Hechos de Pedro · Capítulo 25
- 1Mas el prefecto deseaba mostrar paciencia para con ambos, para que no pareciese hacer nada injustamente. Y el prefecto presentó a uno de sus siervos y dijo así a Simón: Toma a este hombre y entrégalo a la muerte. Y a Pedro dijo: Y vivifícale tú. Y al pueblo dijo el prefecto: A vosotros toca ahora juzgar cuál de estos dos es acepto a Dios, si el que mata o el que da vida. Y al punto Simón habló al oído del mozo y le hizo enmudecer, y murió.
- 2Y comenzando a haber murmuración entre el pueblo, una de las viudas que eran sustentadas en la casa de Marcelo, estando detrás de la multitud, clamó: Oh Pedro, siervo de Dios, mi hijo está muerto, el único que yo tenía. Y el pueblo le dio lugar y la llevó a Pedro; y ella se postró a sus pies, diciendo: Tenía un solo hijo, el cual con sus manos me procuraba el sustento: él me levantaba, él me llevaba: ahora que está muerto, ¿quién me extenderá la mano? A quien Pedro dijo: Ve, teniendo a estos por testigos, y trae acá a tu hijo, para que vean y puedan creer que por el poder de Dios es resucitado, y para que este hombre lo contemple y desfallezca. Y dijo Pedro a los jóvenes: Tenemos necesidad de algunos jóvenes y, además, de tales que crean. Y al punto se levantaron treinta jóvenes, los cuales estaban dispuestos para llevarla o para traer allá a su hijo que estaba muerto. Y apenas vuelta la viuda en sí, los jóvenes la tomaron; y ella clamaba y decía: He aquí, hijo mío, el siervo de Cristo ha enviado a ti; mesándose los cabellos y arañándose el rostro. Mas los jóvenes que habían venido examinaron las narices del mozo para ver si en verdad estaba muerto; y viendo que había muerto de cierto, tuvieron misericordia de la anciana y dijeron: Si así quieres, madre, y tienes confianza en el Dios de Pedro, nosotros le tomaremos y le llevaremos allá para que él le resucite y te lo devuelva.