Cartas de Pablo y Séneca · Capítulo 12
- 1Séneca a Pablo, salud. Salve, mi carísimo Pablo. ¿Crees por ventura que no me hallo en tristeza y dolor, al ver que vuestro pueblo inocente es tantas veces condenado al tormento? ¿Y además, que todo el pueblo os tenga por tan insensibles e inclinados al crimen, suponiendo que sois los autores de todas las desgracias de la ciudad?
- 2Mas sobrellevémoslo con paciencia y contentémonos con lo que la fortuna nos depare, hasta que la suprema felicidad ponga fin a nuestros males. Las edades pasadas tuvieron que soportar al macedonio, hijo de Filipo, y, después de Darío, a Dionisio; y nuestros propios tiempos padecieron a Cayo César: para todos los cuales su propia voluntad era ley.
- 3La causa de los muchos incendios que Roma padece es manifiesta. Pero si los hombres humildes pudiesen manifestar cuál es la razón, y si fuese posible hablar sin riesgo en este tiempo tenebroso, todo sería patente a todos. Cristianos y judíos son comúnmente ajusticiados como fraguadores del incendio.
- 4Quienquiera que sea el criminal, cuyo deleite es el de un carnicero y que se disfraza con la mentira, está reservado para su tiempo señalado; y como el mejor de los hombres es inmolado, uno por muchos, así él, entregado a la muerte por todos, será quemado con fuego. Ciento treinta y dos casas y cuatro manzanas han sido quemadas en seis días; el séptimo trajo una pausa. Ruego que estés bien, hermano. Dado a cinco días de las calendas de abril; siendo cónsules Frugi y Basso.