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Escrituras y Manuscritos

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Sobre la oración (Tertuliano) · Capítulo 16

  1. 1En cuanto a la costumbre que algunos tienen de sentarse una vez terminada la oración, no veo motivo para ello, salvo el que alegan los niños. Pues si Hermas, cuya obra suele llevar el título de El Pastor, después de terminar su oración no se hubiera sentado en su cama, sino que hubiera hecho otra cosa, ¿deberíamos observar también eso como una regla? Por supuesto que no. La propia frase, Cuando hube orado y me hube sentado en mi cama, se incluye simplemente para indicar el orden de la narración, no como modelo de disciplina. De otro modo, ¡no podríamos orar en ningún lugar donde no hubiera una cama! Más aún, quien se sentara en una silla o en un banco obraría contra aquella obra. Además, como los paganos hacen lo mismo, sentándose después de adorar sus pequeñas imágenes, también por este motivo merece censura entre nosotros esa práctica, pues se observa en el culto a los ídolos.
  2. 2A esto se añade la acusación de irreverencia, comprensible incluso para los propios paganos, si tuvieran algún discernimiento. Si es irreverente sentarse bajo la mirada y ante aquel a quien más respetas y veneras, ¡cuánto más irreligioso es hacerlo bajo la mirada del Dios vivo, mientras el ángel de la oración aún permanece de pie a nuestro lado, a menos que reprochemos a Dios que la oración nos ha cansado!