Historia de José el Carpintero · Capítulo 27
Después de esto, los varones principales de la ciudad se reunieron en el lugar donde había sido puesto el cuerpo del bienaventurado anciano José, trayendo consigo mortajas; y quisieron envolverlo en ellas según la costumbre con que los judíos suelen disponer sus cuerpos muertos. Y notaron que él retenía fuertemente su sudario; porque se adhería al cuerpo de tal manera que, cuando quisieron quitarlo, parecía de hierro — imposible de ser movido o desatado. Tampoco pudieron hallar puntas en aquel lienzo, lo cual les causó grandísimo asombro. Por fin, le llevaron fuera a un lugar donde había una cueva, y abrieron la puerta para sepultar su cuerpo junto a los cuerpos de sus padres. Vino entonces a mi memoria el día en que él caminó conmigo hacia Egipto, y aquella extrema fatiga que soportó por mi causa. Por lo cual lloré su muerte largo tiempo; y recostándome sobre su cuerpo, dije:
Texto en inglés: Ante-Nicene Fathers, vol. 8 (Buffalo: Christian Literature Publishing Co., 1886), History of Joseph the Carpenter, Alexander Walker, 1886 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.
Fuente: Ante-Nicene Fathers, vol. 8 (Buffalo: Christian Literature Publishing Co., 1886), History of Joseph the Carpenter, Alexander Walker (1886) · dominio público