Cartas de Pablo y Séneca · Capítulo 14
- 1Pablo a Séneca, salud. A tus meditaciones han sido reveladas aquellas cosas que la Divinidad concedió a pocos. Con confianza, pues, siembro en un campo ya fértil una semilla fertilísima, no de materia sujeta a corrupción, sino la palabra permanente, una emanación de Dios que crece y permanece para siempre.
- 2A esto ha llegado tu sabiduría y verás que ella es indefectible, de modo que juzgues que las leyes de los gentiles y de los israelitas deben ser evitadas. Puedes convertirte en un nuevo autor, mostrando con las galas de la elocuencia la intachable sabiduría de Jesucristo, la cual tú, habiéndola casi alcanzado, inculcarás en el monarca temporal, en sus siervos y en sus amigos íntimos;
- 3Con todo, persuadirlos será tarea áspera y difícil, por cuanto muchos de ellos apenas se inclinarán a tus amonestaciones. Sin embargo, la palabra de Dios, si se infundiere en ellos, será una ganancia vital, que producirá un hombre nuevo, incorrupto, y un alma eterna que desde aquí se apresurará hacia Dios. Pásalo bien, Séneca, dilectísimo para mí. Dado en las calendas de agosto; siendo cónsules León y Sabino.