LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

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Sobre la oración (Tertuliano) · Capítulo 13

  1. 1Pero ¿qué sentido tiene acudir a la oración con las manos lavadas y el espíritu sucio? Pues incluso para las propias manos se requiere pureza espiritual, a fin de que sean alzadas puras, libres de falsedad, homicidio, crueldad, envenenamientos, idolatría y todas las demás manchas que, concebidas por el espíritu, se realizan mediante la acción de las manos. Esas son las verdaderas purificaciones, no aquellas de las que la mayoría se ocupa supersticiosamente, recurriendo al agua en cada oración, incluso cuando acaba de salir de un baño de todo el cuerpo. Cuando investigué escrupulosamente esta práctica y busqué su razón, descubrí que era un acto conmemorativo relacionado con la entrega de nuestro Señor.
  2. 2Nosotros, sin embargo, oramos al Señor; no lo entregamos. Más aún, debemos oponernos al ejemplo de quien lo entregó y, por ese motivo, no lavarnos las manos. A menos que alguna suciedad adquirida en el trato humano sea motivo de conciencia para lavarlas, ya están suficientemente limpias, pues una vez las lavamos en Cristo junto con todo nuestro cuerpo.