de él, donde está la asamblea de los ángeles, donde él reina como único Soberano, donde hay luz sin noche, donde las flores nunca se marchitan, donde las tribulaciones jamás son conocidas, ni se nombra el dolor, donde hay gozo y alegría eterna.
- 102102. ¡Oh cruz bendita! Sin desearte a ti, nadie entra en aquel reposo.
- 103103. Mas me duelo, Egeates, por tus propias miserias, porque la perdición eterna está aparejada para recibirte.
- 104104. Corre, pues, por tu propia vida, desventurado, mientras aún puedes, no sea que después desees cuando ya no sea posible.
- 105105. Habiendo intentado él acercarse al madero de la cruz para desatar al bienaventurado Andrés, aclamándolo toda la ciudad, el santo Andrés clamó en alta voz: No permitas, Señor, que Andrés, ligado a tu madero, sea bajado; no me entregues al demonio desvergonzado, a mí que permanezco en tu misterio.
- 106106. Oh Jesucristo, no permitas que tu adversario me libre, habiendo sido colgado por tu causa; oh Padre, que este hombre vano no humille más al que conoció tu majestad.
- 107107. Los ejecutores, pues, extendiendo sus manos, no pudieron tocarle.
- 108108. Intentaron luego otros y otros desatarle, y ninguno pudo aproximarse a él, porque sus brazos quedaron entumecidos.
- 109109. Entonces el bienaventurado Andrés, habiendo rogado al pueblo, dijo: Os suplico fervientemente, hermanos, que me permitáis hacer primero oración a mi Señor.
- 110110. Y después procurad lo que queráis.
- 111111. Todo el pueblo, pues, guardó silencio respetuoso.
- 112112. Entonces el bienaventurado Andrés, con gran clamor, dijo: No permitas, oh Señor, que tu siervo sea apartado de ti en esta hora; porque es tiempo de que mi cuerpo sea entregado a la tierra, y tú me mandes ir a tu presencia.
- 113113. Tú que das la vida eterna, Maestro mío a quien amé, a quien en esta cruz confieso, a quien conozco y a quien poseo: recíbeme, oh Señor; y como te confesé y obedecí, escúchame ahora en esta palabra; y antes de que mi cuerpo descienda de la cruz, recíbeme en ti mismo, para que por mi partida muchos de mis hermanos alcancen entrada en tu reino y hallen descanso en tu majestad.
- 114114. Habiendo dicho esto, se mostró radiante de gozo a la vista de todos; pues un resplandor celestial, semejante a un relámpago, brilló sobre él y lo envolvió de tal modo que, a causa de tanta luz, los ojos de los mortales no podían mirarle.
- 115115. Y aquella luz resplandeciente permaneció como por espacio de media hora.
- 116116. Y cuando él hubo hablado así y glorificado al Señor, la luz se retiró, y él entregó el espíritu, y juntamente con aquel resplandor partió para el Señor, dándole gracias.
- 117117. Y después del tránsito del bienaventurado apóstol Andrés, siendo Maximila una de las mujeres más ilustres, la cual perseveraba con los que habían venido, tan pronto como supo que el apóstol había partido para el Señor, se acercó a la cruz juntamente con Estratocles, sin reparar en los presentes, y bajó con reverencia el cuerpo del santo apóstol.
- 118118. Y llegada la noche, rindiéndole los debidos cuidados, embalsamó el cuerpo con aromas preciosos y lo depositó en su propio sepulcro.
- 119119. Porque ella se había apartado de Egeates a causa de su perversa conducta y costumbres impías, habiendo escogido para sí una vida santa y quieta; y unida al amor de Cristo, vivía santamente con los hermanos.
- 120120. Egeates la importunaba con insistencia, prometiéndole hacerla dueña de todas sus riquezas; mas no habiendo podido persuadirla, se encendió en gran cólera y determinó acusar públicamente a todo el pueblo y enviar al César acusación formal contra Maximila y contra todos los creyentes.
- 121121. Y mientras disponía estas cosas en presencia de sus oficiales, a medianoche se levantó y, sin que nadie lo advirtiese, atormentado por el demonio, se precipitó desde una gran altura y, cayendo en medio de la plaza de la ciudad, expiró.
- 122122. Y esto fue anunciado a su hermano Estratocles; el cual envió a sus siervos, mandándoles que lo sepultasen entre los que habían perecido de muerte violenta.
- 123123. Mas no quiso tomar nada de sus riquezas, diciendo: No permita mi Señor Jesucristo, en quien he creído, que toque cosa alguna de los bienes de mi hermano, para que la condenación de aquel que osó perseguir al apóstol del Señor no recaiga sobre mí.
- 124124. Estas cosas sucedieron en la provincia de Acaya, en la ciudad de Patras, en la víspera de las calendas de diciembre, donde su gloriosa memoria permanece hasta el día de hoy, para honra y gloria de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.