Epístola de los Apóstoles · Capítulo 34
- 1Y dijímosle otra vez: Señor, tantas y tan grandes cosas nos has dicho y revelado como nunca jamás fueron dichas, y en todas nos has dado reposo y has sido benigno para con nosotros. Después de tu resurrección nos revelaste todas las cosas para que fuésemos salvos verdaderamente; pero nos dijiste solamente: Habrá prodigios y extrañas visiones en el cielo y en la tierra antes que venga el fin del mundo. Dinos ahora: ¿cómo lo entenderemos? Y respondióles: Yo os lo enseñaré; y no solamente lo que vendrá sobre vosotros, sino también sobre aquellos a quienes enseñareis y que creyeren, así como sobre los que oyeren a aquel varón y creyeren en mí. En aquellos años y días acontecerá.
- 2Y dijímosle de nuevo: Señor, ¿qué acontecerá? Y díjonos: Entonces los que creen y los que no creen oirán una trompeta en el cielo, una visión de grandes estrellas que se verán de día, visiones admirables en el cielo descendiendo hasta la tierra; estrellas que caen sobre la tierra como fuego, y granizo de fuego grande y recio. El sol y la luna peleando el uno contra el otro, un continuo rodar y estruendo de truenos y relámpagos, trueno y terremoto; ciudades cayendo y hombres pereciendo en su ruina, continua carestía por falta de lluvia, pestilencia terrible y gran mortandad, recia y fuera de tiempo, de suerte que a los que mueren les falte sepultura; y el llevar a hombros a hermanos, hermanas y deudos será en un solo féretro. El deudo no mostrará favor a su deudo, ni hombre alguno a su prójimo. Y los que fueron derribados se levantarán y mirarán a los que los derribaron, faltos de sepultura, porque la pestilencia estará llena de aborrecimiento, dolor y envidia; y los hombres tomarán de uno y darán a otro. Y después de esto empeorará todavía más que antes.