Primera Apología de Justino · Capítulo 38
- 1Y cuando el Espíritu profético habla para predecir cosas futuras, dice así: "Pues de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén, la palabra del Señor. Él juzgará entre las naciones y reprenderá a muchos pueblos; y transformarán sus espadas en arados y sus lanzas en podaderas; no alzará espada nación contra nación ni aprenderán más la guerra." Y podemos convenceros de que así sucedió.
- 2Pues de Jerusalén salieron al mundo doce hombres, sin instrucción ni habilidad para hablar; pero, por el poder de Dios, anunciaron a todas las razas humanas que habían sido enviados por Cristo para enseñar a todos la palabra de Dios; y nosotros, que antes solíamos matarnos unos a otros, ahora no solo nos abstenemos de hacer la guerra a nuestros enemigos, sino que, para no mentir ni engañar a quienes nos interrogan, morimos de buena gana confesando a Cristo. Pues podríamos imitar en este asunto el dicho: "La lengua juró, pero la mente no juró."
- 3Pero si los soldados alistados por vosotros y que han prestado juramento militar prefieren su lealtad a su propia vida, a sus padres, a su patria y a todos sus parientes, aunque no podéis ofrecerles nada incorruptible, sería verdaderamente ridículo que nosotros, que anhelamos ardientemente la incorruptibilidad, no soportáramos todas las cosas para obtener lo que deseamos de aquel que puede concederlo.