Epístola de los Apóstoles · Capítulo 21
- 1Porque de cierto os digo: Así como mi Padre me levantó de entre los muertos, así también vosotros resucitaréis en la carne y seréis llevados a lo más alto de los cielos, al lugar del cual os he dicho desde el principio, al lugar que el que me envió os tiene aparejado. Y así cumpliré toda la gracia, yo mismo que soy no engendrado y sin embargo engendrado de la humanidad, que soy sin carne y con todo he llevado carne y crecí a semejanza de vosotros que fuisteis nacidos en carne; pues para este fin he venido, para que resucitéis de los muertos en vuestra carne, en el segundo nacimiento, una vestidura que no se corrompe, juntamente con todos los que esperan y creen en aquel que me envió; porque tal es la voluntad de mi Padre, que os dé a vosotros, y a aquellos a quienes me pluguiere, la esperanza del reino.
- 2Entonces le dijimos: Grande es lo que nos permites esperar y lo que nos dices. Y él respondió y dijo: ¿Creéis que acontecerá todo lo que os digo? Respondimos y dijimos: Sí, Señor. Díjonos él: De cierto os digo que he recibido todo el poder de mi Padre, para volver a la luz a los que moran en tinieblas, a los que están en corrupción a la incorrupción, a los que están en muerte a la vida, y para desatar a los que están en prisiones. Porque lo que es imposible para con los hombres, es posible para con el Padre. Yo soy la esperanza de los desesperados, el ayudador de los que no tienen salvador, la riqueza de los pobres, la salud de los enfermos y la resurrección de los muertos.