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Evangelio Árabe de la Infancia · Capítulo 1

  1. 11. El Evangelio Árabe de la Infancia del Salvador: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, un solo Dios.
  2. 22. Con la ayuda y favor del Altísimo comenzamos a escribir un libro de los milagros de nuestro Señor y Maestro y Salvador Jesucristo, que se llama Evangelio de la Infancia: en la paz del Señor, Amén.
  3. 33. Hallamos lo que se sigue en el libro de José, el sumo sacerdote, que vivió en la época de Cristo.
  4. 44. Algunos dicen que él es Caifás.
  5. 55. Él dijo que Jesús habló, y, de hecho, cuando estaba acostado en su cuna, dijo a María, su madre: Yo soy Jesús, el Hijo de Dios, el Logos, que tú diste a luz, como el Ángel Gabriel te anunció; y mi Padre me envió para la salvación del mundo.
  6. 66. En el año trescientos nueve de la era de Alejandro, Augusto promulgó un edicto según el cual todo hombre debía ser empadronado en su tierra natal.
  7. 77. Entonces José se levantó y, tomando a María, su esposa, fue a Jerusalén y vino a Belén, para ser empadronado con su familia en su ciudad natal.
  8. 88. Y, llegando a una cueva, María dijo a José que la hora del nacimiento estaba cercana y que ella no podría entrar en la ciudad; mas, dijo ella, entremos en esta cueva.
  9. 99. Esto aconteció al ponerse el sol.
  10. 1010. Y José salió apresuradamente a buscar una mujer que estuviese cerca de ella.
  11. 1111. Cuando, por tanto, él estaba ocupado en esto, vio a una anciana hebrea perteneciente a Jerusalén, y dijo: Ven acá, mi buena mujer, y entra en esta cueva, donde está una mujer cerca de su tiempo.
  12. 1212. Por tanto, después de la puesta del sol, la anciana, y José con ella, llegaron a la cueva, y ambos entraron.
  13. 1313. Y he aquí que estaba llena de luces más hermosas que el resplandor de las lámparas y de las velas, y más espléndidas que la luz del sol.
  14. 1414. El niño, envuelto en pañales, mamaba del pecho de Nuestra Señora su madre, habiendo sido puesto en un pesebre.
  15. 1515. Y cuando ambos se admiraban con esta luz, la anciana pregunta a la Señora María: ¿Eres tú la madre de este Niño? Y cuando la Señora María dio su consentimiento, ella dijo: Tú no eres en nada semejante a las hijas de Eva.
  16. 1616. La Señora María dijo: Así como mi hijo no tiene igual entre los niños, su madre no tiene igual entre las mujeres.
  17. 1717. La anciana respondió: Mi señora, vine a buscar paga; hace mucho tiempo que padezco de parálisis.
  18. 1818. Nuestra señora, la Señora María, le dijo: Pon tus manos sobre el niño.
  19. 1919. Y la anciana así lo hizo y quedó inmediatamente sana.
  20. 2020. Entonces ella salió, diciendo: De aquí en adelante seré la sirvienta y sierva de este niño todos los días de mi vida.
  21. 2121. Después vinieron los pastores; y cuando encendieron fuego y se regocijaron en gran manera, se les aparecieron las huestes del cielo alabando y glorificando al Dios Altísimo.
  22. 2222. Y mientras los pastores hacían lo mismo, la cueva fue entonces transformada en templo del mundo superior, pues tanto las voces celestiales como las terrenales glorificaban y engrandecían a Dios a causa del nacimiento del Señor Cristo.
  23. 2323. Y cuando aquella anciana hebrea vio la manifestación de aquellos milagros, dio gracias a Dios, diciendo: Te doy gracias, oh Dios, el Dios de Israel, porque mis ojos han visto el nacimiento del Salvador del mundo.
  24. 2424. Y estando cercano el tiempo de la circuncisión, esto es, el octavo día, el niño debía ser circuncidado conforme a la ley.
  25. 2525. Por tanto le circuncidaron en la cueva.
  26. 2626. Y la anciana hebrea tomó el trozo de piel; mas algunos dicen que ella tomó el cordón del ombligo y lo puso en una vasija con aceite añejo de nardo.
  27. 2727. Y ella tenía un hijo, un mercader de ungüentos, y se lo dio a él, diciendo: Mira, no vendas este frasco de ungüento de nardo, aunque te ofrezcan por él trescientos denarios.
  28. 2828. Y esta es aquella vasija que María, la pecadora, compró y derramó sobre la cabeza y los pies de nuestro Señor Jesucristo, los cuales después ella secó con los cabellos de su cabeza.
  29. 2929. Diez días después, le llevaron a Jerusalén; y en el cuadragésimo día después de su nacimiento, le llevaron al templo y le presentaron delante del Señor, y ofrecieron sacrificios por él, conforme al mandamiento de la ley de Moisés, que dice: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo para Dios.
  30. 3030. Entonces el anciano Simeón le vio resplandeciente como una columna de luz, cuando la Señora María, su virgen madre, regocijándose por él, le llevaba en sus brazos.
  31. 3131. Y ángeles, alabándole, formaron un círculo a su alrededor, como guardias al lado de un rey.
  32. 3232. Simeón, por tanto, fue apresuradamente hasta la Señora María y, con las manos extendidas delante de ella, dijo al Señor Cristo: Ahora, oh mi Señor, deja a tu siervo partir en paz, conforme a tu palabra; porque mis ojos han visto tu compasión, que has preparado para salvación de todos los pueblos, luz para todas las naciones y gloria para tu pueblo Israel.
  33. 3333. También Ana, una profetisa, estaba presente y apareció, dando gracias a Dios y llamando bienaventurada a la Señora María.
  34. 3434. Y aconteció que, cuando el Señor Jesús nació en Belén de Judea, en los días del rey Herodes, he aquí que vinieron magos del oriente a Jerusalén, como Zaratustra había predicho; y traían consigo presentes: oro, incienso y mirra.
  35. 3535. Y le adoraron y le presentaron sus dones.
  36. 3636. Entonces la Señora María tomó uno de los pañales y, a causa de la escasez de sus recursos, se lo dio a ellos; y ellos lo recibieron de ella con las mayores honras.
  37. 3737. Y en la misma hora se les apareció un ángel en la forma de aquella estrella que antes los había guiado en su camino; y partieron, siguiendo la guía de su luz, hasta que llegaron a su propia tierra.
  38. 3838. Y sus reyes y príncipes se reunieron junto a ellos, preguntando qué habían visto o hecho, cómo habían ido y vuelto, qué habían traído consigo.
  39. 3939. Y les mostraron aquella faja que la Señora María les había dado.
  40. 4040. Por tanto, celebraron una fiesta y, conforme a su costumbre, encendieron un fuego y lo adoraron, y arrojaron en él aquel pañal; y el fuego se apoderó de él y lo envolvió.
  41. 4141. Y cuando el fuego se apagó, sacaron la faja exactamente como estaba antes, como si el fuego no la hubiese tocado.
  42. 4242. Por eso comenzaron a besarla y a ponerla sobre su cabeza y sobre sus ojos, diciendo: Esta es verdaderamente la verdad, sin duda alguna.
  43. 4343. Ciertamente es una gran cosa que el fuego no haya podido quemarla ni destruirla.
  44. 4444. Entonces la tomaron y con la mayor honra la depositaron entre sus tesoros.
  45. 4545. Y cuando Herodes vio que los magos le habían dejado y no volvieron a él, llamó a los sacerdotes y a los escribas y les dijo: Mostradme dónde ha de nacer el Cristo.
  46. 4646. Y cuando ellos respondieron: En Belén de Judea, él comenzó a tramar la muerte del Señor Jesucristo.
  47. 4747. Entonces apareció un ángel del Señor a José, mientras él dormía, y dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto.
  48. 4848. Él se levantó, por tanto, al canto del gallo y partió.
