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4 Baruc · Capítulo 7

  1. 11. Y Baruc se levantó y salió del sepulcro y halló al águila posada fuera del sepulcro.
  2. 22. Y el águila le dijo con voz humana: Salve, Baruc, mayordomo de la fe.
  3. 33. Y Baruc le dijo: Tú que hablas eres escogida de entre todas las aves del cielo, pues esto queda claro por el brillo de tus ojos; dime, entonces, ¿qué estás haciendo aquí?
  4. 44. Y el águila le dijo: Fui enviada aquí para que tú, a través de mí, envíes el mensaje que quisieres.
  5. 55. Y Baruc le dijo: ¿Puedes llevar este mensaje a Jeremías en Babilonia?
  6. 66. Y el águila le dijo: En verdad, fue para esta razón que fui enviada.
  7. 77. Y Baruc tomó la carta, y 15 higos del cesto de Abimelec, y los ató al cuello del águila y le dijo: Yo te digo, reina de las aves, ve en paz y con buena salud y lleva el mensaje por mí.
  8. 88. No seas como el cuervo que Noé envió y que nunca más volvió a él en el arca; sino sé como la paloma que, por tercera vez, trajo un informe al justo.
  9. 99. Por tanto, lleva tú también este buen mensaje a Jeremías y a los que están en su servidumbre, para que todo vaya bien para ti – lleva este papiro al pueblo y al escogido de Dios.
  10. 1010. Aunque todas las aves del cielo te cerquen y quieran luchar contigo, lucha – el Señor te dará fuerzas.
  11. 1111. Y no te desvíes a la derecha o a la izquierda, sino derecho como una flecha veloz, ve en el poder de Dios, y la gloria del Señor estará contigo durante todo el camino.
  12. 1212. Entonces el águila alzó vuelo y fue a Babilonia, llevando la carta atada al cuello; y cuando llegó descansó en un poste fuera de la ciudad, en un lugar desierto.
  13. 1313. Y quedó en silencio hasta que Jeremías apareció, pues él y algunos del pueblo estaban saliendo para sepultar un cadáver fuera de la ciudad.
  14. 1414. (Pues Jeremías había pedido al rey Nabucodonosor, diciendo: “Dame un lugar donde yo pueda sepultar a los que murieron de mi pueblo;” y el rey se lo dio a él.)
  15. 1515. Y cuando salían con el cuerpo y llorando, llegaron adonde estaba el águila.
  16. 1616. Y el águila gritó en alta voz, diciendo: Te digo: Jeremías, el escogido de Dios, ve y reúne al pueblo y ven aquí para que oigan una carta que te he traído de Baruc y Abimelec.
  17. 1717. Y cuando Jeremías oyó esto, glorificó a Dios; y fue y reunió al pueblo junto con sus esposas e hijos, y llegó adonde el águila estaba.
  18. 1818. Y el águila descendió sobre el cadáver, y este revivió.
  19. 1919. (Ahora bien, esto aconteció para que creyesen.)
  20. 2020. Y todo el pueblo quedó maravillado por lo que había acontecido y dijo: Este es el Dios que apareció a nuestros padres en el desierto por medio de Moisés, y ahora se nos apareció por medio del águila.
  21. 2121. Y el águila dijo: Te digo, Jeremías, ven, desata esta carta y léela al pueblo – Entonces él desató la carta y la leyó al pueblo.
  22. 2222. Y cuando el pueblo oyó esto, lloró y echó polvo sobre su cabeza, y dijo a Jeremías: Líbranos y dinos qué hacer para que podamos entrar nuevamente en nuestra ciudad.
  23. 2323. Y Jeremías respondió y les dijo: Haced todo lo que oísteis en la carta, y el Señor nos llevará a nuestra ciudad.
  24. 2424. Y Jeremías escribió una carta a Baruc, diciendo así: Hijo mío amado, no seas negligente en tus oraciones, suplicando a Dios en nuestro favor, para que él pueda dirigir nuestro camino hasta que salgamos de la jurisdicción de este rey inicuo.
  25. 2525. Pues vosotros fuisteis considerados justos delante de Dios, y él no os dejó venir aquí, para que no vieseis la aflicción que cayó sobre el pueblo por las manos de los babilonios.
  26. 2626. Pues es como un padre con un hijo único, que es entregado al castigo; y aquellos que ven a su padre y lo consuelan cubren su rostro, para que él no vea cómo su hijo está siendo castigado y quede aún más devastado por el dolor.
  27. 2727. Pues así Dios tuvo piedad de vosotros y no os dejó entrar en Babilonia, para que no vieseis la aflicción del pueblo.
  28. 2828. Pues desde que llegamos aquí, el dolor no nos abandonó, hace 66 años.
  29. 2929. Muchas veces cuando salí hallé a algunas personas colgadas por el rey Nabucodonosor, llorando y diciendo: “¡Ten piedad de nosotros, Dios-ZAR!”
  30. 3030. Cuando oí esto, sufrí y lloré con un luto doble, no sólo porque ellos estaban suspendidos, sino porque invocaban a un Dios extraño, diciendo: "Ten misericordia de nosotros".
  31. 3131. Pero me acordé de los días de fiesta que celebramos en Jerusalén antes de nuestro cautiverio; y cuando me acordé, gemí y volví a mi casa llorando y llorando.
  32. 3232. Ahora, pues, en el lugar donde vosotros estáis, tú y Abimelec, orad por este pueblo, para que oigan mi voz y los decretos de mi boca, para que podamos salir de aquí.
  33. 3333. Pues yo os digo que durante todo el tiempo que pasamos aquí ellos nos mantuvieron en sujeción, diciendo: Recitad para nosotros un cántico de los cánticos de Sion, el cántico de vuestro Dios.
  34. 3434. Y nosotros les respondimos: ¿Cómo cantaremos para vosotros, ya que estamos en tierra extranjera?
  35. 3535. Y después de esto, Jeremías ató la carta al cuello del águila, diciendo: Ve en paz, y que el Señor cuide de nosotros dos.
  36. 3636. Y el águila alzó vuelo y vino a Jerusalén y entregó la carta a Baruc; y después de desatarla, la leyó, la besó y lloró al oír sobre las angustias y aflicciones del pueblo.
  37. 3737. Mas Jeremías tomó los higos y los distribuyó a los enfermos entre el pueblo, y continuó enseñándoles a abstenerse de las contaminaciones de los gentiles de Babilonia.