Ignacio a los Romanos · Capítulo 4
- 1Escribo a todas las iglesias y hago saber a todos que, de mi propia voluntad, muero por Dios, si vosotros no lo estorbáis. Os exhorto a que no uséis de benevolencia importuna conmigo. Dejadme ser pasto de las fieras, por medio de las cuales me es dado alcanzar a Dios. Soy trigo de Dios, y por los dientes de las fieras he de ser molido, para ser hallado pan puro de Cristo.
- 2Antes bien halagad a las fieras, para que sean mi sepulcro y no dejen nada de mi cuerpo, de suerte que cuando me duerma no sea gravoso a nadie. Entonces seré verdaderamente discípulo de Jesucristo, cuando el mundo ni aun viere mi cuerpo. Rogad al Señor por mí, para que por estos instrumentos sea yo hallado sacrificio para Dios.
- 3No os mando como Pedro y Pablo. Ellos eran Apóstoles, yo un condenado; ellos eran libres, mas yo soy siervo hasta esta hora. Empero si padeciese, seré liberto de Jesucristo, y en Él resucitaré libre. Ahora, en mis cadenas, aprendo a no codiciar cosa alguna.