  49. 4949. Mientras él meditaba sobre cómo debía iniciar su camino, la mañana le alcanzó después de haber recorrido un breve trecho.
  50. 5050. Y ahora se acercaba a una gran ciudad, en la cual había un ídolo, al cual los otros ídolos y dioses de los egipcios ofrecían presentes y votos.
  51. 5151. Y estaba delante de este ídolo un sacerdote que le servía, el cual, cada vez que Satanás hablaba desde aquel ídolo, refería esto a los habitantes de Egipto y de sus territorios.
  52. 5252. Este sacerdote tenía un hijo de tres años, atormentado por varios demonios; y profería muchos discursos y declaraciones; y cuando los demonios se apoderaban de él, desgarraba sus vestiduras, y quedaba desnudo, y arrojaba piedras al pueblo.
  53. 5353. Y había un hospital en aquella ciudad dedicado a ese ídolo.
  54. 5454. Y cuando José y la Señora María llegaron a la ciudad y entraron en aquel hospital, los ciudadanos tuvieron gran temor; y todos los magistrados y los sacerdotes de los ídolos se reunieron junto a ese ídolo y le dijeron: ¿Qué conmoción y agitación es esta que ha surgido en nuestra tierra? El ídolo les respondió: Un Dios ha venido aquí en secreto, el cual es verdaderamente Dios; ni ningún dios fuera de Él es digno de adoración divina, porque Él es verdaderamente el Hijo de Dios.
  55. 5555. Y cuando esta tierra conoció su presencia, tembló ante su llegada, y fue conmovida y estremecida; y tenemos gran temor de la grandeza de su poder.
  56. 5656. Y en la misma hora aquel ídolo cayó, y con su caída todos, los habitantes de Egipto y otros, corrieron juntos.
  57. 5757. Y el hijo del sacerdote, habiéndole sobrevenido su mal acostumbrado, entró en el hospital, y halló a José y a la Señora María, de los cuales todos los demás habían huido.
  58. 5858. La Señora María lavó los pañales del Señor Cristo y los tendió sobre un madero.
  59. 5959. Aquel niño endemoniado, por tanto, vino y tomó uno de los pañales y lo puso sobre su cabeza.
  60. 6060. Entonces los demonios, huyendo en figura de cuervos y de serpientes, comenzaron a salir de su boca.
  61. 6161. El niño, habiendo sido inmediatamente curado por orden del Señor Cristo, comenzó a alabar a Dios y después a dar gracias al Señor que le curó.
  62. 6262. Y cuando su padre le vio restituido a la salud: Hijo mío, le dijo, ¿qué te ha acontecido? ¿y de qué manera has sido sanado? El hijo respondió: Cuando los demonios me derribaron en tierra, entré en el hospital y hallé allí una augusta mujer con un niño, cuyos lienzos recién lavados había ella puesto sobre un madero: tomé uno de estos y lo puse sobre mi cabeza, y los demonios me dejaron y huyeron.
  63. 6363. Con esto el padre se alegró en gran manera y dijo: Hijo mío, ¿es posible que este niño sea el Hijo del Dios vivo que creó los cielos y la tierra? pues cuando vino a nosotros, el ídolo fue quebrado y todos los dioses cayeron y perecieron por el poder de su magnificencia.
  64. 6464. Aquí se cumplió la profecía que dice: De Egipto llamé a mi hijo.
  65. 6565. En verdad, José y María, cuando oyeron que aquel ídolo se había caído y perecido, temblaron y tuvieron miedo.
  66. 6666. Entonces dijeron: Cuando estábamos en la tierra de Israel, Herodes procuró matar a Jesús, y por eso mató a todos los niños de Belén y de sus términos; y no hay duda de que los egipcios, tan pronto como sepan que este ídolo fue quebrado, nos quemarán con fuego.
  67. 6767. Saliendo de allí, llegaron a un lugar donde había ladrones que habían despojado el equipaje y los vestidos de varios hombres y los habían atado.
  68. 6868. Entonces los ladrones oyeron un gran estruendo, como el estrépito de un rey magnífico que salía de su ciudad con su ejército, sus carros y sus atabales; y con esto los ladrones se aterrorizaron y abandonaron todo su despojo.
  69. 6969. Y sus cautivos se levantaron, se desataron unos a otros, recuperaron sus pertenencias y se fueron.
  70. 7070. Y cuando vieron a José y a María llegar al lugar, les dijeron: ¿Dónde está aquel rey, por cuyo estruendo magnífico de acercamiento los ladrones nos dejaron, de modo que escapamos sanos y salvos? José les respondió: Él vendrá detrás de nosotros.
  71. 7171. Después de esto, llegaron a otra ciudad, donde había una mujer endemoniada a quien Satanás, maldito y rebelde, había acosado, cuando en cierta ocasión ella salió de noche a buscar agua.
  72. 7272. Ella no podía vestir ropas ni morar en casa; y siempre que la ataban con cadenas y correas, las rompía y huía desnuda a lugares desiertos; y, quedándose en las encrucijadas y cementerios, apedreaba a las personas y causaba pesadísimas calamidades sobre sus allegados.
  73. 7373. Y cuando la Señora María la vio, tuvo compasión de ella; y al punto Satanás la dejó y huyó en figura de un joven, diciendo: ¡Ay de mí por causa de ti, María, y de tu hijo!
  74. 7474. Entonces aquella mujer fue curada de su tormento y, recuperado el juicio, se avergonzó a causa de su desnudez; y esquivando la mirada de los hombres, fue a casa con sus familiares.
  75. 7575. Y después de vestirse, refirió lo acontecido a su padre y a sus amigos; y como eran los principales de la ciudad, recibieron a la Señora María y a José con la mayor honra y hospitalidad.
  76. 7676. Al día siguiente, provistos por ellos de víveres para el camino, partieron y, al anochecer de aquel día, llegaron a otra ciudad, donde estaban celebrando bodas; mas, por las artes del maldito Satanás y por la obra de hechiceros, la desposada había quedado muda y no podía pronunciar palabra alguna.
  77. 7777. Y después que la Señora María entró en la ciudad, llevando a su hijo, el Señor Cristo, aquella desposada muda la vio, y extendió las manos hacia el Señor Cristo, y lo atrajo hacia sí, y lo tomó en sus brazos, y lo estrechó y lo besó, e inclinándose sobre Él, mecía su cuerpo hacia adelante y hacia atrás.
  78. 7878. Inmediatamente el nudo de su lengua se desató y sus oídos se abrieron; y dio gracias y alabanzas a Dios, porque Él le restituyó la salud.
  79. 7979. Y en aquella noche los habitantes de aquella ciudad se regocijaron con alegría y pensaron que Dios y sus ángeles habían descendido a ellos.
  80. 8080. Allí permanecieron tres días, siendo tenidos en grande honor y viviendo con esplendidez.
  81. 8181. Después de esto, habiendo sido abastecidos por ellos de provisiones para el viaje, partieron y llegaron a otra ciudad, en la cual, por ser muy populosa, pensaron pasar la noche.
  82. 8282. Y había en aquella ciudad una mujer distinguida: y una vez, cuando fue al río a bañarse, he aquí que el maldito Satanás, en figura de serpiente, saltó sobre ella y se enroscó en torno a su vientre; y cada vez que llegaba la noche, la atormentaba tiránicamente.
  83. 8383. Esta mujer, viendo a la Señora María, y al niño, el Señor Cristo, en su seno, sintió anhelo de él y dijo a la Señora María: Oh señora, dame este niño, para que pueda abrazarlo y besarlo.
  84. 8484. Ella, por tanto, se lo entregó a la mujer; y cuando Él fue acercado a ella, Satanás la soltó, huyó y la dejó, y la mujer nunca más lo volvió a ver después de aquel día.
  85. 8585. Por tanto, todos los presentes alabaron al Dios Altísimo, y aquella mujer les concedió dádivas generosas.
