El Templo de Jerusalén
Lectura recomendada
1 Reyes 8:22-30,54-61
Reflexión
Siete años de obra, oro, cedro del Líbano, y en la inauguración Salomón hace la pregunta que desarma cualquier orgullo de constructor: "¿es verdad que Dios haya de morar sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener: ¿cuánto menos esta casa?". El Templo nunca fue la casa de un Dios pequeño; era el lugar de un encuentro señalado. Y observa a quién incluye en la oración: "asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo"; el Templo tenía que ser puerta, no muro. Siglos después, Jesús echaría a los cambistas justamente del atrio de los gentiles, el único espacio donde ellos podían orar.
Aplicación práctica
Haz hoy tu fe más acogedora para alguien de afuera: invita, explica sin jerga, recibe sin juzgar.
Oración
Señor, ni los cielos te contienen, y aun así me escuchas. Haz de mi vida una puerta abierta, no un muro. Amén.