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Epístola de los Apóstoles · Capítulo 19

  1. 1Y predicad esto también, y enseñad a los que creen en mí, y predicad el reino de los cielos de mi Padre, y cómo mi Padre me ha dado el poder, para que acerquéis a los hijos de mi Padre celestial. Predicad, y ellos alcanzarán la fe, para que seáis vosotros aquellos para quienes está ordenado que traigan a sus hijos al cielo.
  2. 2Y nosotros le dijimos: Señor, a ti es posible cumplir aquello de que nos hablas; mas ¿cómo podremos nosotros hacerlo? Él nos dijo: De cierto os digo: predicad y proclamad como os mando, porque yo estaré con vosotros, pues es mi complacencia estar con vosotros, para que seáis herederos conmigo en el reino de los cielos, en el reino de aquel que me envió. De cierto os digo que seréis mis hermanos y mis amigos, porque mi Padre se ha complacido en vosotros; y así también serán los que por medio de vosotros creyeren en mí. De cierto os digo que tal y tan grande gozo ha preparado mi Padre para vosotros que los ángeles y las potestades desearon y desean verlo y mirarlo; mas no les es concedido contemplar la gloria de mi Padre. Dijímosle: Señor, ¿qué es esto de que nos hablas?
  3. 3Él nos respondió: Habéis de contemplar una luz más excelente que la que brilla, y más perfecta que la perfección misma. Y el Hijo se hará perfecto por medio del Padre, que es Luz, porque el Padre es perfecto, el cual obra la muerte y la resurrección; y veréis una perfección más perfecta que lo perfecto. Y yo estoy enteramente a la diestra del Padre, en aquel mismo que hace perfecto.
  4. 4Y nosotros le dijimos: Señor, en todas las cosas te has hecho salvación y vida para nosotros, por cuanto nos das a conocer semejante esperanza. Y él nos dijo: Tened buen ánimo y reposad en mí. De cierto os digo que vuestro reposo será en lo alto, en el lugar donde no hay comida ni bebida, ni congoja ni tristeza, ni perecimiento de los que en él están; pues no tendréis parte en las cosas de la tierra, mas seréis recibidos en la eternidad de mi Padre. Así como yo estoy en él, así también vosotros estaréis en mí. Otra vez le dijimos: ¿En qué forma? ¿A semejanza de ángeles o en carne? Y él respondió y nos dijo: He aquí, he vestido vuestra carne, en la cual nací y fui crucificado, y resucité por medio de mi Padre que está en los cielos, para que se cumpliese la profecía del profeta David tocante a lo declarado acerca de mí, de mi muerte y resurrección, diciendo: Señor, se han multiplicado los que combaten contra mí, y muchos son los que se levantan contra mí. Muchos son los que dicen de mi alma: No hay ayuda para él en su Dios. Mas tú, oh Señor, eres mi amparo; tú eres mi gloria y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé al Señor, y él me oyó desde el lugar alto de su templo. Yo me acosté y dormí, y desperté, porque tú, oh Señor, eres mi defensor. No temeré a diez millares de gentes que pusieren cerco contra mí alrededor. Levántate, Señor, y sálvame, oh Dios mío; pues heriste a todos los que sin causa son mis enemigos; los dientes de los impíos quebrantaste. La salvación pertenece al Señor, y sobre tu pueblo está tu bendición. Si, pues, todas las palabras que fueron habladas por los profetas se han cumplido en mí, por cuanto yo mismo estaba en ellos, ¿cuánto más acontecerá de cierto lo que os digo, para que aquel que me envió sea glorificado por vosotros y por los que creyeren en mí?