  86. 8686. Al día siguiente, la misma mujer trajo agua perfumada para lavar al Señor Jesús; y después de lavarle, tomó el agua con que había hecho esto y derramó parte de ella sobre una niña que moraba allí, cuyo cuerpo estaba blanco de lepra, y la lavó con ella.
  87. 8787. Y tan pronto como esto fue hecho, la doncella quedó curada de la lepra.
  88. 8888. Y los habitantes de la ciudad dijeron: Sin duda alguna José, María y aquel niño son dioses, y no hombres.
  89. 8989. Y cuando se estaban preparando para partir, la joven que había padecido la lepra se acercó a ellos y les rogó que la dejasen ir con ellos.
  90. 9090. Cuando ellos le concedieron licencia, ella fue con ellos.
  91. 9191. Y después llegaron a una ciudad donde estaba el castillo de un ilustre príncipe, que mantenía una casa para hospedaje de forasteros.
  92. 9292. Se hospedaron en este aposento; y la doncella fue a la esposa del príncipe; y la halló llorando y triste, y le preguntó por qué lloraba.
  93. 9393. No te maravilles, dijo ella, ante mis lágrimas; pues estoy abrumada por una gran angustia, la cual todavía no me he atrevido a declarar a nadie.
  94. 9494. Quizá, dijo la joven, si me lo manifiestas y revelas, yo pueda tener un remedio para ello.
  95. 9595. Guarda este secreto, entonces, respondió la princesa, y no lo cuentes a persona alguna.
  96. 9696. Fui casada con este príncipe, que es rey y gobernante de muchas ciudades, y viví largo tiempo con él, mas no le he dado hijo alguno.
  97. 9797. Y cuando al fin le di a luz un hijo, nació leproso; y tan pronto como lo vio, se apartó con aversión y me dijo: O mátalo o entrégalo a la nodriza para que sea criado en algún lugar de donde jamás volvamos a oír de él.
  98. 9898. Después de esto, nada tendré que ver contigo y jamás te volveré a ver.
  99. 9999. Por eso no sé qué hacer y estoy sumida en el dolor.
  100. 100100. ¡Ay de mí! hijo mío.
  101. 101101. ¡Ay de mí! esposo mío.
  102. 102102. ¿No te lo he dicho? dijo la doncella.
  103. 103103. He hallado una cura para tu aflicción y te la manifestaré.
  104. 104104. Porque yo también era leprosa; mas fui purificada por Dios, que es Jesús, hijo de la Señora María.
  105. 105105. Y preguntándole la mujer dónde estaba ese Dios de quien hablaba: Aquí, contigo, dijo la doncella; Él está morando en esta misma casa.
  106. 106106. ¿Mas cómo es posible tal cosa? dijo ella.
  107. 107107. ¿Dónde está? Allí, dijo la joven, están José y María; y el niño que está con ellos se llama Jesús; y fue Él quien me sanó de mi dolencia y de mi tormento.
  108. 108108. ¿Mas de qué manera, dijo ella, fuiste sanada de la lepra? ¿No me lo dirás? ¿Por qué no? dijo la muchacha.
  109. 109109. Recibí de su madre el agua con que Él había sido lavado y la derramé sobre mí; y de este modo quedé limpia de mi lepra.
  110. 110110. Entonces la princesa se levantó y los invitó a gozar de su hospitalidad.
  111. 111111. Y preparó un banquete espléndido para José en una gran concurrencia de los hombres del lugar.
  112. 112112. Y al día siguiente tomó agua perfumada para lavar al Señor Jesús, y luego derramó la misma agua sobre su hijo, al cual había traído consigo; e inmediatamente su hijo fue sanado de la lepra.
  113. 113113. Por tanto, entonando gracias y alabanzas a Dios, dijo: Bienaventurada la madre que te dio a luz, oh Jesús; ¿acaso purificas a aquellos que participan de tu misma naturaleza con el agua en que fue lavado tu cuerpo? Además, concedió grandes dones a la augusta Señora María, y la despidió con grande honor.
  114. 114114. Llegando después a otra ciudad, quisieron pasar en ella la noche.
  115. 115115. Fueron, pues, a la casa de un hombre recién desposado, el cual, por influjo de hechicería, no podía allegarse a su esposa; y cuando hubieron pasado aquella noche con él, su atadura fue desatada.
  116. 116116. Y al amanecer, cuando se disponían a emprender el viaje, el desposado no los dejó partir y les dispuso un gran banquete.
  117. 117117. Partieron, por tanto, al día siguiente; y al aproximarse a otra ciudad, vieron a tres mujeres que lloraban al salir de un cementerio.
  118. 118118. Y cuando la Señora María las vio, dijo a la joven que la acompañaba: Pregúntales qué tienen, o qué desventura les ha sobrevenido.
  119. 119119. Y a las preguntas de la joven ellas no respondieron, mas preguntaron a su vez: ¿De dónde sois y a dónde vais? pues el día ha declinado y la noche se acerca.
  120. 120120. Somos forasteros, dijo la muchacha, y buscamos un albergue donde pasar la noche.
  121. 121121. Ellas dijeron: Venid con nosotras y pasad la noche con nosotras.
  122. 122122. Las siguieron, por tanto, y fueron conducidos a una casa nueva con adornos y muebles espléndidos.
  123. 123123. Era entonces invierno; y la doncella, entrando en el aposento de estas mujeres, las halló de nuevo llorando y lamentándose.
  124. 124124. Al lado de ellas estaba una mula, cubierta con gualdrapas de paño de oro, y sésamo fue puesto delante de ella; y las mujeres la besaban y le daban comida.
  125. 125125. Y la muchacha dijo: ¿Por qué tanto llanto, señoras mías, a causa de esta mula? Ellas le respondieron con lágrimas y dijeron: Esta mula que veis era nuestro hermano, nacido de la misma madre que nosotras.
  126. 126126. Y cuando nuestro padre murió y nos dejó grandes riquezas, y este único hermano, procuramos casarlo y le preparábamos sus desposorios, según la costumbre de los hombres.
  127. 127127. Mas algunas mujeres, movidas por recíproca envidia, lo embrujaron sin que nosotras lo supiéramos; y una noche, poco antes del alba, estando cerrada la puerta de nuestra casa, vimos que este hermano nuestro había sido transformado en mula, como ahora lo veis.
  128. 128128. Y estamos afligidas, como veis, por no tener padre que nos consuele: no hay sabio, ni mago, ni encantador en el mundo al que no hayamos acudido; pero nada nos ha aprovechado.
  129. 129129. Y cada vez que nuestros corazones se llenan de pesadumbre, nos levantamos y venimos acá con nuestra madre, y lloramos sobre el sepulcro de nuestro padre, y nos volvemos otra vez.
  130. 130130. Y cuando la doncella oyó estas cosas: Tened buen ánimo, dijo ella, y no lloréis; porque el remedio de vuestra aflicción está cercano; sí, está a vuestro lado y en medio de vuestra propia casa.
  131. 131131. Porque yo también era leprosa; mas cuando vi a aquella mujer, y con ella a aquel niño, cuyo nombre es Jesús, rocié mi cuerpo con el agua con que su madre le había lavado, y quedé sana.
  132. 132132. Y sé que Él también puede curar vuestra desventura.
  133. 133133. Mas levantaos, id a María, mi señora; traedla a vuestra casa y manifestadle vuestro secreto; y rogad y suplicad que tenga misericordia de vosotras.
  134. 134134. Después que las mujeres oyeron las palabras de la doncella, fueron presurosas a la Señora María, y la llevaron a su aposento, y se postraron delante de ella llorando y diciendo: Oh señora nuestra, Señora María, ten misericordia de tus siervas; pues no nos ha quedado nadie mayor que nosotras ni cabeza de familia —ni padre ni hermano— que viva con nosotras; mas esta mula que ves era nuestro hermano, y ciertas mujeres lo hicieron tal por medio de hechicería.
