3 Adán y Eva · Capítulo 6
- 1Tras su muerte, Noé, sus hijos y sus mujeres fueron a los cuerpos de nuestros padres, adoraron a Dios delante de ellos, y bendijeron sus almas ante ellos, llorando con profundo quebranto.
- 2Noé había ya terminado el arca, y ningún artífice quedaba en ella.
- 3Y él, con sus hijos, perseveraba en oración a Dios, rogándole que les mostrase el camino de la seguridad.
- 4Habiendo concluido Noé y sus hijos sus plegarias, Dios le dijo: Entra tú en la cueva de los tesoros, tú y tus hijos, y tomad el cuerpo de nuestro padre Adán y colocadlo en el arca;
- 5asimismo tomad el oro, el incienso y la mirra, y ponedlos en el arca junto con su cuerpo.
- 6Y Noé atendió a la voz de Dios, y entró en la cueva de los tesoros, él y sus hijos;
- 7adoraron a Dios delante de los cuerpos de nuestros padres, y entonces Noé tomó el cuerpo de nuestro padre Adán, y lo llevó en la fortaleza de Dios, no requiriendo la ayuda de nadie.
- 8Entonces Sem su hijo tomó el oro consigo, y Cam llevó la mirra, y Jafet llevó el incienso; y los sacaron de la cueva de los tesoros, corriendo de continuo sus lágrimas por sus mejillas.
- 9Mas al sacarlos, los cuerpos en medio de los cuales Adán yacía clamaron: ¿Habremos de ser separados de ti, oh padre nuestro Adán?
- 10Entonces el cuerpo de Adán respondió: ¡Ay, que debo apartarme de vosotros mis hijos, de esta santa montaña!
- 11Sé, no obstante, oh hijos míos, que Dios volverá a juntar todos nuestros cuerpos en otra sazón.
- 12Aguardad con paciencia hasta que nuestro Salvador tenga misericordia de nosotros.
- 13Y los demás cuerpos continuaron hablando entre sí, por el poder de la Palabra de Dios.
- 14Entonces Adán pidió a Dios que el fuego divino permaneciese en la lámpara, delante de sus hijos, hasta el tiempo en que los cuerpos hayan de resucitar.
- 15Y Dios dejó el fuego divino cabe ellos, para alumbrarlos.
- 16Cerró luego la cueva sobre ellos, y no dejó rastro alguno que indicase dónde está, hasta el día de la Resurrección, cuando Él los levantará a semejanza de todos los demás cuerpos.
- 17Empero el discurso que tuvo Adán, y eso estando muerto, fue por mandato de Dios, quien quiso mostrar Sus maravillas entre los muertos y los vivos.
- 18Después de esto ninguno de vosotros diga que el alma de Adán estuvo bajo el juicio de Satanás.
- 19No fue así; antes bien Dios mandó a las almas de los muertos que saliesen de debajo de Su mano y proclamasen las maravillas de Dios desde dentro de sus cuerpos.
- 20Luego se volvieron a sus lugares hasta el día de la redención segura que será otorgada a todos ellos.