LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

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Sobre la resurrección (Atenágoras) · Capítulo 1

  1. 1Junto a toda opinión y doctrina que concuerda con la verdad de las cosas surge alguna falsedad; y esto sucede, no porque brote naturalmente de algún principio fundamental o de alguna causa propia del asunto tratado, sino porque la inventan deliberadamente hombres que aprecian la semilla espuria por su tendencia a corromper la verdad. Esto se manifiesta, en primer lugar, en quienes en tiempos pasados se dedicaron a tales investigaciones y en su falta de acuerdo con sus predecesores y contemporáneos y, no menos, en la confusión misma que caracteriza las discusiones actuales. Pues tales hombres no han dejado ninguna verdad libre de sus ataques calumniosos: ni el ser de Dios, ni su conocimiento, ni sus obras, ni aquellos escritos que se siguen de estos por una secuencia regular y rigurosa y nos exponen las doctrinas de la piedad.
  2. 2Por el contrario, algunos de ellos renuncian completa y definitivamente, desesperados, a la verdad acerca de estas cosas; otros la deforman para acomodarla a sus propias opiniones; y otros dudan deliberadamente incluso de lo que es manifiestamente evidente. Por eso pienso que quienes prestan atención a tales asuntos deben adoptar dos líneas de argumentación: una en defensa de la verdad y otra acerca de la verdad; la defensa de la verdad, para los incrédulos y los que dudan; la exposición de la verdad, para los sinceros que la reciben con prontitud.
  3. 3Por consiguiente, conviene a quienes desean investigar estas cuestiones tener presente lo que exige la necesidad de cada caso y regir por ello su discusión; deben adaptar el orden en que tratan estos asuntos a lo que corresponde a la ocasión, sin desatender, solo por parecer que mantienen siempre el mismo método, la conveniencia y el lugar que corresponde a cada tema. Pues, en cuanto a la demostración y al orden natural, las disertaciones acerca de la verdad preceden siempre a las que la defienden; pero, para mayor utilidad, debe invertirse el orden y los argumentos en su defensa han de preceder a los que versan sobre ella.
  4. 4El agricultor no podría sembrar debidamente la tierra si antes no arrancara la maleza y cuanto pudiera perjudicar a la buena semilla; tampoco el médico podría introducir medicamentos saludables en el cuerpo que necesita sus cuidados si no eliminara previamente la enfermedad presente o detuviera la que se aproxima. Tampoco, ciertamente, quien desea enseñar la verdad puede persuadir a nadie hablando de ella mientras una opinión falsa se oculte en la mente de sus oyentes y cierre el paso a sus argumentos. Por ello, buscando mayor utilidad, yo mismo a veces antepongo los argumentos en defensa de la verdad a los que versan sobre ella; y en esta ocasión, al considerar las exigencias del caso, me parece provechoso seguir el mismo método al tratar de la resurrección.
  5. 5Pues también con respecto a este asunto encontramos a algunos que no creen en absoluto, a otros que dudan y, aun entre quienes han aceptado los primeros principios, a algunos tan perplejos acerca de qué creer como los que dudan. Lo más inexplicable es que se hallan en ese estado de ánimo sin que en las propias cuestiones exista fundamento alguno para su incredulidad, ni puedan señalar una causa razonable por la cual no creen o sienten perplejidad.