  135. 135135. Te suplicamos, por tanto, que tengas compasión de nosotras.
  136. 136136. Entonces, conmovida por la suerte de ellas, la Señora María tomó al Señor Jesús y lo puso sobre el lomo de la mula; y lloró como aquellas mujeres y dijo a Jesucristo: ¡Ay, hijo mío! sana a esta mula con tu gran poder y haz de él un hombre dotado de razón como era antes.
  137. 137137. Y habiendo sido pronunciadas estas palabras por la Señora María, su figura cambió, y la mula se convirtió en un joven libre de todo defecto.
  138. 138138. Entonces él, su madre y sus hermanas adoraron a la Señora María, y alzaron al niño por encima de sus cabezas y comenzaron a besarle, diciendo: Bienaventurada la que te dio a luz, oh Jesús, oh Salvador del mundo; bienaventurados los ojos que gozan de la dicha de verte.
  139. 139139. Además, ambas hermanas dijeron a su madre: Ciertamente nuestro hermano, con la ayuda del Señor Jesucristo y con la saludable intervención de esta muchacha, que nos mostró a María y a su hijo, ha sido restituido a la forma humana.
  140. 140140. Ahora bien, como nuestro hermano no está casado, convendría en gran manera que le demos por esposa a esta doncella, su sierva.
  141. 141141. Y habiéndolo pedido a la Señora María, y alcanzado su consentimiento, celebraron un espléndido matrimonio para la doncella; y habiéndose trocado su tristeza en gozo, y el herirse los pechos en danza, comenzaron a alegrarse, a regocijarse, a exultar y a cantar, ataviadas, a causa de su gran regocijo, con las más espléndidas y lucientes vestiduras.
  142. 142142. Entonces comenzaron a recitar cánticos y loores y a decir: ¡Oh Jesús, hijo de David, que mudas el dolor en gozo y los lamentos en alegría! Y José y María permanecieron allí diez días.
  143. 143143. De allí partieron, honrados con grandes favores por aquellas personas, las cuales se despidieron de ellos, y al despedirlos regresaron llorando, principalmente la muchacha.
  144. 144144. Y apartándose de este lugar, llegaron a un desierto; y al saber que estaba infestado de ladrones, José y la Señora María resolvieron cruzar aquella región de noche.
  145. 145145. Mas al avanzar, he aquí que vieron a dos ladrones tendidos en el camino, y junto a ellos un gran número de ladrones, que eran sus compañeros, durmiendo.
  146. 146146. Y estos dos ladrones, en cuyas manos cayeron, eran Tito y Dúmaco.
  147. 147147. Dijo entonces Tito a Dúmaco: Te ruego que dejes ir a estas personas libremente, para que nuestros compañeros no las vean.
  148. 148148. Y rehusando Dúmaco, Tito le dijo de nuevo: Toma de mí cuarenta dracmas y guarda esto como fianza.
  149. 149149. Al mismo tiempo, le alargó el cinto que llevaba en la cintura, para impedirle abrir la boca o hablar.
  150. 150150. Y la Señora María, viendo que aquel ladrón les había hecho un bien, le dijo: El Señor Dios te sostendrá con su diestra, y te concederá el perdón de tus pecados.
  151. 151151. Y el Señor Jesús respondió y dijo a su madre: De aquí a treinta años, oh madre mía, los judíos me crucificarán en Jerusalén, y estos dos ladrones serán levantados en la cruz juntamente conmigo, Tito a mi derecha y Dúmaco a mi izquierda; y después de aquel día Tito irá delante de mí al Paraíso.
  152. 152152. Y ella dijo: Dios aparte esto de ti, hijo mío.
  153. 153153. Y de allí fueron hacia una ciudad de ídolos, la cual, al acercarse ellos a ella, se convirtió en montones de arena.
  154. 154154. Por eso se volvieron a aquel sicómoro que ahora se llama Matarea, y el Señor Jesús hizo brotar en Matarea una fuente en la cual la Señora María lavó su túnica.
  155. 155155. Y del sudor del Señor Jesús que ella derramó allí, se produjo bálsamo en aquella región.
  156. 156156. De allí descendieron a Menfis, y vieron al Faraón, y permanecieron tres años en Egipto; e hizo el Señor Jesús en Egipto muchos milagros que no están escritos ni en el Evangelio de la Infancia ni en el Evangelio canónico.
  157. 157157. Y al cabo de los tres años volvió de Egipto y regresó.
  158. 158158. Y cuando llegaron a Judea, José tuvo temor de entrar; mas oyendo que Herodes había muerto y que su hijo Arquelao reinaba en su lugar, aunque temió, fue hacia Judea.
  159. 159159. Y un ángel del Señor se le apareció y le dijo: Oh José, ve a la ciudad de Nazaret y mora allí.
  160. 160160. ¡Cuán admirable es en verdad que el Señor del mundo sea conducido y llevado de este modo a través del mundo!
  161. 161161. Después de esto, yendo a la ciudad de Belén, vieron allí muchas y graves enfermedades que atacaban los ojos de los niños, los cuales morían a causa de ello.
  162. 162162. Y estaba allí una mujer con un hijo enfermo, el cual, hallándose muy cercano a la muerte, ella trajo a la Señora María, la cual lo vio mientras lavaba a Jesucristo.
  163. 163163. Entonces le dijo la mujer: Oh mi Señora María, mira a este mi hijo, que padece una grave enfermedad.
  164. 164164. Y la Señora María la escuchó y dijo: Toma un poco de aquella agua con que lavé a mi hijo y rocíalo con ella.
  165. 165165. Tomó ella entonces un poco de agua, como la Señora María le había dicho, y roció a su hijo.
  166. 166166. Y habiendo hecho esto, su mal cesó; y habiendo dormido un poco, despertó sano y salvo.
  167. 167167. Su madre, regocijándose por ello, le llevó de nuevo a la Señora María.
  168. 168168. Y ella le dijo: Da gracias a Dios, porque él ha sanado a este tu hijo.
  169. 169169. Había en aquel mismo lugar otra mujer, vecina suya, cuyo hijo hacía poco que había recobrado la salud.
  170. 170170. Y como su propio hijo padecía la misma enfermedad y sus ojos estaban casi ciegos, lloraba de noche y de día.
  171. 171171. Y la madre del niño sanado le dijo: ¿Por qué no llevas a tu hijo a la Señora María, como hice yo con el mío cuando estaba casi muerto? Y quedó sano con aquella agua con que el cuerpo de su hijo Jesús había sido lavado.
  172. 172172. Y cuando la mujer oyó esto de ella, fue también y tomó un poco de la misma agua, y lavó a su hijo con ella, y su cuerpo y sus ojos quedaron al instante curados.
  173. 173173. A ella también, cuando le trajo al hijo y le relató todo lo acontecido, la Señora María le mandó que diese gracias a Dios por la salud recobrada de su hijo y que no contase a nadie el suceso.
  174. 174174. Había en la misma ciudad dos mujeres, esposas de un mismo hombre, cada una con un hijo enfermo de fiebre.
  175. 175175. La una se llamaba María, y el nombre de su hijo era Cleofás.
  176. 176176. Se levantó ella y tomó a su hijo, y fue a la Señora María, madre de Jesús, y ofreciéndole un hermoso manto, le dijo: Oh Señora mía María, acepta este manto, y dame a cambio un pañuelo de tu hijo.
  177. 177177. Consintió María, y la madre de Cleofás se fue, hizo una camisita de él y vistió a su hijo.
  178. 178178. Entonces fue sanado de su dolencia; mas el hijo de su rival murió.
  179. 179179. De allí se encendió el odio entre ellas; y mientras hacían las faenas domésticas de la semana, siendo el turno de María, madre de Cleofás, calentó el horno para cocer pan; y yendo a traer la masa que había amasado, dejó a su hijo Cleofás junto al horno.
