Hechos de Jantipa y Políxena · Capítulo 32
- 1Al oír esto, el arriero lloró sin cesar, y Políxena dijo: ¿Te ha alcanzado, entonces, la providencia de Dios para que llores así?
- 2El arriero dijo: Si deseáis saber por qué lloro, escuchad la verdad, pues no se deben ocultar las cosas de Cristo.
- 3Yo era discípulo de Felipe, el apóstol de Cristo, y al ver que todos sus pensamientos se dirigían a los pobres, tomé cuanto tenía y lo vendí.
- 4Y con el precio compré pan y vino y los repartí por las ciudades entre los necesitados. Cuando llevaba algún tiempo haciendo esto en la ciudad vecina, cierto lisiado gritó (aunque no hablaba él mismo, sino Satanás por su boca): Nada deseo, nada recibo de ti, porque eres cristiano.
- 5Entonces toda la ciudad se levantó contra mí y procuró apresarme, pero unos corrían a un lado y otros a otro, mientras yo pasaba entre ellos sin que nadie me viera.
- 6Y, al salir de la ciudad, di alabanza y gloria a Dios por haber sido recompensado así, y rogué a mi Dios que encontrara a alguien que conociera su nombre santísimo, para que al contarle estas cosas obtuviera alivio.
- 7Pues los hombres de este país no quieren oír nada acerca de Cristo, llenos como están de impiedad y de maldad.
- 8Por tanto, os exhorto: tomad también de mí una moneda y, si os parece bien, descansad sobre los asnos.
- 9Políxena dijo: Que recibas misericordia de Dios, hermano.
- 10Pero si quieres recibir una recompensa plena, llévanos hasta el mar para que, si Dios quiere, podamos navegar a España.