Informe de Pilato · Capítulo 1
- 11. El Relato de Pilato, el Procurador, acerca de Nuestro Señor Jesucristo.
- 22. Enviado al Augusto César en Roma.
- 33. Primera forma griega.
- 44. En aquellos días, habiendo sido crucificado nuestro Señor Jesucristo bajo Poncio Pilato, procurador de Judea y de Fenicia, estos testimonios fueron redactados en Jerusalén sobre lo hecho por los judíos contra el Señor.
- 55. Pilato, por tanto, juntamente con su propio informe, los envió al César en Roma, escribiendo de esta manera: Al muy poderoso, venerado, divinísimo y temible, el augusto César, Pilato, gobernador de Oriente, salud.
- 66. Tengo, oh poderoso, una narración que comunicarte, a causa de la cual estoy sobrecogido de temor y temblor.
- 77. Pues en esta mi provincia, de la cual una de las ciudades se llama Jerusalén, todo el pueblo de los judíos me entregó a un varón llamado Jesús, trayendo contra él muchas acusaciones, de las cuales no pudieron convencerle por la consistencia de sus pruebas.
- 88. Y una de las disensiones que tenían contra él era que Jesús decía que el sábado de ellos no debía ser día de reposo y no debía guardarse.
- 99. Pues él obraba muchas sanidades en aquel día: hacía a los ciegos recobrar la vista, a los cojos andar; resucitaba a los muertos, limpiaba a los leprosos; sanaba a los paralíticos que no eran capaces de mover miembro alguno del cuerpo, ni de sostener firmes los tendones, sino que tan sólo tenían el habla y la emisión de la voz, dándoles poder de andar y correr, quitando su enfermedad con una sola palabra.
- 1010. Y otra obra aún más portentosa, que es extraña aun para nuestros dioses: resucitó a uno que llevaba cuatro días muerto, llamándolo con una sola palabra, cuando el difunto tenía ya su sangre corrompida, y su cuerpo estaba destruido por los gusanos que en él bullían, y despedía hedor de perro.
- 1111. Y viéndole yacer en el sepulcro, le mandó que corriese.
- 1212. Y no tenía él nada de cadáver; sino que como un esposo que sale del tálamo nupcial, salió del sepulcro lleno de gratísima fragancia.
- 1313. Y a extranjeros que estaban manifiestamente endemoniados, que moraban en los desiertos y comían su propia carne, viviendo como fieras y reptiles, aun a éstos hizo habitar en ciudades, y por su palabra los restituyó a su cabal juicio, haciéndolos cuerdos, prudentes y honrados, conviviendo con todos los que antes temían a los espíritus inmundos que en ellos moraban para perdición, a los cuales él precipitó en los abismos del mar.
- 1414. Y asimismo hubo otro que tenía una mano seca; y no sólo la mano, sino la mitad del cuerpo del varón, estaba entumecida, de suerte que no tenía figura de hombre ni fuerza para mover su cuerpo.
- 1515. Y él con una sola palabra lo sanó y lo dejó entero.
- 1616. Y una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía muchos años, cuyas coyunturas y venas estaban agotadas por el derramamiento de la sangre, de modo que no presentaba aspecto de ser humano, sino que parecía un cadáver, y desfallecía todos los días, sin que ninguno de los médicos de la región pudiese curarla.
- 1717. Pues ya no quedaba para ella esperanza alguna de vida.
- 1818. Y pasando Jesús, ella misteriosamente cobró aliento por su sombra; y asió el borde de su manto por detrás, y al instante en la misma hora la virtud llenó lo que en ella estaba desfallecido, de suerte que, no sintiendo dolor alguno, comenzó a correr velozmente hacia su propia ciudad, Capernaum, de modo que completó la jornada en seis días.
- 1919. Y éstas son las cosas que últimamente tuve en mente relatar, las cuales Jesús obró en sábado.
- 2020. Y él hizo otras señales mayores que éstas, de tal manera que comprendí que las maravillas hechas por él son mayores de lo que pueden hacer los dioses a quienes adoramos.
- 2121. Y a éste Herodes, y Arquelao, y Felipe, Anás y Caifás, con todo el pueblo, me lo entregaron, levantando contra mí gran alboroto, para que yo le juzgase.
- 2222. Por tanto, mandé que fuese crucificado, después de haberle azotado y no habiendo hallado en él causa alguna de acusación o delito.
- 2323. Y en la hora en que fue crucificado sobrevinieron tinieblas sobre todo el orbe, oscureciéndose el sol al mediodía, y apareciendo las estrellas, mas en ellas no se divisaba resplandor; y la luna, como convertida en sangre, perdió su lumbre.
- 2424. Y el mundo fue conmovido por los abismos inferiores, de suerte que el mismo santuario del templo, como lo llaman, no pudo ser visto por los judíos en su derrumbe; y vieron debajo de sí una sima en la tierra, con el fragor de los truenos que caían sobre ella.
- 2525. Y en aquel espanto fueron vistos muertos que habían resucitado, como los mismos judíos testificaron; y decían que eran Abraham, e Isaac, y Jacob, y los doce patriarcas, y Moisés y Job, que habían muerto, según dicen, tres mil quinientos años antes.
- 2626. Y fueron muchos los que también yo vi aparecer en cuerpo; y se lamentaban por los judíos, a causa de la iniquidad cometida por ellos y por la ruina de los judíos y de su ley.
- 2727. Y el pavor del terremoto duró desde la hora sexta de la preparación hasta la hora novena.
- 2828. Y en la noche del primer día de la semana vino del cielo un estrépito, de modo que el firmamento quedó iluminado siete veces más que en todos los días.
- 2929. Y en la tercera hora de la noche también el sol fue visto más resplandeciente de lo que jamás había brillado antes, alumbrando todo el cielo.
- 3030. Y a la manera que los relámpagos irrumpen de súbito en el invierno, así aparecieron varones majestuosos en vestiduras de gloria, una multitud innumerable, cuya voz se oía semejante a la de un gran trueno, clamando: Jesús que fue crucificado ha resucitado: subid del Hades, vosotros los que estabais cautivos en las regiones subterráneas del Hades.
- 3131. Y la sima de la tierra parecía no tener fondo; antes bien parecía que los mismos cimientos de la tierra se mostraban juntamente con aquellos que clamaban en los cielos, y andaban en cuerpo en medio de los muertos que habían resucitado.
- 3232. Y aquel que resucitó a todos los muertos y ató al Hades dijo: Decid a mis discípulos: Él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis.
- 3333. Y durante toda aquella noche no cesó de brillar la luz.
- 3434. Y muchos de los judíos perecieron, tragados por la sima de la tierra, de tal suerte que al día siguiente la mayor parte de los que habían estado contra Jesús no pudieron ser hallados.
- 3535. Otros vieron la aparición de los resucitados, a quienes ninguno de nosotros había visto jamás.
- 3636. Y sólo quedó una sinagoga de los judíos en esta Jerusalén, habiendo desaparecido las demás en aquel cataclismo.
- 3737. En medio de este terror, perplejo y dominado por espantoso temblor, puse por escrito lo que vi en aquel tiempo y lo relaté a tu majestad.
- 3838. Habiendo puesto en orden también lo que fue hecho por los judíos contra Jesús, lo he enviado, señor mío, a tu divinidad.