LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

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Primera Apología de Justino · Capítulo 5

  1. 1¿Por qué, entonces, ha de ser así? En nuestro caso, nosotros que nos comprometemos a no cometer ninguna maldad ni a sostener tales opiniones ateas, no examináis las acusaciones contra nosotros; sino que, cediendo a una pasión irracional y a la instigación de los demonios malvados, nos castigáis sin reflexión ni juicio. Pues se dirá la verdad: desde antiguo, esos demonios malvados, apareciéndose, corrompieron tanto a mujeres como a muchachos y mostraron a los hombres visiones tan terribles que quienes no usaban la razón para juzgar lo sucedido quedaban sobrecogidos de terror; y, llevados por el miedo, sin saber que eran demonios, los llamaron dioses y dieron a cada uno el nombre que cada demonio había escogido para sí.
  2. 2Y cuando Sócrates procuró, mediante la verdadera razón y la investigación, sacar estas cosas a la luz y liberar a los hombres de los demonios, los propios demonios, por medio de hombres que se complacían en la iniquidad, tramaron su muerte como ateo e impío, bajo la acusación de que "introducía nuevas divinidades"; y en nuestro caso actúan de modo semejante. Pues no solo entre los griegos prevaleció la razón (Logos) para condenar estas cosas por medio de Sócrates; también entre los bárbaros fueron condenadas por la propia Razón (o Palabra, el Logos), que tomó forma, se hizo hombre y fue llamada Jesucristo; y, obedeciéndole, no solo negamos que sean dioses quienes hicieron tales cosas, sino que afirmamos que son demonios malvados e impíos, cuyas acciones no admiten comparación ni siquiera con las de hombres deseosos de virtud.