Hechos de Pedro · Capítulo 3
- 1Y una gran multitud de mujeres estaba de rodillas, y orando, y suplicando a Pablo; y besaban sus pies y le acompañaron hasta el puerto. Mas Dionisio y Balbo, de Asia, caballeros de Roma, y hombres ilustres, y un senador por nombre Demetrio, permanecieron junto a Pablo a su mano derecha y dijeron: Pablo, desearía dejar la ciudad si no fuese magistrado, para no apartarme de ti. También de la casa de César, Cleobio, e Ífito, y Lisímaco, y Aristeo, y dos matronas, Berenice y Filóstrata, con Narciso el presbítero, le acompañaron al puerto; pero levantándose una tempestad en el mar, él despidió a los hermanos de vuelta a Roma, para que si alguno quisiese, pudiese descender y oír a Pablo hasta que se hiciese a la vela; y oyendo esto, los hermanos subieron a la ciudad. Y contándolo a los hermanos que habían quedado en la ciudad, y divulgándose la fama, unos sobre cabalgaduras, y otros a pie, y otros por el río Tíber descendieron al puerto, y fueron confirmados en la fe por tres días, y en el cuarto día hasta la hora quinta, orando juntamente con Pablo y haciendo la ofrenda; y pusieron en la nave todo lo necesario, y le entregaron dos mancebos creyentes para navegar con él, y le despidieron en el Señor y se volvieron a Roma.