  180. 180180. Su rival, viéndolo solo —y el horno estaba ardiendo y el fuego encendido debajo—, lo arrebató y lo echó en el horno, y huyó apresuradamente.
  181. 181181. Volviendo María, y viendo a su hijo Cleofás acostado en el horno riendo, y el horno del todo frío, como si ningún fuego se hubiese acercado a él, comprendió que su rival lo había arrojado al fuego.
  182. 182182. Lo sacó, pues, y lo llevó a la Señora María, y le contó lo que le había acontecido.
  183. 183183. Y ella dijo: Guarda silencio y no cuentes a nadie el suceso; pues temo por ti si divulgas esto.
  184. 184184. Después de esto, su rival fue al pozo a sacar agua; y viendo a Cleofás jugando junto al pozo, sin nadie alrededor, lo asió y lo arrojó en el pozo, y se volvió a su casa.
  185. 185185. Y ciertos hombres que habían ido al pozo a sacar agua vieron al niño sentado sobre la superficie del agua; y descendieron y lo sacaron.
  186. 186186. Y se llenaron de gran admiración por aquel niño, y alabaron a Dios.
  187. 187187. Entonces vino su madre, y lo tomó, y fue llorando a la Señora María, y dijo: Oh señora mía, mira lo que mi rival ha hecho con mi hijo, y cómo lo ha arrojado en el pozo; ciertamente ella lo destruirá un día u otro.
  188. 188188. La Señora María le dijo: Dios te vengará de ella.
  189. 189189. Después de esto, cuando su rival fue al pozo a sacar agua, sus pies se enredaron en la soga y cayó dentro del pozo.
  190. 190190. Vinieron ciertos hombres para sacarla, mas hallaron su cráneo roto y sus huesos quebrantados.
  191. 191191. Así tuvo una muerte miserable, y se cumplió en ella aquel dicho: Cavaron un pozo profundo, mas cayeron en la fosa que habían preparado.
  192. 192192. Otra mujer tenía hijos gemelos que enfermaron, y uno de ellos murió, y el otro estaba en las últimas boqueadas.
  193. 193193. Y su madre, llorando, lo levantó y lo llevó a la Señora María, y dijo: Oh señora mía, ayúdame y socórreme.
  194. 194194. Pues tuve dos hijos y acabo de sepultar a uno, y el otro está a las puertas de la muerte.
  195. 195195. Mira cómo imploraré y rogaré a Dios.
  196. 196196. Y comenzó a decir: Oh Señor, Tú eres compasivo, misericordioso y lleno de piedad.
  197. 197197. Me diste dos hijos, de los cuales quitaste a uno: déjame a lo menos a este.
  198. 198198. Por eso la Señora María, viendo el fervor de su llanto, tuvo compasión de ella y dijo: Pon a tu hijo en la cama de mi hijo y cúbrelo con sus vestidos.
  199. 199199. Y cuando ella lo puso en la cama en que Cristo yacía, él ya había cerrado los ojos en la muerte; mas tan pronto como el olor de las vestiduras del Señor Jesucristo llegó al niño, abrió los ojos y, llamando a su madre a gran voz, pidió pan, y lo tomó y lo comió.
  200. 200200. Entonces su madre dijo: Oh Señora María, ahora sé que el poder de Dios mora en ti, de modo que tu hijo sana a aquellos que participan de su misma naturaleza, tan pronto como tocan sus vestidos.
  201. 201201. Este niño que fue sanado es aquel que en el Evangelio se llama Bartolomé.
  202. 202202. Había además allí una mujer leprosa, y fue a la Señora María, madre de Jesús, y dijo: Señora mía, socórreme.
  203. 203203. Y la Señora María respondió: ¿Qué auxilio buscas? ¿es oro o plata? ¿o que tu cuerpo sea limpio de la lepra? Y aquella mujer preguntó: ¿Quién puede concederme esto? Y la Señora María le dijo: Aguarda un poco, hasta que haya lavado a mi hijo Jesús y lo haya acostado en la cama.
  204. 204204. Esperó la mujer, como María le había dicho; y después de acostar a Jesús en la cama, alargó a la mujer el agua con que había lavado su cuerpo y dijo: Toma un poco de esta agua y derrámala sobre tu cuerpo.
  205. 205205. Y tan pronto como lo hizo, quedó limpia y dio alabanza y gracias a Dios.
  206. 206206. Por tanto, después de permanecer tres días con ella, se marchó; y llegando a una ciudad, vio allí a uno de los magistrados, el cual había tomado por mujer a la hija de otro de los gobernantes.
  207. 207207. Mas cuando vio a la mujer, descubrió entre sus ojos la señal de la lepra en forma de estrella; y así el matrimonio fue disuelto y quedó nulo y sin valor.
  208. 208208. Y cuando aquella mujer los vio en tal estado, llorando y abrumados de tristeza, preguntó la causa de su dolor.
  209. 209209. Mas ellos dijeron: No preguntes sobre nuestro estado, pues no podemos declarar nuestra pena a viviente alguno, y a nadie sino a nosotros mismos podemos revelarla.
  210. 210210. Ella los instó, empero, y les rogó que confiaran en ella, diciendo que acaso podría señalarles un remedio.
  211. 211211. Y cuando le mostraron a la doncella, y la señal de lepra que aparecía entre sus ojos, tan pronto como la vio, la mujer dijo: Yo también, como me veis aquí, padecía la misma enfermedad, cuando, por motivo de negocios que se me presentaron en el camino, fui a Belén.
  212. 212212. Entrando allí en una cueva, vi a una mujer llamada María, cuyo hijo era aquel llamado Jesús; y cuando vio que yo era leprosa, tuvo compasión de mí y me dio el agua con que había lavado el cuerpo de su hijo.
  213. 213213. Con ella rocié mi cuerpo y salí limpia.
  214. 214214. Entonces la mujer le dijo: ¿No quieres, oh señora, levantarte e ir con nosotros, y mostrarnos a la Señora María? Y ella accedió; y se levantaron y fueron a la Señora María, llevando consigo magníficos presentes.
  215. 215215. Y habiendo entrado y entregado los presentes, le mostraron a la doncella leprosa que habían traído.
  216. 216216. La Señora María dijo entonces: Descienda sobre ti la compasión del Señor Jesucristo; y entregándoles también un poco del agua con que lavara el cuerpo de Jesucristo, mandó que en ella se lavase aquella afligida mujer.
  217. 217217. Y cuando esto fue hecho, al instante quedó sana; y ellos y todos los que estaban presentes alabaron a Dios.
  218. 218218. Llenos de alegría, por tanto, se volvieron a su ciudad, alabando al Señor por lo que había hecho.
  219. 219219. Y cuando el gobernador supo que su esposa había sido sanada, la llevó a su casa, celebró segundas nupcias, y dio gracias a Dios por la salud recobrada de su esposa.
  220. 220220. Había asimismo una joven atormentada por Satanás; pues aquel maldito malvado se le aparecía repetidas veces en figura de un enorme dragón y se disponía a devorarla.
  221. 221221. Él también le chupaba toda la sangre, de tal manera que parecía un cadáver.
  222. 222222. Siempre que él se le acercaba, ella, cruzadas las manos sobre la cabeza, gritaba y decía: ¡Ay, ay de mí, que no hay quien me libre de aquel dragón maldito!
  223. 223223. Y su padre y su madre, y todos los que estaban a su alrededor o la veían, lamentaban su suerte; y los hombres se congregaban en derredor de ella, y todos lloraban y gemían, especialmente cuando ella clamaba y decía: ¡Oh hermanos míos y amigos, ¿no hay nadie que me libre de aquel homicida?! Y la hija del magistrado que había sido sanada de su lepra, oyendo la voz de la doncella, subió al terrado de su palacio, y la vio con las manos cruzadas sobre la cabeza llorando, y a todas las gentes a su alrededor llorando también.
  224. 224224. Preguntó entonces al marido de la endemoniada si vivía la madre de su esposa.
