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Epístola a Diogneto · Capítulo 2

  1. 11. Capítulo 2 — La vanidad de los ídolos.
  2. 22. Ven, pues, después de haberte despojado de todos los prejuicios que embargan tu mente, y dejado a un lado aquello a que estabas acostumbrado como cosa que engaña, siendo hecho como desde el principio un hombre nuevo, por cuanto según tu propia confesión has de ser oyente de una nueva doctrina; ven y contempla, no sólo con tus ojos, sino con tu inteligencia, la sustancia y figura de aquellos que declaráis y tenéis por dioses.
  3. 33. ¿No es uno de ellos piedra semejante a la que pisamos? ¿No es otro bronce en nada superior a las vasijas fabricadas para nuestro uso común? ¿No es un tercero de madera, y ésta ya carcomida? ¿No es un cuarto de plata, que necesita de un hombre que lo guarde para no ser hurtado? ¿No es un quinto de hierro carcomido por el orín? ¿No es un sexto de barro cocido, en nada más digno que el formado para los usos más viles? ¿No son todos ellos de materia corruptible? ¿No son forjados con hierro y fuego? ¿No labró al uno el escultor, al otro el broncista, al tercero el platero y al cuarto el alfarero? ¿Acaso cada uno de ellos, antes de recibir forma por el arte de estos artífices, no estuvo sujeto a mutación? Aquellas vasijas que ahora existen, formadas de las mismas materias, ¿no podrían trocarse en semejantes figuras si topasen con los mismos artífices? ¿Y estos mismos que ahora adoráis, no podrían ser fabricados por hombres como vasijas semejantes a las demás? ¿No son todos sordos? ¿No son ciegos? ¿No carecen de vida? ¿No están privados de sentido? ¿No son incapaces de movimiento? ¿No están todos expuestos a corromperse? ¿No son todos corruptibles? A tales cosas llamáis dioses; a ellos servís; a ellos adoráis; y vendréis a ser semejantes a ellos.
  4. 44. Por esta causa aborrecéis a los cristianos, porque no los tienen por dioses.
  5. 55. Mas vosotros mismos, que ahora creéis y suponéis que tales ídolos son dioses, ¿no los menospreciáis mucho más que los cristianos? ¿No os mofáis y los afrentáis mucho más cuando adoráis a los hechos de piedra y barro sin ponerles guardas, mientras a los de plata y oro los encerráis de noche y ponéis guardas de día para que no sean hurtados? Y con los sacrificios que pretendéis ofrecerles, ¿no es verdad que, si tuvieran sentido, más bien los castigaríais que los honraríais? Mas si por el contrario carecen de sentido, vosotros mismos lo demostráis al adorarlos con sangre y humo de víctimas.
  6. 66. ¡Sufra alguno de vosotros tales indignidades! ¡Soporte alguno de vosotros que le hagan tales cosas a sí mismo! Pero ni un solo ser humano soportará semejante ultraje a menos que sea forzado a ello, pues está dotado de sentido y razón.
  7. 77. Una piedra, sin embargo, lo tolera prestamente, por cuanto carece de sensibilidad.
  8. 88. Ciertamente vosotros no demostráis con vuestra conducta que vuestro dios goce de entendimiento.
  9. 99. Y en cuanto a que los cristianos no acostumbran servir a tales dioses, fácilmente podría añadir muchas otras razones; mas si lo dicho no pareciese bastante a alguno, tengo por superfluo proseguir hablando.