LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

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Apología de Arístides · Capítulo 5

  1. 1De la misma manera, de nuevo, erraron los que creyeron que las aguas eran dioses. Porque las aguas fueron creadas para uso del hombre y están puestas bajo su dominio de muchas maneras. Porque sufren mudanza y admiten impureza, y son destruidas y pierden su naturaleza al ser hervidas en muchas sustancias. Y toman colores que no les son propios; son también congeladas por la helada y mezcladas y manchadas con la inmundicia de hombres y bestias y con la sangre de los muertos. Y siendo encauzadas por diestros artífices mediante acueductos, fluyen y son desviadas contra su inclinación, entrando en huertos y otros lugares para ser recogidas y salir como medio de fecundidad para el hombre, y para lavar toda suciedad y cumplir el servicio que el hombre requiere de ellas. Por lo cual es imposible que las aguas sean un dios, sino que son obra de Dios y parte del mundo.
  2. 2De igual manera también los que creyeron que el fuego es un dios erraron en grado no pequeño. Porque él también fue creado para el servicio de los hombres y les está sujeto de muchas maneras: en la preparación de las viandas, como medio para fundir metales y para otros fines de que Vuestra Majestad tiene noticia. Al mismo tiempo es apagado y extinguido de muchos modos.
  3. 3Asimismo erraron los que creyeron que el movimiento de los vientos era un dios. Porque nos es bien notorio que aquellos vientos están bajo el dominio de otro: a veces su soplo arrecia, y a veces desfallece y cesa al mandato de Aquel que los gobierna. Porque fueron creados por Dios por causa de los hombres, para suplir la necesidad de los árboles, de los frutos y de las simientes, y para llevar sobre el mar las naves que transportan lo necesario y las mercaderías de lugares donde las hay a lugares donde faltan, y para gobernar las regiones del mundo. Y en cuanto a sí mismo, a veces arrecia y de nuevo amaina; y en un lugar trae socorro y en otro acarrea calamidad al arbitrio de Quien lo rige. Y los hombres también son capaces, por medios conocidos, de encerrarlo y refrenarlo a fin de que cumpla el servicio que de él demandan. Y de sí mismo no tiene autoridad alguna. Y de ahí es imposible que los vientos sean llamados dioses, sino más bien cosa hecha por Dios.