  225. 225225. Y respondiendo él que ambos padres de ella vivían, dijo: Mandad llamar a su madre para que venga a mí.
  226. 226226. Y viendo que la habían mandado llamar, y que había venido, dijo: ¿Es tu hija aquella muchacha enloquecida? Sí, oh señora, dijo aquella triste y llorosa mujer, ella es mi hija.
  227. 227227. La hija del magistrado respondió: Guarda mi secreto, pues te confieso que en otro tiempo fui leprosa; mas ahora la Señora María, madre de Jesucristo, me ha sanado.
  228. 228228. Mas si deseas que tu hija sea sanada, llévala a Belén, y busca a María, madre de Jesús, y cree que tu hija será sana; ciertamente confío en que volverás gozosa, con tu hija curada.
  229. 229229. Apenas la mujer oyó las palabras de la hija del gobernante, se llevó a su hija apresuradamente; y yendo al lugar indicado, se presentó a la Señora María, y le descubrió el estado de su hija.
  230. 230230. Y la Señora María, oyendo sus palabras, le dio un poco del agua con que había lavado el cuerpo de su hijo Jesús, y le mandó que la derramase sobre el cuerpo de su hija.
  231. 231231. Le dio además un lienzo de las vestiduras del Señor Jesús, diciendo: Toma este lienzo y muéstralo a tu enemigo siempre que lo veas.
  232. 232232. Y las saludó y las despidió.
  233. 233233. Cuando, por tanto, se apartaron de ella y regresaron a su comarca, y llegó el momento en que Satanás acostumbraba acometerla, en aquel mismo punto aquel maldito se le apareció en figura de un enorme dragón, y la joven tembló al verlo.
  234. 234234. Y su madre le dijo: No temas, hija mía; deja que se acerque a ti y luego muéstrale el lienzo que Nuestra Señora María nos dio y veamos qué sucederá.
  235. 235235. Acercándose, pues, Satanás en forma de un terrible dragón, el cuerpo de la doncella se estremeció de espanto ante él; mas apenas sacó el lienzo, se lo puso sobre la cabeza y se cubrió los ojos con él, llamas y ascuas comenzaron a brotar de él y a arrojarse sobre el dragón.
  236. 236236. ¡Oh, cuán grande milagro se hizo en cuanto el dragón vio el lienzo del Señor Jesús, del cual brotó fuego que fue lanzado sobre su cabeza y sus ojos! Él gritó a gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, oh Jesús, hijo de María? ¿A dónde huiré de ti? Y con gran pavor volvió la espalda y se apartó de la doncella, y jamás se le apareció otra vez.
  237. 237237. Y la doncella descansó ya de él, y dio alabanza y gracias a Dios, y juntamente con ella todos los que presenciaron aquel milagro.
  238. 238238. En aquel mismo paraje moraba otra mujer, cuyo hijo era atormentado por Satanás.
  239. 239239. Este, llamado Judas, siempre que Satanás se apoderaba de él, solía morder a todos los que se le acercaban; y si no hallaba a nadie cerca de sí, solía morderse sus propias manos y otros miembros.
  240. 240240. La madre de esta miserable criatura, pues, oyendo la fama de la Señora María y de su hijo Jesús, se levantó y trajo consigo a su hijo Judas a la Señora María.
  241. 241241. En este ínterin, Jacobo y José llevaron consigo al niño Señor Jesús para jugar con los otros niños; y salieron de casa y se sentaron, y el Señor Jesús con ellos.
  242. 242242. Y el endemoniado Judas se acercó y se sentó a la derecha de Jesús: entonces, siendo acometido por Satanás de la misma manera de siempre, quiso morder al Señor Jesús, mas no pudo; no obstante, golpeó a Jesús en el costado derecho, y por ello Él comenzó a llorar.
  243. 243243. E inmediatamente Satanás salió de aquel niño, huyendo como un perro rabioso.
  244. 244244. Y este niño que hirió a Jesús, y de quien salió Satanás en figura de perro, fue Judas Iscariote, el que le entregó a los judíos; y en el mismo costado en que Judas le hirió, los judíos le traspasaron con una lanza.
  245. 245245. Ahora bien, cuando el Señor Jesús cumplió siete años desde su nacimiento, cierto día estaba ocupado con muchachos de su edad.
  246. 246246. Pues jugaban en el barro, con el cual hacían figuras de asnos, bueyes, aves y otros animales; y cada uno, vanagloriándose de su destreza, alababa su propia obra.
  247. 247247. Entonces el Señor Jesús dijo a los muchachos: A las figuras que he hecho mandaré que anden.
  248. 248248. Los muchachos le preguntaron si acaso era él hijo del Creador; y el Señor Jesús les ordenó que anduviesen.
  249. 249249. Y al instante comenzaron a saltar; y luego, cuando Él les dio permiso, volvieron a quedarse quietos.
  250. 250250. E hizo figuras de aves y gorriones, los cuales volaban cuando Él les mandaba volar, y se quedaban quietos cuando les mandaba estar en pie, y comían y bebían cuando Él les daba comida y bebida.
  251. 251251. Habiéndose ido los muchachos y referido esto a sus padres, los padres les dijeron: Hijos míos, guardaos de andar en compañía de él en adelante, pues es un hechicero: huid de él, por tanto, y evitadle, y no juguéis con él más después de esto.
  252. 252252. Cierto día, el Señor Jesús, corriendo y jugando con los muchachos, pasó por la tienda de un tintorero, llamado Salem; y tenía en su tienda muchas piezas de paño que debía teñir.
  253. 253253. Entrando entonces el Señor Jesús en su tienda, tomó todas las piezas de paño y las echó en una caldera llena de añil.
  254. 254254. Y viniendo Salem y viendo sus vestidos estropeados, comenzó a clamar a gran voz y a reprender a Jesús, diciendo: ¿Por qué has hecho esto conmigo, oh hijo de María? Me has deshonrado ante todos mis conciudadanos: pues deseando cada uno el color que mejor le convenía, tú has venido y los has echado a perder todos.
  255. 255255. El Señor Jesús respondió: Yo cambiaré para ti el color de cualquier paño que desees que sea cambiado.
  256. 256256. E inmediatamente comenzó a sacar los lienzos de la tina, cada uno de ellos del color que el tintorero deseaba, hasta que los sacó todos.
  257. 257257. Viendo los judíos este milagro y prodigio, alabaron a Dios.
  258. 258258. Y José solía recorrer toda la ciudad, y llevar al Señor Jesús consigo, cuando le llamaban en razón de su oficio para hacerles puertas, lecheras, lechos y arcas; y el Señor Jesús estaba con él dondequiera que iba.
  259. 259259. Por tanto, siempre que José tenía que hacer alguna cosa con un codo o un palmo más larga o más corta, más ancha o más estrecha, el Señor Jesús extendía su mano hacia ella; y apenas lo hacía, quedaba tal como José lo deseaba.
  260. 260260. Ni era menester que él hiciese nada con sus propias manos, pues José no era muy diestro en el arte de la carpintería.
  261. 261261. Y aconteció cierto día que el rey de Jerusalén mandó llamarle, y dijo: Deseo que tú, José, me hagas un trono que quepa en aquel lugar en que suelo sentarme.
  262. 262262. José obedeció y comenzó luego la obra, permaneciendo dos años en el palacio, hasta dar fin a la obra de aquel trono.
  263. 263263. Y cuando lo llevó a su lugar, advirtió que a cada lado le faltaban dos palmos de la medida prescrita.
  264. 264264. Viendo esto el rey, se enojó contra José; y José, temiendo en gran manera al rey, pasó la noche sin cenar, ni probó bocado alguno.
  265. 265265. Preguntado entonces por el Señor Jesús por qué temía, José dijo: Porque he echado a perder todo el trabajo que hice durante dos años.
  266. 266266. Y el Señor Jesús le dijo: No temas, ni desmayes; antes bien, ase tú de un lado del trono; yo asiré del otro; y enderezaremos esto.
