Historia de José el Carpintero · Capítulo 24
Yacía entonces su cuerpo tendido y exangüe; por lo cual extendí mi mano, compuse sus ojos, cerré su boca y dije a la virgen María: Oh madre mía, ¿dónde está la destreza que manifestó en todo el tiempo que vivió en este mundo? ¡He aquí que ha perecido, como si nunca hubiese existido! Y oyendo sus hijos que yo hablaba con mi madre, la pura virgen, entendieron que ya había expirado, y derramaron lágrimas y prorrumpieron en llanto. Mas yo les dije: De cierto la muerte de vuestro padre no es muerte, sino vida eterna; porque ha sido librado de las aflicciones de esta vida y ha pasado al reposo perpetuo y perdurable. Oyendo ellos estas palabras, rasgaron sus vestidos y lloraron.
Texto en inglés: Ante-Nicene Fathers, vol. 8 (Buffalo: Christian Literature Publishing Co., 1886), History of Joseph the Carpenter, Alexander Walker, 1886 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.
Fuente: Ante-Nicene Fathers, vol. 8 (Buffalo: Christian Literature Publishing Co., 1886), History of Joseph the Carpenter, Alexander Walker (1886) · dominio público