  267. 267267. Habiendo hecho José según el Señor Jesús le había dicho, tirando cada uno por su lado, el trono fue alargado y ajustado a la medida exacta del lugar.
  268. 268268. Y los que estaban allí y vieron este milagro quedaron asombrados y alabaron a Dios.
  269. 269269. Y las maderas empleadas en aquel trono eran de aquellas que son celebradas en tiempo de Salomón, hijo de David; esto es, maderas de muchas y diversas especies.
  270. 270270. Otro día salió el Señor Jesús al camino y vio a los muchachos que se reunían para jugar y los siguió; mas los muchachos se escondieron de él.
  271. 271271. Habiendo llegado, pues, el Señor Jesús a la puerta de cierta casa, y viendo a unas mujeres allí paradas, les preguntó a dónde habían ido los muchachos; y respondiendo ellas que no había nadie allí, dijo Él de nuevo: ¿Quiénes son estos que veis en el horno? Respondieron que eran cabritos de tres años.
  272. 272272. Y clamó el Señor Jesús y dijo: Venid acá, oh cabritos, a vuestro pastor.
  273. 273273. Entonces los muchachos, en figura de cabritos, salieron y comenzaron a danzar alrededor de Él; y viendo esto las mujeres, se maravillaron grandemente y fueron sobrecogidas de temor, y presurosas rogaron y adoraron al Señor Jesús, diciendo: Oh Señor nuestro Jesús, hijo de María, Tú eres verdaderamente el buen Pastor de Israel; ten misericordia de tus siervas que están delante de ti y que jamás han dudado; pues viniste, oh Señor nuestro, para sanar y no para destruir.
  274. 274274. Y respondiendo el Señor Jesús que los hijos de Israel eran como los etíopes entre las naciones, las mujeres dijeron: Tú, Señor, conoces todas las cosas y nada te es oculto; ahora, pues, te rogamos y pedimos, por tu misericordia, que restituyas a estos muchachos, tus siervos, a su anterior estado.
  275. 275275. Dijo entonces el Señor Jesús: Venid, muchachos, vamos a jugar.
  276. 276276. E inmediatamente, mientras aquellas mujeres estaban allí, los cabritos se convirtieron de nuevo en muchachos.
  277. 277277. Ahora bien, en el mes de Adar, Jesús, a manera de rey, congregó a los muchachos.
  278. 278278. Ellos tendieron sus vestidos en el suelo y Él se sentó sobre ellos.
  279. 279279. Pusieron entonces sobre su cabeza una corona hecha de flores y, a modo de chambelanes, estuvieron en su presencia, a la derecha y a la izquierda, cual si fuese un rey.
  280. 280280. Y cualquiera que pasaba por allí era traído por la fuerza por los muchachos, diciendo: Venid acá y adorad al rey; luego seguid vuestro camino.
  281. 281281. Entre tanto, mientras acontecían estas cosas, aparecieron unos hombres que traían a un muchacho.
  282. 282282. Pues este muchacho había ido al monte con otros de su edad a buscar leña, y halló allí un nido de perdiz; y al extender la mano para sacar los huevos, una serpiente venenosa le mordió en medio del nido, de suerte que clamó pidiendo socorro.
  283. 283283. Sus compañeros acudieron aprisa y lo hallaron tendido en el suelo como muerto.
  284. 284284. Vinieron entonces sus parientes y lo llevaron de vuelta a la ciudad.
  285. 285285. Y habiendo llegado al lugar donde el Señor Jesús estaba sentado como rey, y los demás muchachos de pie a su alrededor como sus siervos, los muchachos salieron al encuentro del que había sido mordido por la serpiente, y dijeron a sus parientes: Venid y saludad al rey.
  286. 286286. Mas no queriendo ellos ir, a causa de la tristeza en que se hallaban, los muchachos los trajeron a la fuerza contra su voluntad.
  287. 287287. Y cuando se acercaron al Señor Jesús, Él les preguntó por qué traían al muchacho.
  288. 288288. Y respondiendo ellos que una serpiente le había mordido, dijo el Señor Jesús a los muchachos: Vamos a matar a esa serpiente.
  289. 289289. Y los padres del muchacho pidieron permiso para marcharse, porque su hijo estaba en la agonía de la muerte; mas los muchachos les respondieron, diciendo: ¿No habéis oído al rey decir: Vamos a matar a la serpiente? ¿y no le habéis de obedecer? Y así, contra la voluntad de ellos, la camilla fue llevada de vuelta.
  290. 290290. Y cuando llegaron al nido, dijo el Señor Jesús a los muchachos: ¿Es este el lugar de la serpiente? Dijeron que sí; y la serpiente, al llamamiento del Señor, salió sin tardanza y se sometió a Él.
  291. 291291. Y Él le dijo: Ve y chupa todo el veneno que has infundido en este muchacho.
  292. 292292. Y arrastrándose la serpiente hasta el muchacho, chupó todo su veneno.
  293. 293293. Entonces el Señor Jesús la maldijo, y al punto se partió en pedazos; y tocó el Señor Jesús al muchacho con su mano, y quedó sano.
  294. 294294. Y comenzó él a llorar; mas Jesús dijo: No llores, pues con el tiempo serás mi discípulo.
  295. 295295. Y este es Simón el Cananita, de quien se hace mención en el Evangelio.
  296. 296296. En otro día, envió José a su hijo Jacobo a recoger leña, y el Señor Jesús fue con él por compañero.
  297. 297297. Y habiendo llegado al lugar donde estaba la leña, comenzando Jacobo a recogerla, he aquí que una víbora venenosa le mordió en la mano, de modo que empezó a gritar y a llorar.
  298. 298298. Viéndolo entonces el Señor Jesús en aquel estado, se acercó a él y sopló sobre el lugar donde la víbora le había mordido; y hecho esto, quedó curado al instante.
  299. 299299. Un día, estando de nuevo el Señor Jesús con los muchachos jugando en el terrado de una casa, uno de los muchachos cayó desde lo alto y murió en el acto.
  300. 300300. Y los demás muchachos huyeron en todas direcciones, y el Señor Jesús se quedó solo en el terrado.
  301. 301301. Y los parientes del muchacho se acercaron y dijeron al Señor Jesús: Fuiste tú quien arrojaste de cabeza a nuestro hijo desde el terrado.
  302. 302302. Y habiéndolo Él negado, ellos clamaron, diciendo: Nuestro hijo está muerto, y he aquí el que lo mató.
  303. 303303. Y el Señor Jesús les dijo: No levantéis falso testimonio contra mí; mas si no me creéis, venid y preguntad al muchacho mismo, para que él saque la verdad a luz.
  304. 304304. Descendió entonces el Señor Jesús y, poniéndose sobre el cadáver, dijo a gran voz: Zenón, Zenón, ¿quién te derribó del terrado? Entonces el muchacho muerto respondió y dijo: Señor mío, no fuiste tú quien me derribó, sino que otro fue quien me precipitó de él.
  305. 305305. Y mandando el Señor a los presentes que atendiesen a sus palabras, todos los circunstantes alabaron a Dios por este milagro.
  306. 306306. En otra ocasión, la Señora María mandó al Señor Jesús que fuese a traerle agua del pozo.
  307. 307307. Y habiendo ido Él a sacar agua, el cántaro ya lleno chocó con algo y se quebró.
  308. 308308. Mas el Señor Jesús extendió su lienzo, recogió el agua, y la llevó a su madre; y ella quedó maravillada de esto.
  309. 309309. Y escondió y guardó en su corazón todo cuanto vio.
  310. 310310. Otra vez, en otro día, estaba el Señor Jesús con los muchachos junto a un arroyo, e hicieron de nuevo pequeños estanques de peces.
  311. 311311. E hizo el Señor Jesús doce gorriones y los ordenó alrededor de su estanque, tres a cada lado.
  312. 312312. Y era día de reposo.
  313. 313313. Por lo cual un judío, hijo de Hanán, acercándose y viéndolos así ocupados, dijo con ira y grande indignación: ¿Hacéis figuras de barro en día de reposo? Y corrió aprisa y destruyó sus estanques de peces.
  314. 314314. Mas habiendo el Señor Jesús batido las palmas sobre los gorriones que había hecho, ellos volaron cantando.
  315. 315315. Vino entonces el hijo de Hanán también al estanque de Jesús, y lo pateó con sus zapatos, y el agua de él desapareció.
  316. 316316. Y el Señor Jesús le dijo: Así como aquella agua desapareció, así también tu vida se desvanecerá.
  317. 317317. E inmediatamente aquel muchacho se secó.
  318. 318318. En otra ocasión, cuando el Señor Jesús volvía a casa con José al anochecer, se encontró con un muchacho, que corrió contra Él con tanta violencia que le hizo caer.
  319. 319319. Y el Señor Jesús le dijo: Así como tú me derribaste, caerás y no te levantarás más.
  320. 320320. Y en la misma hora el muchacho cayó y expiró.
  321. 321321. Había además en Jerusalén cierto varón llamado Zaqueo, que enseñaba a los niños.
  322. 322322. Dijo este a José: ¿Por qué, oh José, no traes a Jesús para que aprenda las letras? José convino en hacerlo y comunicó el asunto a la Señora María.
  323. 323323. Le llevaron, por tanto, al maestro; y él, no bien le hubo visto, escribió el alfabeto para Él y le mandó decir Álef.
  324. 324324. Y cuando Él hubo dicho Álef, el maestro le mandó pronunciar Bet.
  325. 325325. Y el Señor Jesús le dijo: Dime primero la significación de la letra Álef, y luego pronunciaré Bet.
  326. 326326. Y amenazando el maestro con azotarle, el Señor Jesús le explicó el significado de las letras Álef y Bet; también cuáles trazos de la letra eran rectos, cuáles torcidos, cuáles se trazaban en espiral, cuáles estaban señalados con puntos, cuáles sin ellos, por qué una letra precedía a la otra; y muchas otras cosas comenzó a referir y a esclarecer que el mismo maestro jamás había oído ni leído en libro alguno.
  327. 327327. Dijo además el Señor Jesús al maestro: Escucha, y yo te diré.
  328. 328328. Y comenzó a repetir clara y distintamente Álef, Bet, Guímel, Dálet, hasta Tau.
  329. 329329. Y el maestro quedó atónito y dijo: Pienso que este niño nació antes de Noé.
  330. 330330. Y volviéndose a José, dijo: Me has traído para ser instruido a un niño más instruido que todos los maestros.
  331. 331331. A la Señora María dijo también: Este tu hijo no tiene necesidad de instrucción.
  332. 332332. Después de esto, le llevaron a otro maestro más sabio, el cual, cuando le vio, dijo: Di Álef.
  333. 333333. Y cuando Él dijo Álef, el maestro le mandó pronunciar Bet.
  334. 334334. Y el Señor Jesús le respondió y dijo: Declárame primero el significado de la letra Álef, y entonces pronunciaré Bet.
  335. 335335. Y alzando el maestro su mano y azotándolo, al punto se le secó la mano y murió.
  336. 336336. Dijo entonces José a la Señora María: De aquí en adelante no le permitiremos salir de casa, porque todo aquel que se le opone es herido de muerte.
  337. 337337. Y cuando Él tuvo doce años, le llevaron a Jerusalén a la fiesta.
  338. 338338. Y acabada la fiesta, ellos se volvieron; mas el Señor Jesús se quedó en el templo entre los doctores, los ancianos y los varones doctos de los hijos de Israel, a los cuales hizo diversas preguntas acerca de las ciencias y, a su vez, les dio respuestas.
  339. 339339. Pues les dijo: ¿De quién es hijo el Mesías? Ellos le respondieron: El hijo de David.
  340. 340340. ¿Por qué pues, dijo Él, él en el Espíritu le llama su señor, diciendo: Dijo el Señor a mi señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Díjole de nuevo el jefe de los doctores: ¿Has leído los libros? Tanto los libros, dijo el Señor Jesús, como las cosas contenidas en los libros.
  341. 341341. Y declaró los libros, y la ley, y los preceptos, y los estatutos, y los misterios contenidos en los libros de los profetas, cosas que el entendimiento de criatura alguna alcanza.
  342. 342342. Aquel maestro, por tanto, dijo: Hasta hoy no alcancé ni oí tal conocimiento: ¿Quién, por ventura, pensáis que llegará a ser este niño?
  343. 343343. Y un filósofo que estaba allí presente, hábil astrónomo, preguntó al Señor Jesús si había estudiado astronomía.
  344. 344344. Y el Señor Jesús le respondió y explicó el número de las esferas y de los cuerpos celestes, sus naturalezas y operaciones; su oposición; su aspecto, triangular, cuadrado y sextil; su curso, directo y retrógrado; los veinticuatroavos y los sesentavos de veinticuatroavos; y otras cosas que sobrepujan el alcance de la razón.
  345. 345345. Había también entre aquellos filósofos uno muy perito en la ciencia natural, y preguntó al Señor Jesús si había estudiado medicina.
  346. 346346. Y Él, respondiendo, le declaró la física y la metafísica, la hiperfísica y la hipofísica, las facultades y humores del cuerpo, y los efectos de los mismos; también el número de los miembros y huesos, de las venas, arterias y nervios; también el efecto del calor y de la sequedad, del frío y de la humedad, y lo que estos engendran; cuál era la operación del alma sobre el cuerpo, y sus percepciones y facultades; cuál el funcionamiento de la facultad del habla, del enojo, del apetito; finalmente, su unión y separación, y otras cosas ajenas al alcance de cualquier intelecto creado.
  347. 347347. Entonces aquel filósofo se levantó y adoró al Señor Jesús, y dijo: Oh Señor, desde ahora seré tu discípulo y siervo.
  348. 348348. Mientras hablaban entre sí de estas y otras cosas, llegó la Señora María, después de haber andado tres días buscándole juntamente con José.
  349. 349349. Ella, pues, viéndole sentado entre los doctores, haciéndoles preguntas y respondiendo a su vez, le dijo: Hijo mío, ¿por qué nos has tratado así? He aquí que tu padre y yo te buscábamos con gran angustia.
  350. 350350. Mas Él dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me conviene estar? Pero ellos no entendieron las palabras que Él les habló.
  351. 351351. Preguntaron entonces aquellos doctores a María si Él era su hijo; y habiendo ella respondido que sí, dijeron: Bendita eres tú, oh María, que diste a luz a tal hijo.
  352. 352352. Y volviendo con ellos a Nazaret, les estaba sujeto en todas las cosas.
  353. 353353. Y su madre guardaba todas estas palabras de Él en su corazón.
  354. 354354. Y el Señor Jesús crecía en estatura, y en sabiduría, y en gracia para con Dios y los hombres.
  355. 355355. Y a partir de este día comenzó a encubrir sus milagros, misterios y secretos, y a ocuparse en la ley, hasta cumplir su trigésimo año, cuando su Padre le declaró públicamente en el Jordán por aquella voz enviada del cielo: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; estando presente el Espíritu Santo en figura de blanca paloma.
  356. 356356. Este es Aquel a quien adoramos con súplicas, que nos dio el ser y la vida, y que nos sacó del vientre de nuestras madres; el cual por amor de nosotros tomó cuerpo humano y nos redimió, para abrazarnos en eterna misericordia y mostrarnos su piedad conforme a su liberalidad, beneficencia, benignidad y amor.
  357. 357357. A Él sea la gloria, la beneficencia, el poder y el dominio, desde ahora y para siempre jamás, Amén.
  358. 358358. Aquí concluye todo el Evangelio de la Infancia, con el favor del Dios Altísimo, según lo hallamos en el original.